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Carta 271

Teresa de Ávila

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octubre 1578 (Avila)
padre General Juan Bautista Rubeo

Rubeo ha muerto (4 septiembre 1578). Ella lo ignora. Han empeorado las relaciones entre los dos, con sumo dolor de la Santa, que no logra respuesta del General, ni sabe si éste recibe sus cartas. Sabe, en cambio, que ha tenido malos informes sobre ella y su reforma. Y que éstos influyen en la actitud hostil del nuncio Sega. Para contrarrestarlo salen para Roma dos descalzos. De ellos se sirve probablemente la Santa. Ya no escribe directamente a Rubeo: compone un memorial con las tres cosas que a toda costa quiere lleguen a sus oídos; y lo pone en manos de los emisarios, que llevan otro informe oficial. Ni el memorial ni su contenido llegarán al destinatario. — Fecha y portador: El memorial fue escrito en la primera quincena de octubre 1578, antes de que la Santa supiese la muerte del padre General, acaecida el 4 de septiembre y sabida por ella hacia el 13-14 de octubre. Ignoramos quién fue el portador: se han propuesto los nombres de Roque de la Huerta (que no viajó a Roma) y Pedro de los Angeles.

1. ...verdad de cuantas le escribe, soliendo ser todo al contrario, que la escribía muy a menudo y favorecía. Tampoco escribe ni trata con los demás monasterios, sino como si no fuese prelado. Bien se entiende le deben haber dicho cosas por donde haga tan gran extremo1.
2. Lo que se pretende de su paternidad reverendísima son tres cosas bien importantes para estos monasterios. La primera, si fuese posible, persuadirle a que no tenga por verdad lo que le han dicho de Teresa de Jesús, porque verdaderamente nunca ha hecho cosa que no sea de muy obediente hija. Esto es toda verdad, y contra ella no se hallará otra cosa. Y que, pues sabe que ella no trataría mentira por cosa de la tierra2, y conoce lo que suelen hacer personas apasionadas y que no la suelen tratar (pues lo ha visto por sí), que dé lugar a ser informado y a que, pues es pastor, no condene sin justicia y sin oír las partes. Y que, si todavía no ha de valer sino lo que le han dicho, acabar con su señoría que la castigue y dé penitencia y no esté en su desgracia más, que cualquiera será más suave para ella que verle enojado; que aun culpas grandes suelen perdonar los padres a los hijos, cuánto más no habiendo ninguna, sino habiendo pasado hartos grandes trabajos en fundar estos monasterios, entendiendo le daba contento, porque, dejado el ser prelado, le tiene muy grandísimo amor; y que no padezcan tantas siervas de Dios de estar en su desgracia, pues a ellas no les pone nadie culpa 3; sino que las tenga por hijas, como siempre las ha tenido, y las conozca por tales, pues no lo desmerecen sus obras.
3. Lo segundo, que, pues ahora ya ha acabado el visitador apostólico y están inmediatos estos monasterios de descalzas a su señoría4, que señale prelados a quien acudir, así para visitas como para otras cosas muchas que se ofrecen, que sea de los descalzos de la
Ver manuscrito
primera regla, y no las mande ser gobernadas de los de la mitigada5, así por ser muy diferente la manera del proceder del que llevan ellas en muchas cosas (que es imposible quien no vive así poder entender y remediar las faltas que hay), como porque su señoría sabe cuán mal les ha ido con su gobierno. Y, cuando fuere servido, le podrán informar de cuán mal lo iba haciendo a quien su señoría lo encomendó a la postre, con escogerle ellas por el mejor6; y esto no será quizá falta suya, sino no tener la experiencia, como tengo dicho, y esto hace gran daño. Y, sin esto, entrambos visitadores apostólicos7tienen hechas actas y con precepto para que estén sujetas a su señoría y a quien él mandare, con que sea de los de la primitiva regla, digo de los descalzos, visto el daño que hacía lo contrario8.
4.Puédese dar a entender a su paternidad reverendísima, si en esto no viniere9(aunque no de parte de las descalzas, sino como cosa que se ha medio entendido), que antes se darán a los ordinarios que consentir ser visitadas y gobernadas de los calzados, por estar su señoría tan lejos; que primero que se remediase el daño, podrían hacer mucho, como ya sabe que ha acaecido. Y esto ha sido alguna parte para no resistir a los visitadores estas casas, que, como reformadas, lo podrían hacer, por no se ver en su poder, como ya escarmentadas.
5.En esto no se ha de hablar, si no fuere después de veces que se haya tratado esotro y no lo quiera hacer; porque verdaderamente les sería terrible tormento dejar de ser súbditas del generalísimo10, si no fuese viéndose perdidas, que cualquier favor tendrán. Porque, dejado de que por su virtud son tenidas en mucho, así del rey como de personas principales, hay entre ellas mujeres de calidad, y para lo que les toca no les falta dineros, porque están hechos a una todos estos monasterios y no son necesitados, y algunos han fundado personas principales. No las traiga Dios a tiempo que se vean en esa necesidad y apartadas de
Ver manuscrito
tan buen pastor. Dios perdone a quien ha metido esta cizaña. Esto es una cosa importantísima y adonde ha de poner vuestra merced mucha fuerza, por amor de nuestro Señor.
6.Hecha provincia de descalzos11, al provincial se encomiendan siempre los monasterios de monjas; aunque, como en éstos es el trato sólo con Dios, para las cosas de mortificación y de perfección, harto más al caso nos haría, si fuese posible, dar el poder de ellos al padre maestro fray Jerónimo de la Madre de Dios, Gracián, porque ha visitado estos años, y su espíritu y discreción y manera de proceder tan suave y con tanta perfección y honestidad, parece le había escogido la Virgen para hacer que estas monjas fuesen muy adelante, porque a cada visita dicen que se les renuevan los deseos y quedan aprovechadísimas12.
7.Si esto se pudiera hacer, es lo que convenía, y ninguna de todas dirá otra cosa. Mas parece cosa imposible, por estar muy disgustado el reverendísimo general con él también, como con Teresa de Jesús, y mucho más, por las causas que se dirá en esotra información13. Es el que ha sido visitador apostólico por mandado del nuncio pasado y del rey; y, según las cosas le levantan14, no hay que espantar esté desabrido.
8.Sería gran servicio de nuestro Señor si esto se pudiese acabar, mas parece cosa imposible; y así es menester nombrar otros, que será o el padre presentado fray Antonio de Jesús, o el padre fray Juan de la Cruz, que estos dos padres fueron los primeros descalzos y son harto grandes siervos de Dios. Y si tampoco quisiere de éstos, sea el que su señoría mandare, como no haya sido de los calzados, ni sea andaluz. Hágase lo que se pudiere, que, andando el tiempo, se podrá acabar otra cosa con el favor del Señor. Harto será para lo primero quedar libres de los calzados.
9.Cualquiera de éstos que fuere, tendrá cuidado de enviar cada año las tasas ordinarias, como es razón del visitarlas hacer este reconocimiento al reverendísimo general, y cuando él no lo hiciese
Ver manuscrito
(lo cual sí hará, porque está obligado a ello), los monasterios las enviarán. Y si les diese al padre maestro fray Jerónimo Gracián, dobladas; y aun mucho más que diesen, quedarían harto gananciosas, por lo mucho que les importa. Aunque esto postrero no se sufre decir sino a algún compañero del reverendísimo general, informándose cuál es el más allegado suyo. Y todo lo dicho sería acertado tratarlo con él primero; que importaría mucho ganar la voluntad a los que están a su lado, con palabras y obras, para que se hiciese bien el negocio.
10.La tercera cosa es que tenga su señoría por bien de no atar más al prelado que gobernare estos monasterios que lo están los de todas las religiones, que tienen poder de, si les dan un monasterio y casa de religión o ellos la procuran para monjas, poder llevar algunas para comenzar a fundarle; que sin esto, puédese mal plantar la religión, y jamás general ha estorbado esto en su orden, antes ayudan y se alegran de que se multipliquen, como lo solía hacer el reverendísimo general del Carmen antes de estar tan mal informado. No se entiende qué se le podía decir de gente tan religiosa y que tan buen ejemplo da y ha dado, y con tanta honestidad y religión iban a poblar los monasterios, para que se les haya quitado lo que tienen todas las religiones, como está dicho.
11.En el capítulo general mandó el reverendísimo general, so pena de descomunión, que ninguna monja saliese, ni lo consintiesen los prelados, en especial Teresa de Jesús15. Esta, en estando a punto la casa, iba con algunas monjas a principiar la orden, y la admitía, conforme a las patentes que le tenía dadas el reverendísimo general, con toda la religión que se podía llevar; que antes edificaban si las veían, como se verá, si fuese menester, por una [información]...16
Ver manuscrito

1. Falta el comienzo, a causa de la mutilación del autógrafo. Sobre el carteo sin respuesta, ver c. 102. 14. Acerca del temor de malos informes al general, cf. Fund 28, 2; c 258, 9 («Dios le perdone a quien tan mal informado le tiene») y abajo n. 5.
2. La misma protesta de verdad en c. 102, 2 (compárese con Fund. pról. 3, Mor. IV, 2, 7: Vida 28. 4).
3. Es decir, se achaca la culpa sólo a los descalzos, no a las monjas.
4. Ha cesado la jurisdicción de Gracián como visitador; las monjas están bajo la dependencia inmediata del General, piensa la Santa.
5. Afirmaciones parecidas en c. 96, 1; 254, 10; 71, 12.
6. Angel de Salazar.
7. Pedro Fernández y Gracián.
8. Pueden verse las «actas» aludidas, en MHCT, t. I, pp. 115 (P. Fernández) y 316-317 (P. Gracián).
9. Si en esto no viniere: si no accede a esto.
10. Rubeo.
11. Sobre el vivo deseo de erigir provincia aparte, cf. c. 124, 9, 16 y 86, 2.
12. La insistencia en el mismo elogio, véase en Fund. 23, 1.3 y Modo 45; cartas 86 y 208; 393, 6.
13. Esotra información. Ver n. 11.
14. Nuncio pasado y el rey: Nicolás Ormaneto y Felipe II. — Calumnias que le levantan: eran recientes los memoriales de los descalzos Baltasar Nieto y Miguel de la Columna, y los del provincial andaluz Diego de Cárdenas: c. 208 1; 221, 2: 219, 1; 226, 6.11. — Esté desabrido con Gracián el General.
15. Alude al «Acta» del capítulo general de que habló en la carta 102 n. 11.
16. La carta continuaba remitiéndose probablemente a las informaciones hechas por obispos y amigos a favor de la Santa y de sus monjas. Ver carta, 208, 2.

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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