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Carta 124

Teresa de Ávila

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20 septiembre 1576 (Toledo)
Al padre Jerónimo Gracián

Concluido el capítulo de Almodóvar, pasan por Toledo los capitulares, que informan a la Santa sobre lo decidido. Ha venido también a Toledo la madre de Gracián con varios hijos, que han pasado tres días cerca de la Santa. Ha escrito Gracián, con noticias sobre la visita a los carmelitas andaluces y con órdenes a medias sobre la priora de Malagón, enferma. — La Santa responde gozosa por la amistad entablada con el grupo Gracián-Dantisco; satisfecha por el éxito del capítulo; pero temerosa: todo queda sobre palillos, el Nuncio en pleno ocaso, Roma hostil, Gracián enfrascado en la visita de casas y «casitas», sin distinguir entre lo accesorio y lo principal, ni mostrarse sensible —como ella quisiera— a la urgencia del momento. — Por la carta desfilan no menos de 30 personajes. Nombres cifrados.

1. Jesús. — La gracia del Espíritu Santo sea con vuestra paternidad. No piense, mi padre, perfeccionar las cosas de un golpe. ¿Qué fruto se hace en dos o tres días que están en esas casitas, que no le haga tanto el padre fray Antonio?1Porque no han salido, cuando se tornan como se estaban, y es ponerse en mil peligros.
2. La señora doña Juana2 tiene muy creído que vuestra paternidad hace lo que yo le suplico. Plega a Dios que en esto sea así. Ha estado su merced acá tres días, aunque no la gocé todo lo que quisiera, porque tuvo muchas visitas, en especial del canónigo3; quedaron grandes amigos. Yo le digo a vuestra paternidad que es de las mejores partes las que Dios le dio, y talento y condición, que he visto pocas semejantes en mi vida, y aun creo ninguna; una llaneza y claridad, por lo que yo soy perdida. Hartas ventajas hace a su hijo4en esto. Grandísimamente me consolara de estar adonde la pudiera tratar muchas veces. Tan conocidas estábamos como si toda la vida nos hubiéramos tratado.
3. Mucho dice se holgó acá. Quiso Dios que se hallase una posada cerca de una señora viuda que estaba con solas sus mujeres. Estuvo muy a su gusto y aquí junto, que lo tuve a gran dicha. De acá se llevaba aderezado lo que había de comer, que me dio la vida lo que vuestra paternidad me mandó que poseyese para no estar atada a cosa de convento, que me fuera harto trabajo. Con no ser todo nada, se hizo más a mi gusto.
4. En gracia me cae decir vuestra paternidad que le abriese el velo; parece que no me conoce: quisiérale yo abrir las entrañas. Estuvo hasta el postrer día la señora doña Juana5, su hija, con ella, que me pareció harto bonita y me hace gran lástima verla entre aquellas doncellas, porque en hecho de verdad, según decía, tienen más trabajo que acá. De buena gana le diera yo el hábito con el mi angelito de su hermana6, que está que no hay más que ver de bonita y gorda. La señora doña Juana7 no acaba de espantarse de verla. Periquito8, su hermano, que vino acá, en todo su seso no la acababa de conocer. Es toda la recreación que acá tengo. Harto dije a la señora doña Juana. Ya al postrer día parece estaba algo movida, según me dijo Ana de Zurita9, que le dijo que había estado aquella noche así y que no estaba muy fuera de ello, que ella se vería más. Dios lo haga. Vuestra paternidad se lo encomiende, que, como se le parece en harto,
Ver manuscrito
mucho la querría conmigo.
5.Como vio la señora doña Juana el contento y trato de todas, va determinada a procurar con brevedad enviar a la señora doña María10a Valladolid, y aun creo estaba arrepentida de haberlo quitado a la señora doña Adriana11. Muy contenta fue, a lo que me parece, y creo no es nada fingidora.
6.Ayer me escribió su merced una carta con mil requiebros, que dice que no sentía acá su pena y tristeza. Hánmela rompido con otras (que han sido estos dos días sin cuento las que me han venido, que me tienen tonta), que harto me pesó, que se la quería enviar a vuestra paternidad. El día que fue de acá dice que le había faltado la terciana al señor Lucas Gracián12y que está ya bueno. ¡Oh, qué bonita cosa es Tomás de Gracián!13Mucho me contenta; también vino acá. Hoy he escrito a su merced cómo iba vuestra paternidad bueno.
7.Estaba yo pensando cuál querría más a vuestra paternidad de las dos: hallo que la señora doña Juana tiene marido y otros hijos que querer, y la pobre Laurencia no tiene cosa en la tierra sino este padre14. Plega a Dios se le guarde, amén, que yo harto la consuelo. Díceme que José15la ha tornado a asegurar, y con esto pasa su vida, aunque con trabajos y sin alivio para ellos.
8.Vengamos a lo del capítulo16, que vienen contentísimos, y yo lo estoy muy mucho de cuán bien se ha hecho, gloria sea a Dios. ¡A usadas que no queda vuestra paternidad sin alabanzas grandes de esta vez! Todo viene de su mano; y aun quizá hacen mucho las oraciones, como vuestra paternidad dice. Hame contentado en extremo el celar las casas, que es muy buena traza y provechosa. Mucho he puesto con él17que ponga mucho en los ejercicios de manos, que importa infinitísimo. Dije que lo escribiría a vuestra paternidad, porque él dice que no se trató en capítulo. Yo le dije que estaba en las constituciones y regla18, que a qué iba sino a hacerlo guardar. También me contentó —tanto, que no lo creía— el haber expelido de la Orden los que echaron; y poderse hacer es una gran cosa.
9.También me contentó mucho de la traza que se daba de procurar la provincia por vía de nuestro padre general19con cuantas maneras
Ver manuscrito
pudiéramos; porque es una guerra intolerable andar con disgusto del prelado. Si se puede hacer a costa de dineros, Dios los dará, y dense a los compañeros, y por amor de Dios vuestra paternidad ponga diligencia en que no se detengan en ir. No lo tome por cosa accesoria, pues es lo principal; y si ese prior20de la Peñuela le conoce tanto, él iría bien con el padre Mariano, y cuando no se pudiese acabar nada, hágase con el Papa; mas harto mejor sería estotro y es ahora bonísima coyuntura. Y visto lo que se ve en Matusalén21, no sé qué aguardamos, que es no tener acá nada y quedarnos al mejor tiempo perdidos.
10.Sepa que un clérigo amigo mío me dijo este día —que trata conmigo cosas de su alma— que tiene por muy cierto que Gilberto22ha de morir muy presto, y aun me dijo que este año; y que de otras personas que lo había entendido otras veces, que jamás erraba. Ello es cosa posible, aunque no hay que hacer caso de esto; mas, como no es imposible, es bien que vuestra paternidad traiga delante que puede ser, para los negocios que nos cumplen; y así trate las cosas de la visita como cosas que han de durar poco. Fray Pedro Hernández23, para todo lo que quiso ejecutar en la Encarnación, lo hacía por mano de fray Angel, y él se estaba desde lejos, y no por eso dejaba de ser visitador y hacer su hecho. Siempre me acuerdo lo que ese provincial24hizo con vuestra reverencia cuando estaban en su casa; que no querría, si fuese posible, se lo desagradeciese. Quéjanse que se rige vuestra paternidad por el padre Evangelista25; también es bien que vaya con advertencia, que no somos tan perfectos que no podría ser tener con algunos pasión y con otros afición, y es menester mirarlo todo.
11.La priora26de Malagón está algo mejor, gloria a Dios, aunque hay poco que hacer caso de esto, según los médicos dicen. Mucho me espanté que quisiese vuestra paternidad dejar en mí ni hablar en la ida yo a Malagón, por muchas causas: lo uno, que no hay para qué, que yo no tengo tanta salud para curar enfermas ni tanta caridad; para la casa, digo la obra, mucho más hago aquí, que las monjas, estando allí Antonio Ruiz27, no tienen qué hacer; y aunque hubiera gran ocasión, como vuestra paternidad ve, es a mal tiempo.
12.Otra cosa buena. Dice que ni me lo manda ni le parece que es bien que vaya, y que haga yo lo que mejor me pareciere. ¡Harto buena perfección fuera pensar yo que había de ser mejor mi parecer que el de vuestra paternidad! Como me dijeron que ni estaba con sentido28, ni para hablar —que harto encarecieron—, envié a decir que tuviese cuenta con la casa Juana Bautista29, que a mi parecer era la mejor; porque se me hace tanto de mal traer las monjas de tan lejos hasta más no poder, que me voy deteniendo; y escribí a la priora30para que, si estuviese para leer la carta, que aquello era lo que me parecía; mas que si le parecía otra cosa, que ella podría poner la que quisiese, porque esto es de Orden.
13.No quiso a Juana Bautista y puso a Beatriz de Jesús31, y dijo era muy mejor. Quizá lo será, mas a mí no me lo parece. Tampoco quiso fuese Isabel de Jesús32maestra de novicias, que están tantas que me tienen con harta pena; y ésta, que lo ha sido, no ha sacado malas novicias, que, aunque no es avisada, es buena monja. Tampoco le pareció ni al licenciado33, sino Beatriz lo tiene todo, y ella está harto fatigada. Si no lo hiciere bien, se podrá dar a otras, y para lo de casa mejor es cualquiera, a mi parecer, que traerla de fuera, mientras Dios guarda la priora. Bien vi yo que vuestra paternidad lo había hecho por darla contento. Mas, si me diera alguna tentación de ir, harto recia cosa fuera; porque aún no lo he pensado, me parece, ir a una parte, cuando lo sabe todo el mundo; que por mi querer yo digo a vuestra paternidad que gustara en parte de estar allí algunos días.
14.Ayer estuvo acá doña Luisa34, y pienso acabaré con ella que dé cuatro mil ducados este año, que no había de dar sino dos mil. Y dice el maestro mayor que si esto da, que de esta Navidad en un año labrará adonde puedan estar las monjas, digo que podrán estar en este tiempo. En fin, se parece bien que guía Dios a vuestra paternidad, que harto ha de aprovechar mi quedada aquí, y aun para mi contento, que harto me lo da no me ver con parientes y siendo priora de Avila.
15.Extraña es mi condición, que, como veo que no le hizo a vuestra paternidad al caso ver que había gana de no estar aquí para dejarme, me ha dado un contento grandísimo y libertad para mostrar mis deseos y decir cuanto me parece, de ver que no hace caso de mi parecer35.
16.A su maesa de Isabel36hice que escribiese a vuestra paternidad, porque, si no se le acuerda su nombre, suya es esa carta. ¡Oh, qué hermosita se va haciendo! ¡Cómo engorda y qué bonita es! Dios la haga santa, y a vuestra paternidad me guarde mucho más que a mí. Perdóneme el haberme alargado y tenga paciencia, pues se está allá y yo acá. Estoy buena y es hoy víspera de san Mateo. Esto de Roma37suplico a vuestra paternidad se dé prisa; no aguarden al verano, que es buen tiempo ahora, y crea que con-viene.
Indigna sierva y súbdita de vuestra paternidad,
Teresa de Jesús.
17.Con esas monjas38no se mate vuestra paternidad, pues ha de ser por poco tiempo, según dice Matusalén39, y aun las aves nocturnas40así lo tienen, que dicen que dijo a Peralta41que se diese prisa, que de aquí a dos meses viniese, y aun dicen que será cierto él ser el todo. ¡Oh, si viese yo nuestro negocio42hecho!, y sea enhorabuena y sáquenos Su Majestad de este sobresalto a todos.

1. Antonio de Jesús (Heredia). Ya había sido utilizado por el padre Fernández en la provincia de Castilla: que Gracián lo utilice ahora para las casas menores.
2. Juana Dantisco, madre de Gracián.
3. Alonso Velázquez o quizás don Pedro González de Mendoza (c. 118, 3).
4. Jerónimo Gracián.
5. Juana Gracián, que desde 1567 se hallaba en el Colegio de doncellas nobles, fundado por Siliceo en Toledo.
6. Isabel Gracián, que se halla en el carmelo de Toledo.
7. Juana Dantisco (n. 2)
8. Pedro Gracián, hijo de doña Juana.
9. Casada con el célebre gramático de la Universidad de Toledo, Blas de la Serna, en cuya casa se hospedaron los padres de Gracián durante el tiempo que residió allí la corte.
10. Otra hermana del padre Gracián, que tomará el hábito en el carmelo de Valladolid el 5.5.1578, profesando al año siguiente con el nombre de María de San José.
11. También hermana del padre Gracián, que había profesado en las franciscanas concepcionistas de Madrid (18.4.1574) con el nombre de Adriana del Espíritu Santo.
12. Uno de los primeros hijos del matrimonio Gracián y secretario de Felipe II.
13. También hermano del padre Gracián, casado con Lorenza de Zurita (la familia aludida en la nota 9).
14. Jerónimo Gracián.
15. Cifra teresiana, por Jesucristo.
16. Capítulo de carmelitas descalzos celebrado a primeros de mes en Almodóvar.
17. Juan de Jesús (Roca), a quien el capítulo había designado «celador» de la vida religiosa en las casas de descalzos (c. 130, 3).
18. Alude a la prescripción de la Regla carmelitana («faciendum est vobis aliquid operis...»), repetida en las Constituciones.
19. Juan Bautista Rubeo: insistente preocupación de la Santa, no erigir la Provincia sin contar con él.
20. Pedro de los Angeles... y Mariano de San Benito, indicados para ir a Roma (?). Cf. c. 118, nota 6.
21. El Nuncio Nicolás Ormaneto.
22. Probablemente, el mismo Nuncio, que fallecerá el año siguiente (18.6.1577).
23. Dominico Visitador de Castilla (P. Fernández). — La Encarnación de Avila. — Fray Angel de Salazar, provincial de los carmelitas de Castilla.
24. Provincial de los carmelitas de Andalucía, Agustín Suárez.
25. Juan Evangelista, antiguo suprior del Carmen de Sevilla.
26. Brianda de San José.
27. El comerciante de Malagón, amigo de la Santa.
28. La priora, Madre Brianda.
29. Juana Bautista (Baena): había profesado en Malagón el año 1569. (Ver c. 119, 3).
30. Brianda de San José.
31. Hija de Francisco de Cepeda, primo de la Santa. De ella escribirá poco después: «Hácelo en extremo bien... que no pensé era para tanto» (c. 153, 1).
32. Isabel de Jesús (Gutiérrez), también originaria de La Encarnación (Avila).
33. Ni a la priora ni al licenciado Gaspar de Villanueva (capellán del carmelo de Malagón) les pareció bien Isabel de Jesús...
34. Doña Luisa de la Cerda, fundadora de Malagón.
35. La Santa pensaba ir a Avila, y ya había enviado al carmelo de San José su «baúl» (c. 129, 4).
36. Isabel Gracián (nota 6).
37. El viaje de los dos carmelitas sugeridos por ella (nota 20) para tramitar la erección de provincia.
38. Alude probablemente a las carmelitas calzadas de Paterna y Sevilla.
39. El Nuncio Nicolás Ormaneto.
40. Quizás las mismas carmelitas calzadas de Paterna.
41. Jerónimo Tostado.
42. Nuestro negocio: la separación de la provincia.

S.111  E.118  Lf.87  A.III 11  T.82

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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