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Carta 249

Teresa de Ávila

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verano 1578 (Avila)
Al padre Gonzalo Dávila

Ha precedido una conversación entre la Santa y el destinatario, rector en el colegio de San Gil —«ocupadísimo» y «enfermo»—, sobre «el modo de portarse en las ocupaciones exteriores de suerte que no dañasen a las interiores» (A.I, p. 168). Las palabras de la Santa han provocado una humilde carta del Rector pidiendo consignas espirituales. A ello responde la Madre. — Datación incierta. El asunto de «la fuente» del colegio de San Gil —a que alude— se tramitó entre mediados de mayo (c. 247, 4) y el 19 de agosto de 1578 (c. 258, 7). Entre esas dos fechas fue escrita la carta.

1. Jesús sea con vuestra merced. Días ha que no me he mortificado tanto como hoy con letra de vuestra merced, porque no soy tan humilde que quiera ser tenida por tan soberbia, ni ha de querer vuestra merced mostrar su humildad tan a mi costa. Nunca letra de vuestra merced pensé romper de tan buena gana. Yo le digo que sabe bien mortificar y darme a entender lo que soy, pues le parece a vuestra merced creo de mí puedo enseñar. Dios me libre, si quiera se me acordase. Ya veo que tengo la culpa; aunque no sé si la tiene más el deseo que tengo de ver a vuestra merced bueno, que de esta flaqueza puede ser proceda tanta bobería como a vuestra merced digo y del amor que le tengo, que me hace hablar con libertad sin mirar lo que digo, que aun después quedé con escrúpulo de algunas cosas que traté con vuestra merced, y, a no me quedar el de inobediente, no respondiera a lo que vuestra merced manda, porque me hace harta contradicción. Dios lo reciba, amén.
2. Una de las grandes faltas que tengo es juzgar por mí en estas cosas de oración, y así no tiene vuestra merced que hacer caso de lo que dijere; porque le dará Dios otro talento que a una mujercilla como yo. Considerando la merced que nuestro Señor me ha hecho de tan actualmente traerle presente y que con todo eso veo que cuando tengo a mi cargo muchas cosas que han de pasar por mi mano, que no hay persecuciones ni trabajos que así me estorben —si es cosa en que me puedo dar prisa—, me ha acaecido, y muy de ordinario, acostarme a la una y a las dos y más tarde, por que no esté el alma después obligada a acudir a otros cuidados más que al que tiene presente. Para la salud harto mal me ha hecho, y así debe ser tentación, aunque me parece queda el alma más libre; como quien tiene un negocio de grande importancia y necesario y concluye presto con los demás para que no le impidan en nada a lo que entiende ser lo más necesario. Y así todo lo que yo puedo dejar que hagan las hermanas me da gran contento, aunque en alguna manera se haría mejor por mi mano; mas como no se hace por ese fin, Su Majestad lo suple y yo me hallo notablemente más aprovechada en lo interior mientras más procuro apartarme de las cosas. Con ver esto claro, muchas veces me descuido a no lo procurar, y cierto siento el daño y veo que podría hacer más y más diligencia en este caso y que me hallaría mejor.
3. No se entiende esto de cosas graves, que se pueden excusar, en que debe estar también mi yerro; porque las ocupaciones de vuestra merced sonlo y sería mal dejarlas en otro poder, que así lo pienso, sino que veo a vuestra merced malo, querría tuviese menos trabajos; y cierto que me hace alabar a nuestro Señor ver cuán de veras toma las cosas que tocan a su casa, que no soy tan boba que no entiendo la gran merced que Dios hace a vuestra merced en darle ese talento y el gran mérito que es. Harta envidia me hace, que quisiera yo así mi prelado. Ya que Dios me dio a vuestra merced por tal, querría le tuviese tanto de mi alma como de la fuente 1, que me ha caído en harta gracia y es cosa tan necesaria en el monasterio, que todo lo que vuestra merced hiciere en él, lo merece la causa.
4. No me queda más que decir. Cierto que trato como con Dios toda verdad, y entiendo que todo lo que se hace para hacer muy bien un oficio de superior es tan agradable a Dios, que en breve tiempo da lo que diera en muchos ratos cuando se han empleado en esto. Y téngolo también por experiencia, como lo que he dicho; sino que, como veo a vuestra merced tan ordinario tan ocupadísimo, así por junto me ha pasado por el pensamiento lo que a vuestra merced dije, y cuando más lo pienso veo que, como he dicho, hay diferencia de vuestra merced a mí. Yo me enmendaré de no decir mis primeros movimientos, pues me cuesta tan caro. Como vea yo a vuestra merced bueno, cesará mi tentación. Hágalo el Señor, como puede y deseo.
Súbdita de vuestra merced,
Teresa de Jesús.

1. Se trata de alumbrar o reparar una fuente en el colegio de San Gil. Para ello el Rector ha pedido, ya antes del 22 de mayo (c. 247, 4), la colaboración del padre Ambrosio Mariano de San Benito, con fama de ingeniero. La Santa ha trasmitido la petición a Gracián (cartas 247 y 258).

S.234  E.232  T.341

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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