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Carta 245

Teresa de Ávila

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    teresiano
8 mayo 1578 (Avila)
Al padre Jerónimo Gracián

Una carta que debe ser rota «luego», apenas leída. La misma Santa abre el «envoltorio» antes de enviarla y tacha un párrafo por si se extravía. Era una filípica contra el padre Mariano, que la tiene «tentadísima». El destinatario no rompió el autógrafo (hoy perdido); pero los copistas no trascribieron lo tachado, y además omitieron el nombre de otros dos alcanzados por la filípica teresiana. — La carta hace de complemento a la anterior, del día 7, aún no expedida, porque entre tanto ha llegado un lote de cartas enviadas por Gracián, que han puesto sobre el tapete dos asuntos caseros muy sentidos por la Santa: la visita del padre Antonio de Jesús al Carmelo de Malagón, por orden de Gracián, pero sin hacerse prevenir por la Santa, conocedora profunda del «buen viejo» visitador, y de la embrollada situación de la comunidad; — nuevas imprudencias en la conducta del padre Mariano, de quien habló ya en la carta anterior. Sobre ambos temas entabla el diálogo. Ella está «con harta pena». El P. Antonio la «tiene harto cansada»: «yo le escribiré... y desengañarle he». «Estoy como tonta» ante tanto embrollo.

1. Jesús sea con vuestra paternidad. Después de escrita la que va con ésta1, hoy día de la Ascensión me han traído sus cartas por la vía de Toledo, que me han dado harta pena. Yo le digo, mi padre, que es cosa temeraria. Rompa vuestra paternidad luego ésta2.
2. Ya ve qué sería con todas las quejas que de mí tiene3, que me tiene harto cansada; porque aunque le quiero mucho y muy mucho y es santo, no puedo dejar de ver que no le dio Dios este talento. Ahora, ¿no ve en cuánto ha creído a aquellas apasionadas?4 Y sin más información quiere hacer y deshacer. Yo bien entiendo que ella5tiene falta para gobierno; mas no serán sus faltas que deshonren la Orden, sino que se pasan en casa. Ya yo les había escrito que vuestra paternidad iría allá y se remediaría todo, y en eso de las tentaciones, que lo tratasen con el confesor y no con ella.
3. Querer que gobierne Isabel de Jesús6 y hacerla supriora, es disparate grande; que unos días que le tuvo mientras fue Brianda, tenían las mismas monjas más cuentos y risa que no acababan y no la tendrán en cosa de la vida. Ella buena es, mas no para eso; y quitar el gobierno a Ana de la Madre de Dios por dos días —que, según la prisa da por Brianda, la llevará presto— es desatino; y llevarla háceseme cosa bien recia, porque si no es para tornarla a sacar presto si se hace alguna fundación, yo temo mucho verla en aquel lugar, estando allí el que está 7.
4. Lo que dice que no hace por los descalzos es el mandamiento que vuestra paternidad tiene puesto8; murmurar, por lo demás, yo no lo creo, ni que a ella le pesará de lo que se haga conmigo, porque yo la conozco y no es nada apretada sino muy franca. Contarle han las palabras unas por otras. Ya sabe vuestra paternidad que me escribió Brianda que la mandase no diese nada a ningún descalzo; y otra monja, que más se había gastado con ellos que con todas las enfermedades, que fueron aquel año muy muchas. A mí me parece, mi padre, que, aunque vaya allí santa Clara (estando allí el que está 9y la tema que ellas tienen), hallarán hartas faltas.
5. En lo de no regalar las enfermas, es gran testimonio, que es mucha su caridad10. Yo me vi apretadísima, mi padre, con la pasada, porque todo no es nada cuando no llega a honra, y allí que es un paso del mundo. Eso que dicen de la honra es torcedor11, que ella vino por dicho de los médicos para su salud. Yo no sé qué haga vuestra paternidad en esto, cierto.
6. En gracia me cae hacer caso el padre fray Antonio12 en que no tomasen en la boca a Brianda, que era lo mejor que podía hacer. Vuestra paternidad lo mire mucho, por caridad. Si ello fuere hacer lo que conviene, habíase de llevar allí tal como Isabel de santo Domingo13, con una buena supriora, y quitar algunas de ésas. Menester es vuestra paternidad escriba con brevedad al padre fray Antonio para que no haga mudanza hasta que vuestra paternidad lo mire mucho. Yo le escribiré que no puedo hacer nada hasta ver lo que vuestra paternidad manda, y desengañarle he de algunas cosas.
7. Lo de la casa me ha dado pena, que es lástima que no haya habido quien le duela, sino que deben haber hecho algún casar14y querría que se acabasen dos cuartos y se cercase, para que, si no hubiese ahora para más, no se quede todo perdido, que mejor estarán allí (por poco que estén) que en el que están. Vuestra paternidad se lo escriba.
8. Yo no sé cómo mi padre daba comisión para Malagón sin avisarle mucho15. Digo que estoy como tonta, que por otra parte me parece que quitar y poner quien gobierne allí y tan sin son, es gran deslustre de la casa. Y si pensase había de enmendarse N.16, era lo mejor y tornarse a su priorazgo y acabarle; mas tengo perdida la esperanza de que se ha de enmendar, y el padre fray Bartolomé de Jesús y fray Francisco de la Concepción y Antonio Ruiz17 encarecieron tanto el que no tornase allí, que me parece sería temeridad. Vuestra paternidad se informe y haga lo que el Señor le diere a entender, que eso será lo más acertado. Yo le suplicaré dé luz a vuestra paternidad; mas mucho es menester advertirle luego de ello, y que el padre fray Antonio no martirice a aquella santa18que cierto lo es.
Sea Dios con vuestra paternidad siempre.
Indigna sierva de vuestra paternidad.
Teresa de Jesús
9. No creo tendrá mortificación Isabel de santo Domingo19para ir allí; mas sería remediar aquella casa, y Brianda podría ir a Segovia, o María de San Jerónimo. Dios lo remedie. Y para la salud de Isabel de santo Domingo es la tierra caliente, y éstas no se atreverían a decir de ella, siendo tan aprobada. Esta abrí para borrar lo que decía de Mariano; porque no se perdiese la carta. Estoy tentadísima con él.

1. La carta 244 del 7.5.78.
2. En la posdata (n. 9) dirá que borró un párrafo («lo que decía sobre Mariano»). Quizás ocupase este lugar el pasaje tachado.
3. Parece aludir al P. Antonio de Jesús, siempre resentido con la Santa. Ahora ha pecado de demasiado crédulo en la visita a Malagón.
4. Las monjas del carmelo de Malagón.
5. La presidente de la comunidad de Malagón, Ana de la Madre de Dios (cf. n. 3), que suple a la priora Brianda de San José, enferma (n. 3).
6. Isabel de Jesús (Gutiérrez), del carmelo de Malagón, más tarde maestra de novicias.
7. El que está: palabras que suplen el nombre escrito por la Santa y borrado posteriormente; alude al licenciado Gaspar de Villanueva, confesor y capellán de la comunidad. — Los otros aludidos: Ana de la Madre de Dios es la presidente interina. Brianda es la priora, ausente por enfermedad. El visitador P. Antonio, da prisa porque vuelva ésta a su puesto.
8. Gracián ha «mandado» que en los carmelos no se dé de comer a los descalzos. A la «presidente» la acusan de atenerse a esa norma.
9. El que está, como en el n. 3, Gaspar de Villanueva. — La tema: la porfía, la manía (el tema).
10. La caridad de Ana de la Madre de Dios. — La pasada: Brianda de San José.
11. Torcedor: pretexto. — Ella: Brianda.
12. Antonio de Jesús (Heredia), visitador de la comunidad.
13. Priora de Segovia. Lo había sido de Pastrana.
14. Casar: construcción no apta para vivienda.
15 Es decir, cómo Gracián dio poderes al P. Antonio sin prevenirlo.
16. La N es debida al copista, en sustitución del nombre escrito por la Santa. Parece aludir a Brianda de San José.
17. Bartolomé de Jesús ha sido secretario de Gracián. — Francisco de la Concepción, carmelita calzado que ha pasado a la descalcez. — Antonio Ruiz, mercader de Malagón, amigo de la Santa.
18. Antonio de Jesús y Ana de la Madre de Dios.
19. La priora de Segovia. — Otras personas aludidas: Brianda de San José (la priora enferma), María de San Jerónimo (Dávila) que ha hecho de vicaria de la Santa en el Carmelo de San José de Avila. Ambrosio Mariano de San Benito.

S.230  E.228  Lf.193  A.II 25  T.117

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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