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Carta 2

Teresa de Ávila

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23 diciembre 1561 (Avila)
A don Lorenzo de Cepeda, en Quito

La Santa está fuera del convento. En casa de su amiga doña Guiomar (Avila). Desde allí vigila y dirige la construcción de su primer Carmelo. Alcanzadísima de recursos para financiar las obras. De pronto llegan varios indianos, amigos de Lorenzo, con cartas y dinero. Se cumple a la letra una misteriosa promesa de San José, referida en Vida 33, 12.Emocionada todavía, escribe a toda prisa antes de que parta el mensajero de Lorenzo.

1. Jesús. — Señor: Sea el Espíritu Santo siempre con vuestra merced, amén, y páguele el cuidado que ha tenido de socorrer a todos y con tanta diligencia. Espero en la majestad de Dios que ha de ganar vuestra merced mucho delante de El; porque es así cierto, que a todos los que vuestra merced envía dineros les vino a tan buen tiempo, que para mí ha sido harta consolación. Y creo que fue movimiento de Dios el que vuestra merced ha tenido para enviarme a mí tantos; porque para una monjuela como yo, que ya tengo por honra, gloria a Dios, andar remendada, bastaban los que habían traído Juan Pedro de Espinosa y Varrona (creo se llama el otro mercader), para salir de necesidad por algunos años 1.
2. Mas, como ya tengo escrito a vuestra merced bien largo2, por muchas razones y causas de que yo no he podido huir por ser inspiraciones de Dios, de suerte que no son para en carta), sólo digo que personas santas y letradas les parece estoy obligada a no ser cobarde, sino poner lo que pudiere en esta obra, que es hacer un monasterio, adonde ha de haber solas quince3, sin poder crecer el número, con grandísimo encerramiento, así de nunca salir, como de no ver si no han velo delante del rostro, fundadas en oración y en mortificación, como a vuestra merced más largo tengo escrito, y escribiré con Antonio
Ver manuscrito

Morán, cuando se vaya.

3. Y favoréceme esa señora doña Guiomar4, que escribe a vuestra merced. Es mujer de Francisco Dávila, de Salobralejo, si vuestra merced se acuerda. Ha nueve años que murió su marido, que tenía un cuento de renta; ella por sí tiene un mayorazgo sin el de su marido, y aunque quedó de veinte y cinco años, no se ha casado, sino dádose mucho a Dios. Es espiritual harto. Ha más de cuatro que tenemos más estrecha amistad que puedo tener con hermana; y aunque me ayuda harto, porque da mucha parte de la renta, por ahora está sin dineros, y, cuanto toca a hacer y comprar la casa, hágolo yo; que con el favor de Dios hanme dado dos dotes antes que sea, y téngola comprada, aunque secretamente, y para labrar cosas que había menester yo no tendría remedio. Y es así que sólo confiando (pues Dios quiere que lo haga) El me proveerá, concierto los oficiales. Ello parecía cosa de desatino; viene Su Majestad, y mueve a vuestra merced para que lo provea; y lo que más me ha espantado, que los cuarenta pesos que añadió vuestra merced me hacían grandísima falta; y San José (que se ha de llamar así) creo hizo no la hubiese, y sé que lo pagará a vuestra merced 5. En fin, aunque pobre y chica, mas lindas vistas y campo. Con esto se acaba.
4. Han ido por las bulas a Roma, porque, aunque es de mi misma Orden, damos la obediencia al obispo6. Espero en el Señor será para mucha gloria suya si lo deja acabar, que sin falta pienso será, porque van almas que bastan a dar grandísimo ejemplo, que son muy escogidas, así de humildad como de penitencia y oración. Vuestras mercedes lo encomienden a Dios, que, cuando Antonio Morán vaya, con su favor estará ya acabado7.
5. El vino aquí, con quien me he consolado mucho (que me pareció hombre de suerte y de verdad y bien entendido) y de saber tan particularmente de vuestras mercedes que, cierto, una de las grandes que el Señor me ha hecho es que les haya dado a entender lo que es el mundo y se hayan querido sosegar, y que entiendo yo que llevan camino del cielo, que es lo que más deseaba saber, que siempre hasta ahora estaba
Ver manuscrito
en sobresalto8. Gloria sea al que todo lo hace. Plega a El vuestra merced vaya siempre adelante en su servicio, que, pues no hay tasa en el galardonar, no ha de haber parar en procurar servir al Señor, sino cada día un poquito siquiera ir más adelante y con hervor, que parezca, como es así, que siempre estamos en guerra, y que hasta haber victoria no ha de haber descuido.
6. Todos los con que vuestra merced ha enviado dineros han sido hombres de verdad, aunque Antonio Morán se ha aventajado, así en traer más vendido el oro y sin costa, como vuestra merced verá, como en haber venido con harto poca salud desde Madrid aquí a traerlo (aunque hoy está mejor, que era un accidente), y veo que tiene de veras voluntad a vuestra merced. Trajo también los dineros de Varrona, y todo con mucho cuidado. Rodríguez también vino acá, y lo hizo harto bien 9. Con él escribiré a vuestra merced, que por ventura se irá primero. Mostróme Antonio Morán la carta que vuestra merced le había escrito. Crea que tanto cuidado, no sólo creo es de su virtud, sino que se lo ponía Dios.
7. Ayer me envió mi hermana doña María10 esa carta; cuando le lleven estotros dineros enviará otra. A harto buen tiempo le vino el socorro. Es muy buena cristiana, y queda con hartos trabajos; y si Juan de Ovalle11 le pusiese pleito, sería destruir sus hijos. Y, cierto, no es tanto lo que él tiene entendido como le parece, aunque harto mal se vendió todo y lo destruyó. Mas también Martín de Guzmán llevaba sus intentos (Dios le tenga en el cielo), y se lo dio la justicia, aunque no bien; y tornar ahora a pedir lo que mi padre (que haya gloria) vendió, no me queda paciencia. Y lo demás, como digo, sería matar a doña María, mi hermana; y Dios me libre de interés que ha de ser haciendo mal tanto a sus deudos; aunque por acá está de tal suerte, que por maravilla hay padre para hijo, ni hermano para hermano. Así no me espanto de Juan de Ovalle, antes lo ha hecho bien, que por amor de mí, por ahora, se ha dejado de ello. Tiene buena condición, mas en este caso no es bien fiar de ella, sino que, cuando vuestra merced le enviare los mil pesos, vengan a condición y con escritura, y ésta a mí. Vuestra merced mande a pedir que el día que tornare al pleito, sean quinientos ducados de doña María 12.
8. Las casas de Gotarrendura13 aún no están vendidas, sino recibidos trescientos mil maravedís Martín de Guzmán de ellas, y esto es jus
Ver manuscrito
to se le torne. Y con enviar vuestra merced estos mil pesos se remedia Juan de Ovalle y puede vivir aquí, que esto ha hecho y que se ha venido aquí y tiene ahora necesidad; que para vivir continuo no podrá, si de allá no viene esto, sino a tiempos y mal14.
9. Es harto bien casado; mas digo a vuestra merced que ha salido doña Juana mujer tan honrada y de tanto valor, que es para alabar a Dios, y un alma de un ángel15. Yo salí la más ruin de todas y a quien vuestras mercedes no habían de conocer por hermana, según soy; no sé cómo me quieren tanto. Esto digo con toda verdad. Ha pasado hartos trabajos y llevádolos harto bien. Si sin poner a vuestra merced en necesidad puede enviar esto, hágalo con brevedad, aunque sea poco a poco.
10. Los dineros que vuestra merced mandó, se han dado, como verá por las cartas. Toribia era muerta y su marido16. A sus hijos, que los tiene pobres, ha hecho harto bien. Las misas están dichas (de ellas, creo, antes que viniesen los dineros) por lo que vuestra merced manda, y de personas las mejores que yo he hallado, que son harto buenas. Hízome devoción el intento por que vuestra merced las decía.
11. Yo me hallo en casa de la señora doña Guiomar en todos estos negocios, que me ha consolado por estar más con los que me dicen de vuestra merced y, digo, más a mi placer, que salió una hija suya de esta señora, que es monja en nuestra casa, y mandóme el provincial venir por compañera17, adonde me hallo harto con más libertad para todo lo que quiero que en casa de mi hermana. Es adonde hay todo trato de Dios y mucho recogimiento. Estaré hasta que me manden otra cosa, aunque para tratar en el negocio dicho estaría mejor estar por acá18.
12. Ahora vengamos a hablar en mi querida hermana la señora doña Juana19, que, aunque a la postre, no lo está en mi voluntad, que es así cierto, que en el grado que a vuestra merced la encomiendo a Dios. Beso a su merced mil veces las manos por tanta merced como me hace. No sé con qué lo servir sino con que al nuestro niño se encomiende mucho a Dios, y así se hace, que el santo fray Pedro de Alcántara lo tiene mucho a su cargo (que es un fraile descalzo de quien he escrito a vuestra merced), y los teatinos, y otras personas 20
Ver manuscrito
a quienes oirá Dios. Plegue a Su Majestad lo haga mejor que a los padres, que, aunque son buenos, quiero para él más. Siempre me escriba vuestra merced del contento y conformidad que tiene, que me consuela mucho.
13. He dicho que le enviaré, cuando vaya Antonio Morán, un traslado de la ejecutoria21, que dicen no puede estar mejor, y esto haré con todo cuidado. Y si de esta vez se perdiere en el camino, hasta que llegue la enviaré, que por un desatino no se ha enviado (que, porque toca a tercera persona que no la ha querido dar, no lo digo); y unas reliquias que tengo también se enviarán, que es de poca costa la guarnición. Por lo que a mí envía mi hermano le beso mil veces las manos; que, si fuera en el tiempo que yo traía oro, hubiera harta envidia a la imagen, que es muy linda en extremo. Dios nos guarde a su merced muchos años, y a vuestra merced lo mismo, y les dé buenos años, que es mañana la víspera del año de 156222.
14. Por estarme con Antonio Morán, comienzo a escribir tarde, que aún dijera más, y quiérese ir mañana. Así escribiré con él a mi Jerónimo de Cepeda23; mas, como he de escribir tan presto, no se me da nada. Siempre lea vuestra merced mis cartas. Harto he puesto en que sea buena la tinta. La letra se escribió tan aprisa, y es, como digo, tal hora, que no la puedo tornar a leer. Yo estoy mejor de salud que suelo. Désela Dios a vuestra merced en el cuerpo y en el alma, como yo deseo, amén.
15. A los señores Hernando de Ahumada y Pedro de Ahumada por no haber lugar no escribo; harélo presto24. Sepa vuestra merced que algunas personas harto buenas que saben nuestro secreto, digo del negocio, han tenido por milagro el enviarme vuestra merced tanto dinero a tal tiempo. Espero en Dios que, cuando haya menester de más, aunque no quiera le pondrá en el corazón que me socorra.
De vuestra merced muy cierta servidora,
Doña Teresa de Ahumada

1. Son cuatro los mercaderes que traen dinero de Lorenzo: Pedro de Espinosa (quizás emparentado con doña Juana, mujer de Lorenzo), Varrona (poco conocido), Antonio Morán (elogiado en los números 2, 4 y 7) y Alonso Rodríguez (n. 6).?—?La frase «creo que fue movimiento de Dios» alude a los hechos referidos en Vida 33, 12 ss.
2. Carta perdida. Perdidas también las otras a que alude al fin de este número, y en los números 3 (de doña Guiomar), 6, 7, 10, 12 y 14.
3. Solas quince: fue su primer proyecto (ver la carta 24 n. 18, Camino 2, 10 y Modo de visitar).
4. Guiomar de Ulloa (Yomar, escribe la Santa), hija de Pedro de Ulloa, regidor de Toro. A nombre de ella y de su madre Aldonza de Guzmán vino dirigido el breve de fundación de San José (7.2.1562). Amiga de San Pedro de Alcántara y del padre Prádanos, confesor de la Santa. (Véase Vida 24, 4; 30, 3; 32, 10-15).?—?Un cuento de renta: un millón.
5. Otros datos sobre este delicioso episodio pueden verse en Vida 33, 12.
6. Obediencia al obispo: se refiere al breve de fundación (7.2.1562). Puso el primer Carmelo bajo la obediencia del obispo de Avila don Alvaro de Mendoza, por dificultades con el provincial carmelita. (Véase Vida 33, 4,14 y 16; Fundaciones, epílogo).
7. La fundación se retrasó. Escribía esto la Santa el 23 de diciembre. Al día siguiente le ordena el provincial ir a Toledo al palacio de doña Luisa de la Cerda, donde hubo de permanecer varios meses. La fundación se inauguró el 24 de agosto de 1562. (Ver Vida 36).
8. Sobre la situación de Lorenzo y sus hermanos en América, véase el estudio de Manuel María Polit, La familia de Santa Teresa en América, Friburgo 1905.
9. Alonso Rodríguez le había entregado hacía un mes «cien pesos de oro, de a veinte e dos quilates e dos gramos». Véase la carta de pago otorgada por la Santa a 22.11.1561, en las Obras de la Santa, memorial n. 7.?—? Sobre Antonio Morán, véase «Un amigo de Santa Teresa en América, el capitán Antonio Morán», de Tomás Alvarez, en Monte Carmelo 100 (1992) pp. 479-517.
10. Es la hermana mayor de la Santa: María de Cepeda, viuda de Martín de Guzmán y Barrientos, que años atrás había acogido a la Santa enferma, en su casa de Castellanos de la Cañada. Véase Vida 3, 3; 4, 6; 5, 3; 34, 19.
11. Juan de Ovalle, cuñado de la Santa, marido de Juana de Ahumada.
12. Alude a uno de los más penosos episodios de la vida familiar de la Santa. Apenas muerto el padre, don Alonso (23. 12.1543), entran en pleito doña María (hija de su primera mujer) y los restantes hermanos (hijos de doña Beatriz): enero de 1544. Se exigieron cuentas sobre bienes vendidos por don Alonso y tras repetidos fallos de los tribunales de Avila y Valladolid, Juan de Ovalle medita todavía nuevos recursos judiciales. La Santa lucha por impedirlo. Ella en calidad de «profesa», no tercia en el litigio, pero ha seguido dolorosamente sus etapas. (Cf BMC 7, pp. 9-10 nota).
13. Las casas de Gotarrendura (Avila) eran uno de los últimos repliegues del pleito familiar.
14. El cuñado y la hermana de la Santa habían venido de Alba de Tormes a Avila a ruegos de la Madre Teresa, para ayudarla en «el negocio» de la fundación. Cf. Vida 33,11; 36, 3,5.
15. Juana de Ahumada: hermana menor de la Santa, en parte educada por ella en el monasterio de la Encarnación.
16. Toribia: antigua doméstica (?) de la familia de don Alonso. El sentido de las líneas que siguen es: la Santa se ha apresurado a hacer celebrar las misas encargadas por Lorenzo; algunas de ellas, antes de que llegara el dinero; aplicadas según las intenciones que «vuestra merced manda»; y encomendadas a los mejores sacerdotes que ella ha encontrado.
17. La hija de doña Guiomar, Antonia de Guzmán, es monja carmelita en la Encarnación; pasa una temporada en casa de su madre, y la Santa le hace de compañera fuera del monasterio.?—?Provincial: Angel de Salazar.
18. El negocio es la fundación de San José.
19. Doña Juana Fuentes y Espinosa es la mujer de Lorenzo. Nacida en Trujillo (Perú), 1539, casó con él en 1556. Morirá de sobreparto el 14.11.1567.?—?El nuestro niño a que alude enseguida es probablemente el hijo mayor de doña Juana, que fallecerá en 1563. (Ver cartas a Lorenzo: 113, 115, 142, 172...).
20. Hasta aquí el autógrafo. El texto que sigue, lo damos según la lectura del P. Silverio.?—?Fray Pedro es S. Pedro de Alcántara. Los teatinos, los jesuitas.
21. Se trata de la ejecutoria de hidalguía dictada por la chancillería de Valladolid a favor del padre y tíos de la Santa, tras el famoso «pleito de hidalguía» 1519-1522. Ante el requerimiento de Lorenzo, ha habido una «tercera persona» (algún pariente de los Cepeda?) que parece se negó a prestar la ejecutoria para hacer el «traslado».
22. Víspera del año 1562: era el 24 de diciembre. En Avila comenzaba el año el día de Navidad. Sólo a partir de 1564 comenzará el primero de enero.
23. Hermano de la Santa (1522-1575), que había embarcado para América en 1540, el mismo año que Lorenzo. Sobre él, véase la carta del 12.8.1575 a Juana de Ahumada.
24. Hernando (1510) y Pedro (1521), hermanos de la Santa: ambos en América, de donde regresará sólo el segundo (1575).

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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