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Carta 135

Teresa de Ávila

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    teresiano
21 octubre 1576 (Toledo)
Al padre Ambrosio Mariano

Mariano sigue en la corte, inquieto y «bullidor». Ha enviado a la Santa dos paquetes de cartas, con sugerencias y recomendaciones pesadas:—en favor de una novicia carmelita protegida del padre Olea;—en pro de otra aspirante, propuesta por el señor Nicolás Doria; — propósito de las fundaciones de descalzos en Madrid y Salamanca, ambas medio fracasadas, y quizás en torno a la fundación de Ciudad Real. — Ella le responde a tono. La carta vale para él y sus dos asesores madrileños: Padilla y Juan Díaz. Se fía poco de él, del no muy «gran negociador» que es don Teutonio de Braganza, y de los descalzos. «Yo aguardaba a estar allá para bullir ese negocio, que soy una gran baratona». — La carta es un buen trasunto de las «riñas» entre ella y el destinatario.

1. Jesús. — La gracia del Espíritu Santo sea con vuestra reverencia. Bien parece que no tiene vuestra reverencia entendido lo que debo y quiero al padre Olea1, pues en negocio que haya tratado o trate su reverencia me escribe. Vuestra merced ya creo sabe que no soy desagradecida2, y así le digo que, si en este negocio me fuera perder descanso y salud, que ya estuviera concluido; mas, cuando hay cosa de conciencia en ello, no basta amistad, porque debo más a Dios que a nadie. Pluguiera a Dios que fuera falta de dote, que ya sabe vuestra reverencia —y si no infórmese de ello— las muchas que hay en estos monasterios sin ninguno, cuánto más que le tiene bueno, que le dan quinientos ducados con que puede ser monja en cualquier monasterio.
2. Como mi padre Olea no conoce las monjas de estas casas, no me espanto esté incrédulo; yo que sé que son siervas de Dios y conozco la limpieza de sus almas, no creeré jamás que ellas han de quitar a ninguna el hábito no habiendo muchas causas, porque sé el escrúpulo que suelen tener en esto, y cosa que así se determinan, debe haber mucha3. Y como somos pocas, la inquietud que hacen cuando no son para la religión es de suerte que a una ruin conciencia se le haría escrúpulo pretender esto, cuánto más a quien desea no descontentar en nada a nuestro Señor.
3. Vuestra reverencia me diga: si no le dan los votos, ¿cómo puedo yo hacerles tomar una monja por fuerza—como no se los dan— ni ningún prelado? Y no piense vuestra reverencia que le va al padre Olea nada —que me ha escrito que no tiene más con ella que con uno que pasa por la calle—4, sino que mis pecados le han puesto tanta caridad en cosa que no se puede hacer ni yo le puedo servir, que me ha dado harta pena. Y, cierto, aunque pudiera ser, a ella no se la hacen en quedar con quien no la
Ver manuscrito
quiere.
4.Yo he hecho en este caso aun más de lo que era razón, que se la hago tener otro año, harto contra su voluntad, para que se pruebe más, y porque si cuando yo fuere a Salamanca voy por allí, informarme mejor de todo. Esto es por servir al padre Olea y por que más se satisfaga, que bien veo que no mienten las monjas (que aun en cosas muy livianas sabe vuestra merced cuán ajeno es de estas hermanas esto), y que no es cosa nueva irse monjas de estas casas, que es muy ordinario, y ninguna cosa pierden en decir que no tuvo salud para este rigor, ni he visto ninguna que valga menos por eso.
5.Escarmentada de esto, he de mirar mucho lo que hago de aquí adelante, y así no se tomará la del señor Nicolao5, aunque a vuestra reverencia más le contente; porque estoy informada por otra parte, y no quiero, por hacer servicio a mis señores y amigos, tomar enemistad. Extraña cosa es que diga vuestra reverencia que para qué se hablaba en ello (de esa manera no se tomaría monja), para qué deseaba servirle; y me dieron otra relación de lo que después he sabido y yo sé que el señor Nicolao quiere más el bien de estas casas que de un particular, y así estaba allanado en esto.
6.Vuestra reverencia no trate más de ello, por amor de Dios, que buen dote la dan que puede entrar en otra parte, y no entre donde para ser tan pocas habían de ser bien, bien escogidas. Y si hasta aquí no ha habido tanto extremo en esto con alguna —aunque son bien contadas— hanos ido tan mal, que le habrá de aquí adelante; y no nos ponga con el señor Nicolao en el desasosiego que será tornarla a echar.
7.En gracia me ha caído el decir vuestra reverencia que en viéndola la conocerá. ¡No somos tan fáciles de conocer las mujeres!, que muchos años las
Ver manuscrito
confiesan, y después ellos mismos se espantan de lo poco que han entendido. Y es porque aun ellas no se entienden para decir sus faltas y ellos juzgan por lo que les dicen. Mi padre, cuando quisiere que le sirvamos en estas casas, denos buenos talentos y verá cómo no nos desconcertaremos por el dote. Cuando esto no hay, no puedo hacer servicio en nada.
8.Sepa vuestra reverencia que yo tenía por fácil tener así una casa6adonde se aposentaran los frailes, y no me parecía mucho sin ser monasterio que les dieran licencia para decir misa, como la dan en casa de un caballero seglar; y así lo envié a decir a nuestro padre7. El me dijo que no convenía, porque era dañar el negocio, y paréceme que acertó bien. Y vuestra reverencia, sabiendo en esto su voluntad, había de no determinarse a estar tantos y, como si tuviera la licencia, aderezar la iglesia, que me ha hecho reír. Aun casa no compraba yo hasta tenerla del ordinario. En Sevilla que no hice esto, ya ve lo que costó.
9.Yo dije a vuestra reverencia harto que, hasta tener letra del Señor nuncio en que diese licencia8, que no se haría nada. Cuando don Jerónimo9me dijo que venía a rogarlo a los frailes, me quedé adarvada10. Y por no me parecer a vuestras reverencias en fiar tanto de ellos, al menos ahora no estoy en hablar a Valdemoro11, que tengo sospecha que amistad para hacernos bien que no la tendrá, sino para ver si coge algo de qué avisar a sus amigos. Y esta misma querría tuviese vuestra reverencia y no se fiase de él, ni por tales amigos quiera hacer este negocio. Deje a cuyo es, que es Dios, que Su Majestad lo hará a su tiempo, y no se dé tanta prisa, que eso basta a estragarlo.
10.Sepa vuestra reverencia que don Diego Mejía12es muy buen caballero y que él hará lo que dice; y, pues se determina a decirlo, entendido debe de tener de su primo que lo hará; y crea que lo que no hiciere por él que no lo hará por su tía, ni hay para qué la escribir ni a ninguna persona, que son muy primos, y el deudo y amistad de don Diego
Ver manuscrito
Mejía es mucho de estimar. Y también es buena señal decir el arcediano13que él daría la relación por nosotros; porque, si no lo pensara hacer bien, no se encargara de esto. El negocio está en buenos términos; vuestra reverencia no lo bulla ahora más, que antes será peor. Veamos lo que hace don Diego y el arcediano. Yo procuraré por acá entender si hay quien se lo ruegue; y si el deán14puede algo, doña Luisa15lo hará con él.
11.Todo esto ha sido harto a mi gusto y hacerme más creer que se sirve mucho Dios de esa fundación, y así ni lo uno ni lo otro no ha estado en manos de nosotros. Harto bien es que tengan casa, que tarde o temprano habremos la licencia; a haberla dado el señor nuncio, ya estuviera acabado. Plega a nuestro Señor de darle la salud que ve habemos menester. Yo le digo que el Tostado no está nada desconfiado ni yo segura de que dejará de hacer por él quien lo comenzó.
12.En eso de Salamanca, el padre fray Juan de Jesús16está tal con sus cuartanas que no sé qué puede hacer, ni vuestra reverencia se declara en qué han de aprovechar. Lo que toca al colegio allí, comencemos de lo que hace al caso, que es que el señor nuncio dé licencia y, con ésta que hubiese dado, ya estaría hecho; porque si los principios se yerran, todo va borrado. Lo que el obispo17pide a mi parecer, es (como ha sabido que el señor Juan Díaz18está ahí de la manera que está) quién allá pueda hacer otro tanto; y no sé yo si se sufre en nuestra profesión estar por vicarios19; no me parece conviene ni que harán al caso dos meses, cuando esto fuese, sino para dejar al obispo enojado. Ni sé cómo saldrán con ese gobierno esos padres (que querrán quizá que lleven mucha perfección, y para esa gente20no conviene), ni sé si el obispo gustará de frailes.
13.Yo digo a vuestra reverencia que hay más que hacer de lo que piensa y que por donde pensamos ganar quizá perderemos; ni me parece para autoridad de nuestra Orden que entren con ese oficio de vicarios (que no los quiere para otra cosa) gente que cuando los viesen se había de mirar como ermitaños contempla
Ver manuscrito
tivos, y no de aquí para allí con mujeres semejantes, que, fuera de sacarlas de su mal vivir, no sé si parecerá bien.
14.Pongo los inconvenientes por que allá los miren y hagan vuestras reverencias lo que les pareciere, que yo me rindo; acertarán mejor. Léanlos al señor licenciado Padilla21y al señor Juan Díaz, que yo no sé más que esto que digo. La licencia del obispo siempre estará cierta. Sin eso, no estoy tampoco muy confiada de ser gran negociador el señor don Teutonio22; de que tiene gran voluntad, sí; posibilidad, poca.
15.Yo aguardaba a estar allá para bullir este negocio, que soy una gran baratona (si no, dígalo mi amigo Valdemoro); porque no querría que se dejase de hacer por no acertar en los términos, que aquella casa es lo que mucho he deseado y ésa23. Del quitar, hasta que haya más comodidad, la de Ciudad Real24me he holgado; porque por ninguna manera hallo que se pueda salir bien. Harto mejor es en Malagón, mal por mal, que doña Luisa25tiene gran gana y hará buenas comodidades andando el tiempo y hay muchos lugares grandes a la redonda; yo entiendo no les faltará de comer.
16.Y por que llevase algún color el quitar de esotra casa, la pueden pasar allí, y ahora no entiendan que se deja del todo sino que hasta tener hecha casa; porque parece poca autoridad hecha un día y quitada otro.
17.La carta para don Diego Mejía di a don Jerónimo, y él se la debía de enviar con otra que enviaba para el conde de Olivares26. Yo le tornaré a escribir cuando vea que es menester. No le deje vuestra reverencia olvidar; y otra vez digo que, si él dijo que lo daría llano, que lo trató con el arcediano y que lo tiene por hecho, que es hombre de verdad.
18.Ahora me ha escrito por una monja, que pluguiera a Dios tuvieran las que dejamos27las
Ver manuscrito
partes que ella, que no las dejara de tomar. Su madre del padre visitador28se ha informado de ella. Ahora diciendo esto me parece será bien, en achaque de decir algo a don Diego de esta monja, hablarle de esotro negocio y tornárselo a encargar, y así lo haré. Mande vuestra reverencia darle esa carta, y quédese con Dios, que bien me he alargado, ¡como si no tuviese otra cosa en qué entender!
19.Al padre prior29no escribo por tener ahora otras muchas cartas y porque ésta puede tener su paternidad por suya. A mi padre Padilla muchas encomiendas. Harto alabo a nuestro Señor de que tiene salud. Su Majestad sea con vuestra reverencia siempre. Yo procuraré la cédula, aunque sepa hablar a Valdemoro —que no lo puedo más encarecer—, porque cosa no creo que hará por nosotros.
Es hoy día de las Vírgenes.
Indigna sierva de vuestra reverencia,
Teresa de Jesús.
20.Otras cartas me han dado hoy de vuestra reverencia antes que viniese Diego30. Con el primero envíe vuestra reverencia esa carta a nuestro padre que es para unas licencias. Ninguna cosa le escribo de esos negocios; por eso no se lo deje vuestra reverencia de escribir.
21.Por que vea si son para más mis monjas que vuestras reverencias, le envío ese pedazo de carta de la priora de Beas:31¡mire si ha buscado buena casa a los de la Peñuela!32En forma me ha hecho gran placer. A usadas que no la acabaran vuestras reverencias tan presto. Han recibido una monja que vale su dote siete mil ducados. Otras dos están para entrar con otro tanto, y una mujer muy principal tienen ya recibida, sobrina del conde de Tendilla33, que más vale las cosas de plata que ya ha enviado de candeleros, vinajeras, otras muchas cosas, relicario, cruz de cristal; sería largo de decir las cosas que ha enviado.
22.Y ahora se les levanta un pleito34, como verá en esas cartas. Mire vuestra reverencia lo que se puede hacer, que con hablar a ese don Antonio35sería lo que hiciese al caso, y decir cuán altas están las rejas y que a nosotras va más que a ellos no les dar pesadumbre. En fin, vea lo que puede hacer.
Ver manuscrito

1. Francisco de Olea, jesuita («Santelmo» en el lenguaje cifrado de la Santa): recomienda a una novicia no apta; llegará a enojarse con la Santa por ese motivo. Ver c. 150, 4 a Gracián, y los antecedentes del episodio en la c. 88, 7.9.
2. «Se le debe mucho cierto, al padre Olea» (c. 88, 8).
3. El padre Olea ha atacado duramente a la priora (de Valladolid), porque no ha logrado votación favorable a la novicia (c. 138, 3).
4. Lo repetirá irónicamente a Gracián: c. 138, 3.
5. Otra postulante que proponía Nicolás Doria, todavía sacerdote seglar en Sevilla.
6. Casa de Descalzos en Madrid (c. 133, notas 9.11).
7. Jerónimo Gracián.
8. Ver c. 133, 3. — El nuncio Nicolás Ormaneto.
9. Jerónimo Manrique, canónigo de Toledo, bien acreditado ante Feli- pe II. — A los frailes: carmelitas calzados.
10. Adarvada: se dice «estar adarvado uno, cuando de algún espanto o admiración queda sin sentido» (Covarrubias).
11. Alonso Valdemoro, carmelita calzado prior de Avila, tristemente célebre (ver c. 133 nota 3).
12. Diego Mejía de Ovando, conde de Uceda, emparentado con don Alvaro de Mendoza.
13. Arcediano de Toledo: Francisco de Avila.
14. Deán de la catedral de Toledo: Diego de Castilla.
15. Doña Luisa de la Cerda, amiga de la Santa en Toledo.
16. Juan de Jesús Roca, prior de Mancera. — Eso de Salamanca: el proyecto de fundación de descalzos, al frente de una casa de recogidas, mientras la Santa prefería una casa de estudio.
17. Obispo de Salamanca: Francisco de Soto y Salazar (ver Rel. 4, 6 y Vida 40, 16).
18. Discípulo de San Juan de Avila, que más tarde dudará si hacerse carmelita descalzo.
19. Vicarios: capellanes de la casa de recogidas.
20. Las recogidas.
21. Juan Calvo de Padilla.
22. Don Teutonio de Braganza interesado también en la fundación de Salamanca (c. 134, 5).
23. Fundaciones ideales, según ella: en Salamanca y Madrid.
24. Otro proyecto de fundación de descalzos a medio realizar.
royecto de fundación de descalzos a medio realizar.
25. Doña Luisa de la Cerda
26. Conde de Olivares: don Enrique de Guzmán.
27. Las que dejamos: las dos candidatas carmelitas que desechó en los nn. 1-6.
28. Jerónimo Gracián. — Su madre: Juana Dantisco.
29. Quizás alude al prior del Carmen de Madrid: Francisco Ximénez, o bien al de Pastrana, Baltasar de Jesús (Nieto).
30. Diego: recadero de la Santa.
31. Ana de Jesús, priora de Beas.
32. Los descalzos de la Peñuela, que en noviembre de 1576 han tenido que trasladarse al Calvario no lejos de Beas.
33. Conde de Tendilla: Luis Hurtado de Mendoza, gran favorecedor de los descalzos en la Corte.
34. Pleito a causa de una ventana abierta sobre la parroquia para oír los sermones.
35. Quizás se trata de un «don Antonio» tomado de mira por la M. Ana en la carta que ahora remite la Santa a Mariano.

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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