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Carta 187

Teresa de Ávila

Website "muy peculiar" del mundo teresiano

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28 febrero 1577 (Toledo)
Al padre Ambrosio Mariano

Mariano ha adoptado una de sus acostumbradas actitudes remolonas frente al Nuncio, que le ha ordenado residir en el convento de los carmelitas calzados de Madrid. Reconvención de la Santa. — En cambio Gracián, en Sevilla, se rebaja a desautorizar calumnias absurdas propaladas contra las descalzas: mal hecho. Ella sigue medio agotada, con gran «ruido y flaqueza de cabeza», consecuencia del achaque de primeros de mes.

1. Jesús sea con vuestra reverencia, mi padre. Hoy me escribió el señor don Teutonio1, que está en Madrid, que no se iba ya el nuncio2. Si esto es, si no es estar en Alcalá con achaque de estar vuestra reverencia malo, en ninguna manera se sufre que parezca le deja de obedecer3.
2. Sepa, mi padre, que, a lo que entiendo, estos padres4querrían ya amistad, y hasta ver lo que Dios ordena es bien ir contemporizando, como vuestra reverencia ha hecho. Cierto que no echo culpa al nuncio, sino que la batería del demonio debe ser tal, que no me espanto de nada. No haya vuestra reverencia miedo que nadie le ose mirar, que el Señor es su guarda; sino que, pues nos ha hecho merced de que hasta ahora temple vuestra reverencia su cólera, que lo lleve adelante y sea ahora ésta su cruz, que no debe ser pequeña. Si el Señor no le hubiera ayudado particularmente, crea que no lo pudiera haber sufrido.
3. En lo que toca a la respuesta del Consejo5, no hay que esperar. ¿No ve que todo son cumplimientos? ¿Qué necesidad hay para quitar esa cédula de que vaya de acá, pues está allá el traslado y saben que es verdad? No es ahora tiempo; esperemos un poco, que mejor sabe el Señor lo que hace que nosotros lo que queremos.
4. ¿Qué le parece cuál nos paran en ese escrito?6 No sé para qué andan a probar esas cosas. Mal lo hace nuestro padre7, que es grandísima bajeza. Por amor de Dios, que no lo muestre vuestra reverencia a nadie, que los tendrán por de poca prudencia hacer caso de esos desatinos, ni ponerlos en plática; téngolo por mucha imperfección; sino reírse de ellos8.
5. Sepa, mi padre, que han parado las muchas cartas y ocupaciones mías tan a solas en darme un ruido y flaqueza de cabeza9, y mándanme que si no fuere muy necesario no escriba de mi letra, y así no me alargo. Sólo digo que en lo que toca a procurar aquello que dice del rey, no le pase por pensamiento hasta mirar mucho en ello, que sería perder gran crédito, a lo que entiendo; por otra parte lo asegurará Dios. El me guarde a vuestra reverencia.
De vuestra reverencia sierva,
Teresa de Jesús.

1. Don Teutonio de Braganza, futuro arzobispo de Ebora.
2. Nuncio: Nicolás Ormaneto. Se había rumoreado su cese en el cargo (c. 181, 3: 183, 3). — A propósito de la actitud del nuncio a favor del visitador Jerónimo Tostado, cf. MHCT, I, pp. 345, 346, 349.
3. Mariano, a título de negociar más libremente los asuntos de los descalzos, vivía fuera del convento. El nuncio lo ha desaprobado. La Santa le propone dos soluciones: o residir en el Carmen de Madrid, o en los descalzos de Alcalá. Tendrá que decírselo con redoblada dureza en la carta 189, 1-2.
4. Estos padres: los carmelitas calzados.
5. Respuesta del Consejo a la petición hecha probablemente por los descalzos para que se retire «la cédula» emitida contra ellos (ver c. 184, nota 9).
6. Ese escrito: papeles venidos de Andalucía y que ella remite a Mariano.
7. Nuestro padre: Jerónimo Gracián, que está de visitador de los carmelitas en Andalucía.
8. «Harto disgusto me ha dado que de dichos contra nosotras... tan deshonestos, haga nuestro padre (Gracián) probanza, que son disparates», escribía ella por estas fechas a María de San José (c. 186, 5).
9 Sólo ahora informa a Mariano del gravísimo achaque del día 6-7 que la dejó inhábil para escribir de propia mano (c. 187, nota previa).

S.174  E.182  Lf.213  A.III 34  T.190

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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