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Carta 141

Teresa de Ávila

Website "muy peculiar" del mundo teresiano

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    teresiano
noviembre 1576 (?) (Toledo)
Al padre Jerónimo Gracián

Confidencial: consejos en plena intimidad. Es demasiada la «llaneza» de Gracián. (En el léxico teresiano, «llaneza» equivale a verdad-sencillez-franqueza: la de Gracián raya en ingenuidad). La Santa le ha «suplicado de no leer en público las cartas que le escribe». Entre los émulos de Gracián, hay uno especialmente encelado por el frecuente carteo de la Fundadora. Es fray Antonio de Jesús, el pionero de Duruelo, ahora prior de Los Remedios, donde reside Gracián. Ella ha insistido: «a mi padre fray Antonio... mejor sería, cuando le pudiese excusar, no ver que escribo a V. P. tanto y a él tan poco». (c. 138, 2); «como ve tantas cartas mías, y no para él, dale mucha pena, según me dice» (c. 170). Y de nuevo por mediación de María de San José: «al padre fray Antonio me diga mucho; como nunca me responde, no le escribo. Cuando pudieren, que no sepa de tantas cartas; dígalo a mi padre (Gracián) que no se lo diga» (173, 5), porque «el buen viejo» había reaccionado con el mutismo: «A fray Antonio de Jesús... que si tiene prometido de no me responder...» (c. 167, 4). — Parece ser que Gracián no ha comprendido esa... «falta de llaneza», y la Santa lo alecciona. — El texto es sólo un fragmento. De difícil datación. Mantenemos la de Silverio. Quizás haya que retrasarla a primeros de enero 1577 (cf. c. 173, 5).

1. El tiempo quitará a vuestra paternidad un poco de la llaneza que tiene, que cierto entiendo es de santo; mas, como el demonio no quiere que todos sean santos, las que son ruines y maliciosas, como yo, querrían quitar ocasiones. Yo puedo tratar y tener mucho amor por muchas causas, y ellas no todas podrán, ni todos los prelados serán como mi padre, que se sufra con ellos tanta llaneza. Y, pues Dios le ha encomendado este tesoro1, no ha de pensar que le guardarán todos como vuestra paternidad; que yo le digo, cierto, que tengo harto más miedo a lo que le pueden robar los hombres que los demonios; y lo que me vieren decir y hacer a mí (porque entiendo con quién trato, y ya por mis años puedo), les parecerá que pueden ellas hacer, y tendrán razón. Y esto no es dejarlas de amar mucho, sino quererlas muy mucho.
2. Y es verdad que, con cuan ruin soy, después que comencé a tener tales hijas, que he andado tan atada y mirada, mirando en lo que el demonio les podrá tentar conmigo, que, a gloria de Dios, creo han sido pocas cosas las que tendrán que notar (porque Su Majestad me ha favorecido en esto) que sean muy graves; porque yo confieso que he procurado encubrir de ellas mis imperfecciones (aunque, como son tantas, hartas habrán visto) y el amor que tengo a Pablo2y el cuidado de él. Muchas veces les represento lo que importaba a la Orden y que era forzoso cómo, aunque, si no hubiera esto de por medio, lo dejara yo de hacer.
3. Mas ¡qué pesada voy! No le pese a mi padre de oír estas cosas, que estamos vuestra paternidad y yo cargados de muy gran cargo y hemos de dar cuenta a Dios y al mundo; y porque entiende el amor con que lo digo, me puede perdonar y hacerme la merced que le he suplicado de no leer en público las cartas que le escribo. Mire que son diferentes los entendimientos y que nunca los prelados han de ser tan claros en algunas cosas; y podrá ser que las escriba yo de tercera persona o de mí, y no será bien que las sepa nadie, que va mucha diferencia de hablar conmigo misma (que es esto vuestra paternidad), a otras personas, aunque sean mi misma hermana; que, como no querría que ninguno me oyese lo que trato con Dios ni me estorbase a estar con El a solas, de la misma manera es con Pablo...

1. Este tesoro es el carmelo teresiano.
2. Gracián.

S.134  E.160  Lf.108  A.IV fr. 14  T.90

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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