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Carta 180

Teresa de Ávila

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26 de enero 1577 (Toledo)
A la M. María de San José

«Ayer me dio el recuero sus cartas y dineros». «Quisiera responder muy largo», pero «vase mañana el recuero» y hay que consignarle todo un cartapacio para Gracián. «Por el correo escribiré presto». — Tema de la presente, dar gracias: madre María ha enviado por el recuero de ayer un agnusdei, anime, bálsamo, brinquinillos, patatas («muy buenas»), naranjas y confites. Ha habido para las enfermas, los amigos y amigas, Isabelita y la propia madre Teresa. «¿ Cómo no la voy a querer mucho (a M. María), que no hace sino hacerme placeres?».

Para mi hija, la madre priora de San José de Sevilla.
1. Jesús. — Sea con vuestra reverencia el Espíritu Santo, hija mía. Y aun yo le digo que pudiera yo poner aquí algunos de los encarecimientos que ellas ponen a nuestro padre1, y con tanta verdad, que yo no sé qué tentación me ha dado de quererla tanto; ya voy creyendo que me lo paga. Plega al Señor en encomendarnos mucho a Su Majestad se parezca.
2. Ayer, día de la conversión de San Pablo, me dio el recuero sus cartas y dineros, y todo lo demás, que venía tan bien puesto que era de ver, y así todo llegó bueno. Dios le pague el contento que me ha dado con lo que envía a su madre2 de nuestro padre, que no ha sido ninguna para tanto, y él gusta mucho de ello. ¿Cómo no la he de querer mucho, que no hace sino hacerme placeres? Sólo el agnusdei codicié un poco, porque había estado estos días deseando qué dar al administrador3, que no se me ofrece cosa que no la hace muy bien; en especial ha trabajado mucho en esta casa de Malagón, y trabajará, y es tanta la sequedad de esta casa, que para mi condición es harto trabajo; en cada una hay un poquillo de cruz, y no me pesa de ello.
3. Háceme Dios tanta merced en que las de esa casa sean pasadas, que no sé de qué me puedo quejar, y de que todas las cosas vayan tan bien, en especial de la esperanza que me da del pagar algo de ésa, que, cuando pienso el haber de dar más de un ducado cada día,
Ver manuscrito
no me deja de dar pena4. Aprovecha de pedir a Dios las quite esa carga. Plega a Su Majestad que siquiera la modere, amén.
4.Tornando a lo del agnusdei, como era para quien era, no quise se dejase de enviar, porque autorizaba lo demás, que iba harto bueno. Del bálsamo se tomó acá un poco, porque Isabelita5dice que tenían allá mucho, y tres brinquinillos6por que no piense que es mi Isabelita la hija de la madrastra, que no la había de dar algo, que bastan los que van. Dios se lo pague, mi hija, amén, amén, amén; y las patatas, que vinieron a un tiempo, que tengo harto mala gana de comer, y muy buenas llegaron; y las naranjas, que regocijaron a algunas enfermas, que aunque no es mucho el mal; todo lo demás es muy bueno, y los confites lo vinieron y son muchos.
5.Hoy ha estado acá doña Luisa7y le di de ellos, que, a pensar yo que los tenía en tanto, se los enviara en su nombre, que con cualquier cosa se huelga mucho, y más bien parece a nosotras dar poco a estas señoras. Mi hermano8me había enviado la caja mejor que le envió de ellos. Yo me huelgo no le haya costado nada, y bien puede a quien viere que se sufre pedir algo para una persona, la que quisiere, o si se lo dieren, decir que lo toma para fulano, o para una persona, que eso no es dar del convento.
6.Yo no había enviado a la priora de Malagón9de los que me envió mi hermano, por la mucha calentura que tiene, que la matara; y así no querría le enviase cosa caliente de regalo, mas de otras es muy bien, tal como naranjas dulces, que tiene mucho hastío y cosas de enferma. Harto la querría traer
Ver manuscrito
aquí. Ahora en el agua tengo esperanza de Loja10. Ya he escrito a nuestro padre nos avise si se detendrá. Haré que envíen por ello. Creo es bien curada11, porque yo lo aviso mucho. Mantequillas es lo que ahora le caen más en gracia.
7.Yo quisiera responder muy largo a las suyas, que todas las he recibido, y vase mañana el recuero, y ya ve lo que ahí va para nuestro padre. Perdone el porte —que es cosa tan importante— que es menester bueno, y también que vuestra reverencia procure luego con el padre fray Gregorio12y se lo pida de mi parte, que envíe alguna persona cierta que se las lleve —Diego13si está ahí—, y con brevedad, que él lo hará por amor de mi de buena gana; que si no es con persona muy cierta y que vaya presto, no se sufre darlas a ninguno, que van algunas cartas que, a no ser el recuero tan cierto, no las osara enviar.
8.Y también se ha visto acá el mandato que me trajeron del general cuando ahí estuve14, y no sólo quita el salir yo, sino a todas las monjas, que ni podrían mandarlas ser prioras, ni salir a cosa. Y es una gran destrucción si se acabase la comisión de nuestro padre, que, aunque estemos sujetas a descalzos, no basta, si no lo declara siendo comisario, y para ellas y para mí basta su declaración, y de una hora a otra puede suceder que nos quedemos así.
9.Por eso ponga diligencia, por caridad, y quien las llevare puede aguardar a que se haga esto, que poco tiempo es menester, y tornarlo a vuestra reverencia; y si no fuere con el arriero y poniendo buen porte, no lo envíe. Diga a nuestro padre que yo le escribí a vuestra reverencia que se lo enviase a ella. Es cosa extraña cuán bobos hemos estado, y halo
Ver manuscrito
visto el administrador, que es gran legista, y el doctor Velázquez15, y dicen que se puede hacer, y envían la instrucción. Dios haga lo que más conviene a su servicio, que mándanme que lo procure con brevedad, y así lo hago16.
10.Dicha fue no tener dados los dineros a Antonio Ruiz17, porque está aquí el alcaide18que los había de llevar. Ya había yo dicho a quien tiene para mis portes que diese los veinte reales, por que no quedasen a deber menudencias; mas haráse lo que vuestra reverencia dice. Del anime19también se tomó un poco, que se lo quería yo enviar a pedir, que hacen unas pastillas con ello de azúcar rosado que me hacen muy gran provecho a las reúmas. Harto va; el jueves que viene20lo llevarán a recaudo.
11.En gran manera me he holgado de que me dice que está buena; mire que no se trate como sana, no tengamos más que hacer, que me ha dado malos ratos. A la supriora21y a todos y todas me encomiendo. Por el correo escribiré presto, y así no más de que Casilda22ha ya hecho profesión.
Dios me la guarde, mi hija, y la haga santa, amén.
De vuestra sierva,
Teresa de Jesús.
A Garciálvarez23y su prima me diga mucho, y a todos.

1. Jerónimo Gracián. 2. Doña Juana Dantisco, madre de Gracián. 3. Administrador de doña Luisa de la Cerda: Juan Huidobro de Miranda. 4. Alude a la pesada deuda que aún grava sobre el carmelo de Sevilla. 5. Isabelita Dantisco, que reside en el convento de Toledo. 6. Brinquinillos: especie de dulces finos. 7. Doña Luisa de la Cerda, amiga de la Santa. 8. Lorenzo de Cepeda, a quien también envió confites la M. María. 9. Brianda de San José. 10. Agua de Loja: ya pedida a Gracián para la enfermedad de M. Brianda (c. 175, 3). 11. Curada: cuidada. 12. Gregorio Nacianceno, descalzo en Los Remedios (Sevilla). 13. Probablemente es un portador de cartas conocido de la Santa. 14. General de la Orden: Juan Bautista Rubeo. El mandato: decisión del Definitorio o del capítulo general de la Orden (Piacenza, junio 1575) intimada a la Santa durante su estancia en Sevilla. 15. Alonso Velázquez, confesor de la santa en Toledo. 16. Parece tratarse de atenuar el rigor del «mandato» (nota 14) que prohibía salir del monasterio no sólo a la santa sino a «todas las monjas» de su reforma. La instrucción enviada a Gracián sugeriría a éste la manera de limitar aquel «mandato», sirviéndose de sus facultades de comisario apostólico. 17. Vecino de Malagón, amigo de la santa y tratante en ganados. 18. Parece ser el mismo administrador de doña Luisa (nota 3). 19. Anime: Resina del curbaril, traída de las Indias. 21. Supriora de Sevilla: María del Espíritu Santo. 22. Casilda de Padilla: había profesado el 13 de este mes en el carmelo de Valladolid. 23. Garciálvarez, el confesor de las descalzas de Sevilla. Su prima es la novicia Jerónima de la Madre de Dios (c. 178 nota 5).

S.166  E.174  Lf.140  A.III 74  T.226

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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