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Carta 294

Teresa de Ávila

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3 de mayo 1579 (Avila)
A Isabel de San Jerónimo y María de San José

Carta escrita al llegar a su desenlace el doloroso drama de la comunidad de Sevilla. A fines de 1578, tras un proceso difamatorio urdido por el provincial Diego de Cárdenas, ha sido depuesta la priora, María de San José. Para suplantarla, el provincial ha designado una vicaria inepta y poco equilibrada, Beatriz de la Madre de Dios. Se le han asociado, desde fuera el ex-confesor de la comunidad, Garciálvarez; dentro, la recién profesa Margarita de la Concepción. Ahora, el vicario general, Angel de Salazar, ha hecho justicia a la comunidad, deponiendo a la pobre vicaria y nombrando en su lugar a una «inocente» Isabel de San Jerónimo. — La Santa escribe una carta abierta dirigida a la actual vicaria y a la expriora, pero para que la lean a la comunidad, a discreción, y la hagan ver al asesor de turno, el duro fray Ambrosio Mariano. (La carta forma tríptico con otras dos: la 269 a Hernando de Pantoja y la 284 a la comunidad de Sevilla en el precedente momento crítico.)

Para la madre Isabel de San Jerónimo y para la madre María de San José, en las descalzas de San José de Sevilla, Carmelitas.
1. Jesús. — La gracia del Espíritu Santo sea con vuestra reverencia, hija mía. Su carta recibí y la de mis hermanas antier. ¡Oh Jesús, y qué gran consuelo fuera para mí verme yo ahora en esa casa!, y así me le hubiera dado estar antes a participar de los tesoros tan en abundancia que les ha dado nuestro Señor. Sea bendito por siempre, amén.
2. En extremo se me ha doblado el amor que las tenía, aunque era harto, y a vuestra reverencia1porque ha sido la que más ha padecido; mas sepan cierto que, cuando supe que la habían quitado voz y lugar y el oficio, que me dio particular consuelo; porque, aunque veo que mi hija Josefa es harto ruin, tengo entendido que teme a Dios y que no habría hecho cosa contra Su Majestad que mereciese tal castigo.
3. Una carta las escribí2 por la vía de mi padre el prior de las Cuevas para que diese orden cómo se la diesen. Deseo saber si la recibió su paternidad, y otra para él, y a quién la dio, aunque torne a escribir. Como supo el padre Nicolao3 lo que había pasado con la de su hermano, la rompió. Débele vuestra reverencia muy mucho. Más engañado le tiene que al padre Garciálvarez4.
4. Pesádome ha de que no diga allá misa5, aunque todo es perder esa casa, que a él antes se le quita un gran trabajo. Cierto, es mucho lo que le debemos, mas yo no sé qué medio se tenga; porque si el reverendísimo arzobispo no lo ha hecho por el padre prior de las Cuevas y el padre Mariano6, no sé por quién lo hará.
5. Enojádome han en parte estos billetes del padre Mariano, de que le pase por pensamiento que en esa casa se había de procurar tal cosa, cuánto más ponerlo en plática. Ello es que, como el demonio ha andado con tanta furia, en todo nos ha querido apretar, en especial en lo que nos hacen...7mayor tormento de todos. Ya parece que nuestro Señor no le quiere dar tanta licencia, y espero en Su Majestad irá ordenando se descubran las verdades.
6. En esa casa ha habido poca, y esto me dio a mí mucha pena cuando supe los dichos del proceso8 que trajeron y de algunas cosas que sabía yo eran gran falsedad, por ser del tiempo que yo ahí estuve. Ahora que he visto lo que pasa de esas hermanas9, he dado muchas gracias a nuestro Señor que no les dio lugar para que levantasen más.
7. Estas dos almas me tienen fatigada, y es menester que todas hagamos particular oración por que Dios las dé luz. Desde que andaba así el padre Garciálvarez10, traía yo temor de lo que ahora veo; y, si vuestra reverencia se le acuerda, en dos cartas la escribí que creía salía de casa. Y aun la nombré a la una (que en Margarita nunca caí), para que anduviese con aviso, porque a la verdad jamás estuve satisfecha de su espíritu, aunque algunas veces me parecía era tentación y de ser yo ruin. Y aun lo traté con el padre maestro Gracián, para que, como la había tratado tanto 11, advirtiese en ello, y así ahora no me he espantado mucho; y no porque yo la tenía por mala, sino por engañada y persona de flaca imaginación, aparejada para que le hiciese el demonio trampantojos, como lo ha hecho, que sabe muy bien aprovecharse del natural y poco entendimiento; y así no hay que la echar tanta culpa sino haberla gran lástima. Y en este caso me han de hacer caridad, vuestra reverencia y todas, de no salir de lo que yo ahora les diré, y crean que es, a mi parecer, lo que conviene, y alaben mucho al Señor que no permitió el demonio tentase tan reciamente a ninguna de ellas, que, como dice San Agustín, que pensemos hiciéramos cosas peores. No quieran, hijas mías, perder lo que han ganado este tiempo; acuérdense de Santa Catalina de Sena lo que hizo con la que le había levantado que era mala mujer, y temamos, temamos, hermanas mías, que, si Dios aparta su mano de nosotras, ¿qué males habrá que no hagamos? Créanme que ni esa hermana tiene ingenio ni talento para tantas invenciones como ha hecho, y así ordenó el demonio darle esotra compañía, y él debía ser cierto el que la enseñaba. Dios sea con ella.
8. Lo primero digo que tomen muy a pechos encomendarla a Su Majestad en todas sus oraciones, y cada momento si pudiesen, que así lo haremos por acá, para que nos haga merced de darla luz y que la deje el demonio despertar de ese sueño en que la tiene. Yo la considero como una persona fuera de sí, en parte. Sepan que sé de algunas personas, aunque no de estas casas, de flaca imaginación, que todo lo que les viene al pensamiento les parece verdaderamente que lo ven, porque el demonio las debe ayudar; y la pena que tengo es que a esa hermana le debe haber hecho entender que ve lo que a él le parecía que convenía para echar a perder esa casa, y quizá ella no tiene tanta culpa como pensamos, así como no la tiene un loco, que verdaderamente, si se le pone en la imaginación que es Dios Padre, no se lo quitará nadie. Aquí se ha de parecer, mis hermanas, el amor que tienen a Dios, en haber mucha compasión de ella, así como la hubieran si fuera hija de sus padres, pues lo es de este verdadero Padre a quien tanto debemos y a quien la pobrecita ha deseado servir toda su vida. Oración, hermanas, oración por ella, que también cayeron muchos santos y lo tornaron a ser. Quizá ha sido menester para humillarla, que si Dios nos hiciese merced que se entendiese y se desdijese de lo que ha hecho, todas hemos ganado en padecer, y para ella podría ser lo mismo, que sabe el Señor sacar de los males bienes.
9. Lo segundo, que no las pase más por pensamiento por ahora que ella salga de esa casa12, porque es un desatino muy grande y en ninguna manera conviene, que mientras más pensaren que es quitar peligros, caerán en ellos. Dejen pasar los tiempos, que ahora no lo es de esa mudanza, por muchas razones que pudiera dar, y espántome yo no las entender vuestra reverencia. Piense en ello, que Dios se las descubrirá, y fíe de Su Majestad y de los que miraremos lo que conviene a esa casa más despacio. Ahora de tomarlo en la boca se guarden ni aun en el pensamiento, si pueden.
10. Lo tercero es que no se les muestre ningún género de desamor, antes la regale más la que estuviere por mayor13, y todas le muestren gracia y hermandad, y a esotra también. Procuren olvidar las cosas, y miren lo que cada una quisiera se hiciera con ella si le hubiera acaecido. Crean que esa alma estará bien atormentada, aunque no esté conocida14 —porque el demonio lo hará—, de que no salió con más. Podría ser hacerla que haga un mal recaudo de sí con que pierda el alma y el seso —que para esto postrero quizá habrá menester poco—, y todas hemos ahora de traer delante esto y no lo que ha hecho. Quizá le hacía entender el demonio que ganaba el alma y servía muy mucho a Dios. Ni delante de su madre se hable palabra, que la he habido lástima 15. ¿Cómo no me dice ninguna cómo ha llevado estas cosas todas y qué la decía —que lo he deseado saber—, y si ha entendido sus tramas?
11. Yo he miedo que ahora las ha de poner el demonio otras tentaciones de nuevo —de que las quieren mal y las tratan mal—, y enojarme hía muy mucho si las diesen ninguna ocasión para ello. Ya me han acá escrito que a los de la Compañía les parece mal que la traten mal. Estén muy sobre aviso.
12. Lo cuarto es que con ninguna persona la dejen hablar sin tercera16 —y que sea la tercera que esté con aviso— ni confesar sino con descalzo (éste el que ella quisiere de todos, pues los ha mandado el padre vicario general17que las confiesen), ni ninguna tampoco. Tráigase cuenta con que no se hablen mucho esas dos, con disimulación. No las aprieten en nada —que somos flacas las mujeres— hasta que el Señor las vaya curando; y no sería malo ocuparla en algún oficio, como no sea en ninguna manera de cosa que haya trato con los de fuera, sino de dentro de casa; porque la soledad y estarse pensando, la hará mucho daño; y así se estén con ella a ratos las que vieren la pueden hacer provecho.
13. Yo creo antes que por allá vaya el padre Nicolao, nos veremos —yo querría fuese presto— y hablaremos más en todo. Hagan ahora esto que les digo, por caridad. En todo caso, las que de veras tienen deseo de padecer no les queda resabio con quien las hace mal, antes más amor18. En esto se verán si salen aprovechadas del tiempo de cruz. Espero en nuestro Señor que se remediará todo presto y se quedará la casa como antes estaba y aun mejor, que siempre da Su Majestad ciento por uno.
14. Mire que les torno a rogar muy mucho que en ninguna manera se hable más en lo pasado unas con otras, que ningún provecho puede haber, y daños muchos. En lo por venir es menester andar con gran cuidado, que, como he dicho, tengo temor no haga el demonio a esa pobrecita de Beatriz que haga un mal recaudo (que aun de esotra tengo menos temor, que sabe más), no la tiente en que se vaya. Tengan gran aviso, en especial de noche, que, como el demonio anda por desacreditar estos monasterios, lo que parece imposible hace posible algunas veces.
15. Si esas dos hermanas se deshermanasen y hubiese alguna ocasión para desabrirse la una con la otra, sa- bríanse más de raíz las cosas y abría puerta para que se desengañasen. Vuestra reverencia se sabrá, como que mientras estuvieren muy amigas la una y la otra más se ayudarán a hacer enredos. Las oraciones pueden mucho, y así espero en el Señor las dará luz. Con harta pena me tienen.
16. Si les da consuelo escribir todo lo pasado, no será malo para tomar aviso con la experiencia, pues no es en cabeza ajena, por mis pecados; mas si la hermana San Francisco19 fuere la historiadora, no encarezca sino muy sencillamente lo que ha pasado. La letra, de mi hija Gabriela20. A todas quisiera escribir; no tengo cabeza. Muchas bendiciones les he echado. La de la Virgen, Señora nuestra, les caiga, y de toda la Santísima Trinidad.
17. A toda la Orden han obligado; en especial las que no han hecho profesión quedan bien probadas que son hijas suyas. Y para serlo muy mucho me las encomiende. Y a las que me escribieron tengan ésta por suya, que, aunque va para la madre María de San José y la madre vicaria21particularmente, para todas ha sido mi intención.
18. A la mi hermana Jerónima22 quisiera escribir. Díganla que con más razón puede sentir el crédito que pierde la casa en que haya faltado el padre Garciálvarez. que no por él, porque está bien conocido en Sevilla. Las pobres extranjeras23son sobre quien cae todo. Estaba claro que, cuando se pensara era por alguna culpa suya, que no po-dían quedar las monjas sin ella; mas de esto estoy yo segura, que es, como digo, bien entendida su virtud. En lo demás, quítase de gran trabajo, que cierto el que ahí ha pasado y lo que le debemos todas, no se puede encarecer ni pagarlo sino sólo Dios.
19. Denle muchas encomiendas mías, porque había de escribir a su merced muy largo si tuviera cabeza, y se dice mal por cartas lo que yo quisiera. No lo hago, que algunas quejas pudiera dar; que como otros sabían los grandes daños que esas benditas decían se hacían en la casa, no fuera mucho fuera yo avisada alguna vez —pues es a quien más había de doler— y no aguardar a que los remediasen los que nos tienen tan poco amor, como todo el mundo sabe 24. En fin fin, la verdad padece, mas no perece, y así espero aún lo ha de declarar más el Señor.
20. Al buen Serrano25 den mis encomiendas; deseo venga tiempo en que le podamos pagar lo mucho que se le debe. A mi santo prior de las Cuevas me envíen un gran recaudo. ¡Oh, quién pudiera estarse con él todo un día! A ellas me guarde Dios y haga tan santas como yo le suplico, amén. Estas hermanas han llorado más que yo sus trabajos y se les encomiendan mucho. Presto tornaré a escribir, y en el negocio que me encomiendan de la madre San José26, quizá estará hecho cuando llegue. Bien se están ahora, no den prisa ni haya para qué hacer elección hasta que de acá se mande, que no hay descuido en procurarse.
21. Si el padre Mariano estuviere ahí, llévenle esta carta y tórnesela, que, porque creo no le hallará ahí la mía, no le escribo ahora. Al padre fray Gregorio27den mis saludes; deseo ver carta suya. En lo de la misa no sé qué les diga; no se den prisa. Si no hubiere quien se la diga, no se maten; conténtense con los domingos hasta que el Señor provea, por que no les falte qué merecer Yo estoy razonable.
22. El padre Julián de Avila28ha sentido sus trabajos. Creo que, si pensara ser parte para quitarlos, que fuera allá de buena gana. Encomiéndaseles mucho. Dios las dé fuerzas para más y más padecer, que ahora no han derramado sangre por el que toda la suya vertió por ellas; yo le digo que por acá no hemos estado ociosas.
Es hoy día de la Cruz29.
Indigna sierva de vuestra reverencia,
Teresa de Jesús.
23. ¡Oh, lo que ha sentido mi hermano30sus trabajos! Era menester consolarle. Encomiéndenle a Dios, que se lo deben. A la madre vicaria Isabel de San Jerónimo, que todos los consejos que da en su carta me han parecido muy bien y de más ánimos que la madre San José. A la hermana Beatriz de la Madre de Dios me encomiendo. y que me he holgado mucho de que esté ya sin trabajo (que en una carta que recibí suya me decía cuán grande se le daba ese oficio); y a la hermana Juana de la Cruz me digan mucho.

1. La expriora, María de San José, a quien luego llamará Josefa (n.2) y madre San José (n. 23).
2. Dos cartas: una para la comunidad (c. 284) siendo vicaria Beatriz, otra para el prior de la cartuja, Hernando de Pantoja (c. 269).
3. Nicolás Doria, que había profesado el 25.3.1578.
4. Ironiza, contraponiendo la estima de Doria por madre María, a la aversión que le ha manifestado Garciálvarez, exconfesor de la comunidad.
5. Garciálvarez no dice misa en las carmelitas, por prohibición expresa del arzobispo de Sevilla, don Cristóbal de Rojas.
6. Ambrosio Mariano de San Benito, descalzo de Los Remedios. — El enojo de la Santa: porque Mariano ha debido sugerir medidas drásticas contra las «dos culpables» (ver n. 9).
7. Texto ilegible, por deterioro del autógrafo.
8. Proceso: alude a la farsa de proceso realizado por el provincial Cárdenas en el carmelo sevillano para deponer a madre María (ver nota previa a la carta 284).
9. Esas hermanas (y más abajo: estas dos almas) son Beatriz de la Madre de Dios (vicaria impuesta a la comunidad por el provincial Cárdenas) y su maliciosa consejera Margarita de la Concepción. (NB. — Las dos se recuperaron plenamente a la vida comunitaria tras esta carta de la Santa. Beatriz murió a los 86 años (1624); lloró de por vida su traspiés. Escribe M. María que «alcanzan sus lágrimas (la salvación) porque está ciega de llorar» (libro de recr., R. 9). A Margarita la llevó consigo M. María a la fundación de Lisboa, donde murió anciana en 1647.
10. Garciálvarez (nota 5) andaba así: contrario a la priora (m. María) y con favoritismos hacia dos o tres de la comunidad.
11. Gracián fue quien introdujo a Beatriz en el carmelo (ver Fund. 26, 3...)
12. Que salga de casa para ir a otro carmelo. Ver nota 6.
13. Por mayor: por superiora.
14. Conocida: consciente, arrepentida.
15. Beatriz —la del enredo— es hija de Juana de la Cruz, también carmelita en Sevilla.
16. Tercera o escucha: una acompañante.
17. Vicario General: Angel de Salazar. El ha nombrado confesores de la comunidad a los descalzos.
18. Cf. Camino 36-37.
19. Isabel de San Francisco (expriora de Paterna), tenía fama de buena cronista o reportera.
20. Leonor de San Gabriel.
21. Vicaria: Isabel de San Jerónimo.
22. Jerónima de la Madre de Dios, prima de Garciálvarez.
23. Extranjeras llama a las monjas venidas de Castilla.
24. El provincial y algunos calzados de Sevilla.
25. Serrano: uno de los recaderos de la Santa.
26. Madre María de San José. Alude al deseo de que se la restablezca en su oficio de priora.
27. Gregorio Nacianceno, carmelita descalzo en Los Remedios.
28. Capellán de San José de Avila, que acompañó a la Santa en la fundación de Sevilla.
29. Fiesta del hallazgo de la Santa Cruz.
30. Lorenzo de Cepeda, gran amigo de la comunidad de Sevilla.

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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