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Carta 160

Teresa de Ávila

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    teresiano
7 diciembre 1576 (Toledo)
A la M. María de San José

Han llegado cartas en abundancia: tres de M. María; de Gracián, carta y licencias; de la priora de Paterna; de Malagón, Beas y Caravaca; del P. Mariano que está en Madrid; de Lorenzo de Cepeda, en Avila; de Leonor de San Gabriel, enfermera de la Santa en Sevilla. — «...cartas, que con esto vivo». — «Como en tiempo de guerra», porque en Sevilla se ha desatado una oleada de calumnias soeces contra Gracián y las descalzas de Paterna: ver la ambientación de la carta 159 a Gracián, escrita este mismo día. Y la c. 155.

Para la madre María de San José, priora de Sevilla.
1. Jesús sea con vuestra reverencia. Hoy víspera de la Concepción me envía las cartas el arriero y gran prisa por la respuesta; así me habrá de perdonar, mi hija, ser tan corta, que no lo querría ser con ella en nada, pues la voluntad es tan larga —que cierto la amo mucho—, y ahora me obligan tanto con el cuidado que me dice nuestro padre1tienen de regalarle, que me ha puesto aún más amor, y de que se haga con ese aviso estoy muy contenta; porque creo yo ahora ni nunca habrá otro con quien así se pueda tratar. Porque, como le escogió el Señor para estos principios y no los habrá cada día, así pienso no habrá otro semejante; porque todo lo que fuere abrir puerta y para más mal que podrá pensar cuando los prelados no son tales. Mas tampoco habrá tanta necesidad; que ahora, como tiempo de guerra, hemos menester andar con más cuidado. Dios pague a vuestra reverencia, mi hija, el que tiene de las cartas, que con esto vivo.
2. Esta semana me han dado todas las tres que dice que ha escrito, que aunque vengan juntas no son mal recibidas. Devoción me ha puesto esta carta de San Francisco2, que se podía imprimir; y las cosas, como las hace nuestro padre, no parecen creederas. Bendito sea el que le dio tanto talento. Harto querría ser para darle gracias por las mercedes que nos hace y por la que nos hizo en dárnosle por padre.
3. Ya veo acá, mi hija, el trabajo que tienen y la soledad. Plega a Dios no sea nada el mal de la madre supriora3, que aun por el más trabajo de vuestra reverencia me pesaría. Harto me he alegrado le haya hecho provecho a vuestra reverencia la sangría. Si ese médico la ha entendido, no querría se curase con otro. Dios lo provea.
4. Esa carta me han traído hoy de la priora de Malagón4; harto es
Ver manuscrito
no estar peor. Todo lo que puedo hacer por su salud y contento lo hago, porque, dejado se lo debo bien debido, vame mucho en su salud; mas mucho más en la de vuestra reverencia, y esto crea cierto: ¡mire si desearé que la tenga!
5.Por ese papel verá cómo recibió Mariano5su carta. La que dice de mi hermano6, ya he escrito en una a vuestra reverencia que a vuelta de otras la debí rasgar, que estaba aun abierta y esto debía ser. Harto me pesó y me costó buscarla, porque venía muy buena. Ahora me ha escrito que escribió a vuestra reverencia con el recuero de allá, y así no digo más de él de que anda el alma bien aprovechada en oración y hace muchas limosnas. Siempre le encomienden a Dios, y a mí también. Y quédese con El, mi hija.
6.Harto más me ha pesado de que no haga ese prior7bien su oficio, que de la pusilanimidad. Habíale de espantar también nuestro padre con decirle cuán malo es en él, y sí hará, a usadas. A todos me encomiende, y a fray Gregorio8mucho, y a Nicolao9, si no es venido, y a esas mis hijas; con las cartas de Gabriela10, encomiéndemela, y a la supriora. ¡Oh, quién pudiera darle monjas de las que por acá sobran! Mas Dios se las dará. Ya le encomiendo lo de la flota11, que bien veo el trabajo que hay ahí, que con harto cuidado me tiene; mas espero en Dios que lo remediará todo, como tenga salud. Su Majestad me la guarde y haga muy santa, amén.
7.Harto me he holgado vaya entendiendo lo que ahí ha en nuestro padre. Yo desde Beas lo entendí. De allá y de Caravaca me han dado hoy unas cartas. La
Ver manuscrito
de Caravaca envío aquí para que la lea nuestro padre y vuestra reverencia también; y con este mismo recuero me la torne a enviar, que para lo que me dice de esos dotes la he menester. En la que escribe a la priora12, se queja harto de vuestra reverencia.
8.Ahora he de enviar a Caravaca una imagen de nuestra Señora que les tengo, harto buena y grande, no vestida, y un San José me están haciendo13; y no les ha de costar nada. Muy bien hace su oficio, y muy más que bien ha hecho vuestra reverencia en avisarme de los pecilgos14, mañas que quedaron de La Encarnación.
Son hoy, ya lo he dicho15. Y yo de vuestra reverencia,
Teresa de Jesús.
9.A todo me ha respondido muy bien nuestro padre y enviado las licencias que pedí. Bese por mí las manos a su paternidad.
Ver manuscrito

1. Jerónimo Gracián.
2. Isabel de San Francisco, momentáneamente priora en las calzadas de Paterna. Probablemente es una carta remitida por M. María (ver c. 152, 2; y c. 159, 10).
3. Supriora de Sevilla, María del Espíritu Santo.
4. Brianda de San José, enferma crónica.
5. Ambrosio Mariano de San Benito, descalzo de Los Remedios (Sevilla), actualmente en Madrid, a quien la santa remitió la carta de «los latines» (c. 151, 1).
6. Lorenzo de Cepeda.
7. Antonio de Jesús (Heredia), prior de Los Remedios de Sevilla, que no sólo es remiso en su oficio, sino émulo de Gracián (ver c. a éste: 159, 3 exigiendo que haya «para él [Antonio] justicia como para otros»).
8. Gregorio Nacianceno, descalzo en Los Remedios.
9. Nicolás Doria, si aún no ha partido para Castilla...
10. Leonor de San Gabriel.
11. Lo de la flota: cuándo zarpa la armada para América, c. 151, 8.
12. La que escribe la priora de Caravaca (Ana de San Agustín) a la priora de Toledo (Ana de los Angeles)...
13. «Ambas imágenes se veneran todavía en las descalzas de este convento» (S.).
14. Pecilgos: son los pellizcos, extraño procedimiento de mortificación que ya reprobó en la c. 148, 11; resabios de las que vinieron de La Encarnación de Avila.
15. En el n. 1: «víspera de la Concepción».

S.144  E.151  Lf.117  A.II 85  T.220

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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