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Carta 218

Teresa de Ávila

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    teresiano
4 diciembre 1577 (Avila)
Al Rey don Felipe II

La carta es un recurso al Rey. La motiva un hecho violento: esa misma noche (3-4 diciembre) ha sido apresado fray Juan de la Cruz. No se sabe su paradero. Avila está escandalizada. La Santa teme por su vida, más que si hubiese caído en manos de moros. Otro episodio ha agravado la situación: las vejaciones de las monjas de La Encarnación por obra del mismo que las ha privado de fray Juan de la Cruz.

1. La gracia del Espíritu Santo sea siempre con vuestra majestad, amén. Yo tengo muy creído que ha querido nuestra Señora valerse de vuestra majestad y tomarle por amparo para el remedio de su Orden, y así no puedo dejar de acudir a vuestra majestad con las cosas de ella. Por amor de nuestro Señor suplico a vuestra Majestad perdone tanto atrevimiento.
2. Bien creo tiene vuestra majestad noticia de cómo estas monjas de la Encarnación han procurado llevarme allá1, pensando habría algún remedio para librarse de los frailes, que cierto les son gran estorbo para el recogimiento y religión que pretenden, y de la falta de ella que ha habido allí en aquella casa tienen toda la culpa. Ellas están en esto muy engañadas, porque mientras estuviesen sujetas a que ellos las confiesen y visiten no es de ningún provecho mi ida allí —al menos, que dure—, y así lo dije siempre al visitador dominico 2, y él lo tenía bien entendido.
3. Para algún remedio, mientras esto Dios hacía, puse allí en una casa un fraile descalzo3, tan gran siervo de nuestro Señor, que las tiene bien edificadas, con otro compañero, y espantada esta ciudad del grandísimo provecho que allí ha hecho, y así le tienen por un santo, y en mi opinión lo es y ha sido toda su vida.
4. Informado de esto el nuncio pasado4 y del daño que hacían «los del paño» por larga información que se le llevó de los de la ciudad, envió un mandamiento con descomunión para que los tornasen allí (que los calzados los habían echado con hartos denuestos y escándalo de la ciudad), y que so pena de descomunión no fuese allá ninguno «del paño» a negociar ni a decir misa ni a confesar, sino los descalzos y clérigos. Con esto ha estado bien la casa hasta que murió el nuncio, que han tornado los calzados y así torna la inquietud, sin haber mostrado por dónde lo pueden hacer 5.
5. Y ahora un fraile6 que vino a absolver a las monjas, las ha hecho tantas molestias y tan sin orden y justicia, que están bien afligidas y no libres de las penas que antes tenían, según me han dicho. Y sobre todo hales quitado éste los confesores7(que dicen le han hecho vicario provincial, y debe ser porque tiene más partes para hacer mártires que otros) y tiénelos presos en su monasterio, y descerrajaron las celdas, y tomáronles en lo que tenían los papeles.
6. Está todo el lugar bien escandalizado cómo, no siendo prelado ni mostrando por dónde hace esto (que ellos están sujetos al comisario apostólico)8, se atreven tanto, estando este lugar tan cerca de donde está vuestra majestad, que ni parece temen que hay justicia ni a Dios. A mí me tiene muy lastimada verlos en sus manos, que ha días que lo desean, y tuviera por mejor que estuvieran entre moros, porque quizá tuvieran más piedad. Y este fraile9tan siervo de Dios está tan flaco de lo mucho que ha padecido, que temo su vida.
7. Por amor de nuestro Señor suplico a vuestra majestad mande que con brevedad le rescaten, y que se dé orden cómo no padezcan tanto con «los del paño» estos pobres descalzos todos, que ellos no hacen sino callar y padecer y ganan mucho; mas dase escándalo en los pueblos. Que este mismo que está aquí10 tuvo este verano preso en Toledo a fray Antonio de Jesús —que es un bendito viejo, el primero de todos— sin ninguna causa, y así andan diciendo los han de perder, porque lo tiene mandado el Tostado11. Sea Dios bendito, que los que habían de ser medio para quitar que fuese ofendido, le sean para tantos pecados, y cada día lo harán peor si vuestra majestad no manda poner remedio; no sé en qué se ha de parar, porque ningún otro tenemos en la tierra.
8. Plega a nuestro Señor nos dure muchos años. Yo espero en El que nos hará esta merced, pues se ve tan solo de quien mire por su honra. Continuamente se lo suplicamos todas estas siervas de vuestra majestad y yo.
Fecha en San José de Avila a 4 de diciembre de mil quinientos setenta y siete.
Indigna sierva y súbdita de vuestra majestad
Teresa de Jesús, carmelita.

1. La Santa había sido priora de La Encarnación desde 1571 a 1574.
La comunidad había intentado elegirla de nuevo el 7 de octubre pasado. Ver el relato de la Santa en carta a don Teutonio 226, 8.
2. Pedro Fernández, que la había nombrado priora de La Encarnación.
3. Fray Juan de la Cruz. — El otro compañero, Germán de San Matías.
4. Nicolás Ormaneto, muerto el 18.6.1577. Informado de esto: de los hechos que motivaron (a finales de 1575) la primera prisión de fray Juan de la Cruz.
5. Sin mostrar qué facultades tienen para hacerlo (como en el n. 6).
6. Fray Hernando Maldonado, prior de los carmelitas de Toledo. — Vino a absolver a las monjas de la excomunión impuesta con ocasión de la elección de la priora (cf. nota 1).
7. Los confesores: fray Juan de la Cruz y Germán de San Matías.
8. Era el padre Gracián.
9. Fray Juan de la Cruz.
10. El mismo que está aquí es el mencionado padre Maldonado. — Antonio de Jesús había acompañado a la Santa y al padre Gracián en su reciente viaje de Toledo a Avila. Y al regresar a Toledo recibió orden del padre Maldonado de quedar recluido en el convento.
11. Jerónimo Tostado (c. 208 nota 12).

S.204  E.206  Lf.170  A.IV 1  T.58

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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