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Carta 202

Teresa de Ávila

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11 de julio 1577 (Toledo)
A la M. María de San José,

Madre María ha enviado regalos de reina. Entre ellos, varios cocos venidos de las Indias: «es cosa de ver» –exclama dos veces la Santa–. Y un paquete de estampas. Gracián partirá mañana el coco; pero hurta las estampas. — Contrasta con ese cuadro la situación de Sevilla: una monja gravemente enferma; presión del arzobispo para admitir en comunidad a una aspirante melancólica; otras vocaciones problemáticas; proyecto descabellado de trasladarse de casa. — La Santa escribe de propia mano; a media carta dicta varios renglones a la secretaria.

Para la madre priora María de San José.
1. Jesús sea con ella, mi hija. De que me dice que está algo mejor, parece lo llevo todo de buena gana. Plega al Señor vaya adelante y lo pague a ese médico, que en forma se lo he agradecido.
2. Gran cosa ha sido tener hasta ahora vida la supriora1. Bien puede el que la hizo, darla salud, pues la dio ser de nonada. Bien la ejercita en padecer, y a todas. De esta hecha quedan personas para ir a Guinea2y aun más adelante. Con todo, lo querría ya ver pasado, que con harta lástima me tiene.
3. Porque a la madre Brianda3 dije escribiese lo que por acá hay que decir, no diré yo más de lo que hace al caso. Las estampas que decía para doña Luisa ni la carta no vinieron4, ni me dice si recibió el lienzo y los crucifijos5. Avísemelo otra vez y encomienden a Dios a Brianda, que estoy muy alegre de verla tan mejor.
4. La monja tome enhorabuena6, que no es mal dote el que dice que tiene. Esa viuda7 querría que entrase ya. El otro día la escribí que tome la negrilla8 enhorabuena, que no les hará daño, y la hermana. Tampoco me dice si ha recibido esta carta. Del mal de
Ver manuscrito
Garciálvarez9me ha pesado; no olvide de decirme cómo está, y si va adelante la mejoría de vuestra reverencia. Los cocos recibí; es cosa de ver. Yo los enviaré a doña Luisa. El que viene para mí está muy aliñoso. Nuestro padre10, que le ha de partir mañana.
5.En lo de Paterna dice que no hay que hablar hasta que él vaya (que harto le hemos hoy dicho sobre ello), que sería alborotarlos a todos pensando no es visitador11, y tiene razón.
6.Dios pague a vuestra reverencia tanto regalo como me hace (débese de soñar alguna reina), y enviar el porte. Por caridad que mire mucho por sí y se regale, que en eso lo recibiré yo. Las hermanas se holgaron mucho de ver el coco12, y yo también. Bendito sea el que le crió, que cierto es de ver. Cáeme en gracia cómo con todos sus trabajos tiene aliento para estas cosas. Bien sabe el Señor a quién los da.
7.Ahora hablé a nuestro padre sobre la monja del arzobispo13, que me tiene bien disgustada ver lo que ponen en importunarle y lo poco que a él le va. Dice nuestro padre que piensa es una beata melancólica —de lo que habíamos de estar escarmentadas—, y será peor echarla después. Que procure hablarla algunas veces y entender qué cosa es; y, si ve que no es para
Ver manuscrito
nosotras, no me parece sería malo que hable el padre Nicolao14al arzobispo y le diga la mala dicha que tenemos con estas beatas, o irlo entreteniendo.
8.Al padre fray Gregorio15ha mucho que escribí esa carta, y enviéla a nuestro padre para que se la enviase, y ahora tórnamela. Sin tiempo16va; mas no la deje de leer, para que no les torne tentación tan desatinada como dejar esa casa. Pena me da el gran trabajo que tendrán con esa hermana, y lo que la pobrecita padece me lastima. Dios lo remedie. A todas dé mis encomiendas, y a todos. Harto consuelo me daría verla, porque hallo pocas tan a mi gusto, y quiérola mucho. Todo lo puede el Señor.
9.Al padre Garciálvarez muchas encomiendas, y a Beatriz17, a su madre y a las demás, y que han menester ser muy perfectas, pues comienza el Señor con ellas esa fundación, pues les ha quitado el ayuda18, que yo no entiendo cómo se puede valer. Verdad es que peor le fuera con tener calzadas, como en otras partes han tenido19, que ésas, en fin, se irán por donde las dijeren. Lo peor es haber de trabajar vuestra reverencia con poca salud, que ya yo lo he probado, que a tenerla, todo se pasa. Désela Dios, hija mía, como yo deseo y le suplico; amén.
Son hoy 11 de julio.
Yo de vuestra reverencia,
Teresa de Jesús.
10.Como nuestro padre estaba aquí, abrió el pliego y diome las cartas y quedóse con las estampas. y debíasele olvidar —que acaso lo supe hoy— que él y el padre fray Antonio20estaban en contienda sobre ellas. Dos vi y son lindas.
Ver manuscrito

1. María del Espíritu Santo, supriora de Sevilla.
2. Ir a Guinea: como ir «a tierra de turcos» o «de moros».
3. Brianda de San José, enferma en Toledo.
4. Sí, vinieron: ver n. 10. — Doña Luisa de la Cerda, dama toledana.
5. Sobre el lienzo, ver c. 196, 3; sobre los crucifijos, c. 190. 1.
6. Ver c. 198, nota
7. Esa viuda no parece ser la de la c. 175, nota 10. Ribera cuenta de «una señora viuda que deseó entrar, y la segunda vez que vino a hablar de ello las trajo, sin pedirla nada, 2.700 ducados en tejos de oro y reales; y dilatando su entrada hasta que ella acabase algunos negocios que tenía, la llevó al Señor» (Vida de la Santa, III, c. 6).
8. Sobre la negrilla (=esclavilla) y su hermana, ver c. 198, 5.
9. Garciálvarez, confesor de las descalzas de Sevilla.
10. Jerónimo Gracián (sobrentendido: dice).
11. Es que, tras la muerte del nuncio Ormaneto, han surgido ya fuertes dudas sobre el fenecimiento de los poderes de Gracián como Visitador,
12. Lo que precede, de este número, está escrito por la amanuense.
13. Arzobispo de Sevilla, don Cristóbal de Rojas, amigo de la Santa.
14. Nicolás Doria, novicio en Los Remedios.
15. Gregorio Nacianceno, descalzo en Los Remedios, connivente con madre María en el proyecto de comprar nueva casa.
16. «A destiempo».
17. Beatriz de la Madre de Dios (Chaves) y su madre Juana de la Cruz.
18. Ayuda de la comunidad: el P. Gracián.
19. Tener calzadas: alude a las muchas que de La Encarnación de Avila vinieron con la Santa a iniciar las fundaciones.
20. Antonio de Jesús, prior de Los Remedios (Sevilla).

S.185  E.196  Lf.157  A.II 92  T.234

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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