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Carta 117

Teresa de Ávila

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5 septiembre 1576 (Toledo)
Al padre Jerónimo Gracián

Confidencial y «cifrada». Pero la cifra se limita a los tres actores de primer plano: ella (=Angela), Gracián (=Pablo) y Jesucristo (=José), sin menguar la trasparencia del texto, e impregnándolo de ingenuidad y encanto. La Santa atraviesa una racha de intensa pena mística; torna su vieja dolencia de «ausencia de Dios»: «estaba yo entonces fatigadísima de estar ausente de Dios». No tiene a su disposición un sacerdote de confianza con quien comunicar. De pronto, se resuelve su situación, con la «merced» mística que ella misma cuenta en la Relación 63. La carta de Gracián es un duplicado de ese relato. A él se lo confía enseguida, porque se ha comprometido a no ocultarle nada (cf. Rel. 39-40). — Texto incompleto. Lo trascribió del autógrafo una hermana de Gracián, María de San José («para mi consuelo y gusto saqué estos capítulos de algunas cartas de nuestra Santa...»). — La datación es aproximada. Si efectivamente la carta fue escrita el día cinco, en ella se contenían además asuntos de la Reforma (cf. c. 118, 2).

1. ...Ahora quiero decir a vuestra paternidad una cosa, pues es el mensajero con quien puedo. Ya sabe cómo Angela1 tomó por confesor al prior de la Sisla, porque crea que para muchas cosas no se puede estar sin quien dé consejo, ni acertaría en ellas, ni tendría sosiego. El dicho solíala ver más veces, y después que esto comenzó era casi nunca. No podíamos entender la causa la priora y yo. Estando la negra de Angela hablando una vez con José, díjola que El era el que le detenía, porque quien mejor le estaba era el doctor Velázquez, que es un canónigo harto letrado, y muy gran letrado, de aquí, que con éste tendría algún alivio; que El haría con él que la oyese y entendiese (porque se ponía duda por ser muy ocupado); y como José 2 es persona tan grave como vuestra reverencia sabe y cuando le ha aconsejado cosas semejantes3, no sabía qué se hacer por estar ya comenzado estotro y debérselo tanto; por otra parte temió enojar a José.
2. En esto estuvo algunos días y érale trabajo no poder tomar parecer de vuestra paternidad, y también temía no la desasosegase y tratar con tantos. En esto vino aquí el padre Salazar4 y determinóse de hacer lo que dijese, aunque la mudanza se le hacía de mal y aína se quejara de José porque no se lo había avisado antes. Díjole al padre Salazar todo lo que pasaba, y otra vez que había estado aquí él le había aconsejado lo de la Sisla. Es el padre Salazar, como vuestra paternidad sabe, con quien se puede tratar todo, porque lo sabe ya. Díjole que hiciese lo que decía José. Y así se ha hecho y se va bien cumpliendo lo que dijo José: lo uno, en que vino acá el prior y, diciéndole la madre 5que cómo lo hacía así, le dijo que no sabía qué era esto, que, con no haber cosa que más desease y que veía muy bien que lo había de llorar después, no era señor de sí en este caso ni podía más, que estaba muy espantado, que no podía más consigo.
3. Esotro6, no se hizo sino decírselo un día y decir que, aunque más ocupaciones tuviese, vendría cada semana, con un contento como si le dieran el arzobispado de Toledo (ni le tuviera él creo en tanto, según es bueno). Fray Hernando de Medina7 dirá a vuestra paternidad lo que es; no deje de preguntárselo. Para que vea cómo lo toma, le envío ese billete8, que le envié yo a llamar para algunas dudas, que por ser cosa larga no las diré; no eran de oración.
4. Así, mi padre, que ella9 está muy contenta que se ha confesado con él, y el mayor que tiene es que después que vio a Pablo con ninguno tenía alivio ni contento su alma. Ahora, aunque no es tanto como con él, tiene asiento y satisfacción, y siente el alma sujeta a obedecerle, que es grandísimo alivio para ella, que con la costumbre que toda la vida tiene a esto, en estando sin Pablo10, ni nada le satisface de lo que hace, ni le parecía que acertaba, ni aunque quería sujetarse a otro no podía. Crea que el que hizo lo uno hizo lo otro; que también anda ella espantada de esta novedad, como el prior11de estar atado para no hacer lo que quería.
5. Yo digo a vuestra paternidad que se puede alegrar mucho si desea dar algún alivio a Angela, porque basta que no le tenga como con Pablo, digo el contento, sin que ande sin alivio el alma. El12no estaba ignorante de la amistad que con ella tenía José, que harto había oído, ni se espanta; como es tan letrado, autoriza con Sagrada Escritura. Es grandísimo alivio para la pobre, que de todas maneras la tiene Dios desterrada de todo lo que ama. Sea bendito por siempre.
6. Ahora queda no nos desavenir con estotro13 de manera que entienda nada, sino que por su tardanza se hará algunas veces con estotro la confesión, y que vuestra paternidad me diga que haga lo que la dijere como si vuestra paternidad se lo dijese, para que ande el alma con mérito; que yo le digo que los deseos son tan grandes que tiene esta mujer y los ímpetus de hacer algo por Dios, que ya que no puede en cosas grandes, es menester buscar en qué le contentar más en lo que puede 14.
Indigna sierva e hija de vuestra paternidad,
Teresa de Jesús.

1. Angela: la Santa. — Prior del convento de Jerónimos de la Sisla (Toledo): Diego de Yepes, futuro obispo de Tarazona y biógrafo de la Santa. — Priora del carmelo de Toledo: Ana de los Angeles. — Alonso Velázquez: futuro obispo de Osma.
2. José: Jesucristo. — «Estando yo en oración una noche pensando en la falta que me hacía entendí que le (de-)tenía Dios para que no viniese»... Y de Velázquez: «Díjome el Señor: Yo haré que te oiga y te entienda» (Rel. 63).
3. Quizás falte la conclusión de la cláusula, por error de transcripción.
4. Gaspar de Salazar, jesuita (ver cartas a él).
5. Priora, Ana de los Angeles.
6. El doctor Alonso Velázquez.
7. Carmelita calzado que había pasado a la reforma teresiana y por esos años hacía de secretario a Gracián.
8. Se trata de un «billete» de Velázquez a la Santa, hoy perdido.
9. Angela, es decir, la Santa.
10. Gracián.
11. El prior de la Sisla, Yepes.
12. Alonso Velázquez.
13. Diego de Yepes.
14. Quizás la carta proseguía. La copista trascribió solamente lo relativo a Gracián.

S.104  E.111  Lf.82  A.IV 23  T.78

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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