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Carta 295

Teresa de Ávila

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31 mayo 1579 (Avila)
A la priora y comunidad de carmelitas

Se necesitan con toda urgencia 200 ducados. Son indispensables para que en Roma no se atollen los trámites de separación de los descalzos. La comunidad de Valladolid cuenta con 400 ó 500 ducados, ofrecidos por el rey para la dote de María de San José (Gracián), recién profesa en el monasterio.—La Santa los pide en nombre de todos sus carmelos; «por eso traemos todas un hábito, por que nos ayudemos unos a otros». Tanto más que ahora «entre los descalzos... no hay cabeza»: Gracián ha sido duramente castigado por el Nuncio, y su sucesor, el P. Antonio Heredia, depuesto. — Para mayor eficacia de la petición, agrega las cartas que han llegado de Roma, y designa una monja —la hermana Catalina— que lea íntegra esta su carta y los alegatos romanos a la comunidad.

Para la madre priora y hermanas e hijas mías del Monte Carmelo, en el monasterio de Valladolid.
1. Jesús. — La gracia del Espíritu Santo sea con vuestra reverencia, madre mía, y con todas esas mis queridas hermanas. Quiéroles traer a la memoria que desde que se hizo esa casa nunca les he pedido que reciban monja de balde (que me acuerde), ni cosa que sea de mucho tomo, lo que no ha sido en otras. Porque en alguna han tomado once de balde, no por eso está peor, sino la mejor librada1. Ahora les quiero pedir una cosa que están obligadas a hacer por el bien de la Orden y otras algunas causas; y con ser para su provecho, lo quiero yo tomar a mi cuenta, y ellas la hagan de que me lo dan a mí; porque estoy con mucho cuidado de que no se pierda por falta de dineros lo que para el servicio de Dios tanto importa y para nuestro descanso.
2. Por esas cartas de Roma, que son de un padre descalzo que ha llegado allá, prior del Calvario2, verán la prisa que da por doscientos ducados. Entre los descalzos, como no hay ahora cabeza3, no pueden hacer nada. Para fray Juan de Jesús y el prior de Pastrana4 —que también son idos allá, aunque no sé si han llegado— pudieron tan poco que, sin lo que yo les di, llevaron de Beas ciento y cincuenta ducados5. Harta merced es de nuestro Señor que en algunas de nuestras casas se pueda remediar esta necesidad, pues en fin es una vez en la vida.
3. De Madrid me escribe el padre Nicolao6 que ha hallado persona que, por hacerle gran honra, tomará estos doscientos ducados de los del dote de la hermana María de San José7, con que de esa casa se envíe carta de pago, y que, aunque tarde en cobrarlos, se contenta con esto. Yo lo he tenido a gran dicha, y así les pido por caridad que, en llegando ésta, llamen un escribano y dé fe de cómo está profesa, de manera que sea muy válida (porque sin esto no se puede hacer nada), y me la envíen luego con la carta de pago. No ha de venir junto, sino cada cosa por sí. Ya ven lo que importa la brevedad 8.
4. Si les pareciere que es mucho y que por qué no dan todas las casas, les digo que cada una hace como la posibilidad tiene, y la que no puede dar nada, como ésta, no da nada. Por eso traemos todas un hábito, por que nos ayudemos unos a otros, pues lo que es de uno es de todos, y harto da el que da todo cuanto puede; cuánto más que son tantos los gastos que se quedarían espantadas (la hermana Catalina de Jesús9 lo puede decir), y, si no lo proveen las casas, yo no lo puedo ganar, que estoy manca10, y harto más siento andarlo a allegar y a pedir. Cierto que me es un tormento que sólo por Dios se puede sufrir.
5. Sin esto he de allegar ahora doscientos ducados que tengo prometidos a Montoya11, el canónigo, que nos ha dado la vida, y plega a Dios que basten y que se acabe con esto, que harta misericordia es que sean los dineros parte para tanta quietud.
Esto que he dicho es cosa forzosa. Lo que diré ahora, es a su voluntad, y lo que me parece es razón y que será cosa agradable a Dios y al mundo.
6. Ya saben que a la hermana María de San José recibieron ahí por su hermano, nuestro padre Gracián12, de balde. Su madre13, como tiene harta necesidad, detuvo su entrada ahí hasta negociar esos cuatrocientos ducados, según he sabido (que pensó que la caridad que habían hecho al padre Gracián fuera adelante)14 y remediarse ella con eso, que, como digo, tiene bien en que lo emplear. Ahora no me espanto haya sentido la falta; y es tan buena que con todo no acaba de agradecer el bien que se le ha hecho. Los cien ducados, ya sabe vuestra reverencia por la carta que le envié del padre maestro Gracián, que dice se descuente todo lo que gastó su madre con ella15—que son esos cien ducados que ahí dice—, por donde la carta de pago ha de venir de trescientos ducados.
7. De heredar la legítima o no, hagan poco caso, porque todo lo que tienen son partidos del rey y no renta, y en muriendo el secretario16quedan sin nada; y cuando algo quedase, son tantos hermanos que no hay que hacer caso de ello, y así me lo escribió ella después; no sé si guardé la carta; si la hallare, enviaréla. En fin, la carta de pago por lo menos ha de ir de los trescientos ducados.
8. Lo que digo yo se hiciera bien que fuese de todos cuatrocientos, que no por eso dejará de enviar los otros ciento cuando se cobren; y cuando no los enviara, bien merecido lo tiene en los tragos que ha pasado por su hijo (éstos y otros, que han sido terribles, y desde que anda en estas visitas), dejado lo que se debe a nuestro padre Gracián, que de cuantas se han tomado en esta Orden de balde mucha más razón es que se haga algo por él.
9. Con la que está en Toledo17, ni cama ni ajuar ni hábito ni otra cosa ninguna pidieron las monjas, ni se le dio. Y harto de buena gana tomaran la otra hermana18, si quisiera entrar, de esta suerte, porque les ha dado Dios tales condiciones y talentos que la querrían más que a otra con dote. En estos cien ducados ya digo que hagan lo que les pareciere; en lo demás, no se puede hacer otra cosa, porque la necesidad es mucha.
10. Lo que se ha de hacer, acabados los negocios19, es que se mirará lo que cabe a cada casa y se tornará, a las que hubieren dado más, su dinero; y así hará a ésa. Socorrámo-nos ahora como pudiéremos. A la madre priora20pido que no se pierda por ella lo que esas hermanas quisieren hacer, que estoy muy confiada que no son ellas menos hijas de la Orden que las demás que hacen lo que pueden.
Dios las haga tan santas como yo le suplico, amén.
Su sierva,
Teresa de Jesús.
11. En todo caso lea ésta la hermana Catalina de Jesús21a todas —porque me pesará mucho si se come nada de ella— y esotras cartas de Roma que van aquí.

1. Alude probablemente a la comunidad de Toledo.
2. Es Pedro de los Angeles, que cumplimentando un acuerdo del capítulo de Almodóvar (octubre 1578), había ido a Roma para negociar los asuntos de la descalcez, pero allí traicionó a los descalzos, entregó al vicario general de la orden la documentación confidencial de que era portador y abandonó la reforma.
3. No hay cabeza: han sido depuestos Gracián y el padre Antonio (designado en el capítulo de Almodóvar); rige a los descalzos desde el 1 de abril Angel de Salazar, nombrado por el nuncio Sega.
4. El prior de Pastrana (Diego de la Trinidad) y Juan de Jesús (Roca) han ido a Roma, comisionados para proseguir las gestiones a favor de los descalzos.
5. Ver la carta de agradecimiento de la Santa a la M. Ana de Jesús (c. 277, nota final).
6. Nicolás de Jesús María (Doria).
7. María de San José (hermana de Gracián), recibida en Valladolid sin dote, hizo profesión el 10.5.1579. Luego, el rey quiso dotarla con 500 ducados, en gracia a los servicios de su padre, el secretario Diego G. de Alderete (ver c. 292, 9). Esa suma servirá ahora de fondo para pagar al amigo que anticipa los 200 ducados destinados a Roma.
8. Brevedad: rapidez, urgencia.
9. Carmelita de Valladolid, que acompañará a la Santa en las fundaciones de Palencia y Burgos.
10. Manca: se ha dislocado el brazo izquierdo en las navidades de 1577.
11. Diego de Montoya, que apoya a la Santa en Roma.
12. Jerónimo Gracián, ahora castigado por el nuncio.
13. Juana Dantisco.
14. Es decir: que la comunidad de Valladolid mantendría la palabra dada a Gracián, de aceptar a su hermana sin dote.
15. Lo gastado con María de San José (Gracián).
16. Secretario del rey, Diego Gracián de Alderete.
17. Está en el carmelo de Toledo Isabel de Jesús (Gracián); «la mi Bela» de la Santa.
18. Alude a otra de las hermanas menores de Gracián.
19. Acabados los negocios de Roma: separación de los descalzos.
20. María Bautista. Se la menciona, porque en opinión de la Santa es «allegadora para su casa» (c. 297, 9). Con todo, no sólo respondió rápidamente con la documentación solicitada por la Santa (ver c. 296), sino que «si no los tuviera (los 200 ducados) los buscara, y envía la carta de pago de los 400 (ducados). Helo tenido en mucho... mas ¡tal carta la escribí yo!» (c. 297, 9).
21. Ver nota 9. — No comer: no omitir nada de la carta.

S.275  E.274  Lf.237  A.I 48  T.325

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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