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Carta 283

Teresa de Ávila

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31 enero 1579 (Avila)
Al P. Hernando de Pantoja

Momento crítico en la actividad fundacional de la Santa. La oposición se ha agravado desde hace año y medio; muerte del nuncio Ormaneto y llegada del sucesor Felipe Sega. Este se ha declarado contrario a la Santa y a su reforma, y ha destituido a Gracián (23.7.1578), quien ha cesado toda actividad en Andalucía. En cambio ha entrado en acción el provincial andaluz, Diego de Cárdenas, instruyendo en el carmelo sevillano un proceso en que logrará filtrar calumnias soeces contra Gracián, la Santa y María de San José priora de Sevilla. Depone a esta última, intenta expulsarla de su carmelo y nombra vicaria en su lugar a Beatriz de la Madre de Dios, recién profesa. Envía al nuncio las actas del proceso y con ellas las cartas de la Santa que ha secuestrado en el convento. Sega decide la condena de Gracián: deposición de todo cargo, reclusión en el colegio de Alcalá de Henares, castigo a ayunos y disciplinas extraordinarias y prohibición de toda correspondencia epistolar (especialmente con las monjas) excepto con sus padres y con el mismo Nuncio. — Los hechos de Sevilla son de noviembre-diciembre 1578. La condena de Gracián del 20.12.1578. La Santa conoce ya el contenido del proceso. También María de San José está incomunicada: la Santa no puede hacerle llegar cartas por vía normal. Se sirve de un mensajero de ocasión (el mozo de Avila) y del venerable prior de la Cartuja de Las Cuevas (Sevilla) de unos 89 años de edad a quien envía dos misivas: una para él, explicándole el caso; la otra para que la lea o haga leer a las carmelitas de Sevilla.

Al ilustre y muy reverendo señor mío don Hernando, prior de Las Cuevas, mi señor, en Sevilla.
1. Jesús. — La gracia del Espíritu Santo sea con vuestra paternidad, padre mío. ¿Qué le parece a vuestra paternidad de la manera que anda aquella casa del glorioso San José1y cuáles han tratado y tratan a aquellas sus hijas sobre lo que ha mucho tiempo que padecen trabajos espirituales y desconsuelos con quien las había de consolar? Paréceme que, si mucho los han pedido a Dios, que les luce. Sea por todo bendito.
2. Por cierto que por las que están allá que fueron conmigo2, yo tengo bien poca pena y algunas veces alegría de ver lo mucho que han de ganar en esta guerra que las hace el demonio. Por las que han entrado ahí la tengo3, que cuando habían de ejercitarse en ganar quietud y deprender las cosas de su Orden, se les vaya todo en desasosiegos que, como a almas nuevas, les puede hacer mucho daño. El Señor lo remedie. Yo digo a vuestra paternidad que ha hartos días que anda el demonio por turbarlas. Yo había escrito a la priora4 comunicase con vuestra paternidad todos sus trabajos. No debe haber osado hacerlo. Harto gran consuelo fuera para mí poder yo hablar a vuestra paternidad claro; mas, como es por papel, no oso, y si no fuera mensajero tan cierto5, aun esto no dijera.
3. Este mozo vino a rogarme si conocía en ese lugar quien pudiese darle algún favor con abonarle6para que entrase a servir, porque por ser esta tierra fría y hacerle mucho daño no puede estar en ella, aunque es natural de aquí. A quien ha servido —que es un canónigo de aquí, amigo mío— me asegura que es virtuoso y fiel; tiene buena pluma de escribir y contar.
Ver manuscrito
Suplico a vuestra paternidad, por amor de nuestro Señor, si se ofreciere cómo le acomodar, vuestra paternidad me haga esta merced y servicio a Su Majestad; y en abonarle de estas cosas que he dicho, si fuere menester; que de quien yo las sé no me dirá sino toda verdad.
4.Holguéme cuando me habló, por poderme consolar con vuestra paternidad y suplicarle dé orden cómo la priora pasada7lea esa carta mía con las que son de por acá, que ya sabrá vuestra paternidad cómo la han quitado el oficio y puesto una de las que han entrado ahí, y otras muchas persecuciones que han pasado, hasta hacerles dar las cartas que yo las he escrito, que están ya en poder del nuncio8. Las pobres han estado bien faltas de quien las aconseje, que los letrados de acá están espantados de las cosas que las han hecho hacer con miedo de descomuniones.
5.Yo le tengo de que han encargado harto sus almas. Debe ser sin entenderse, porque cosas venían en el proceso9, de sus dichos, que son grandísima falsedad, porque estaba yo presente y nunca tal pasó. Mas no me espanto las hiciesen desatinar, porque hubo monja que la tenían seis horas en escrutinio, y alguna de poco entendimiento firmaría todo lo que ellos quisiesen. Hanos acá aprovechado para mirar lo que firmábamos10, y así no ha habido qué decir.
6.De todas maneras nos ha apretado nuestro Señor año y medio ha11; mas yo estoy confiadísima que ha de tornar Su Majestad por sus siervos y siervas, y que se han de venir a descubrir las marañas que ha puesto el demonio en esa casa, y el glorioso San José ha de sacar en limpio la verdad y lo que son esas monjas que de acá fueron, que las de allá no las conozco, mas sé que son más creídas de quien las trata12,
Ver manuscrito
que ha sido un gran daño para muchas cosas.
7.Suplico a vuestra paternidad, por amor de nuestro Señor, no las desampare y las ayude con sus oraciones en esta tribulación, porque a solo Dios tienen, y en la tierra no hay ninguno con quien poderse consolar. Mas Su Majestad que las conoce las amparará y dará a vuestra paternidad caridad para que haga lo mismo.
8.Esa carta13envío abierta por que, si las tienen puesto precepto que den las que recibieren mías al provincial14, dé vuestra paternidad orden cómo se la lea alguna persona, que podrá ser darles algún alivio ver letra mía. Piénsase las quería echar del monasterio el provincial; las novicias se querían venir con ellas.
9.Lo que entiendo, es que el demonio no puede sufrir ahí descalzos ni descalzas, y así las da tal guerra; mas yo fío en el Señor le aprovechará poco. Mire vuestra paternidad que ha sido el todo para conservarlas ahí; ahora que es la mayor necesidad, ayude vuestra paternidad al glorioso San José.
10.Plega a la divina Majestad guarde a vuestra paternidad para amparo de los pobres (que ya sé la merced que ha hecho vuestra paternidad a esos padres descalzos) muy muchos años con el aumento de santidad que yo siempre le suplico, amén.
Es hoy postrero de enero.
Indigna sierva y súbdita de vuestra paternidad,
Teresa de Jesús.
Si vuestra paternidad no se cansa, bien puede leer esa carta15que va para las hermanas.
Ver manuscrito

1. Aquella casa: el carmelo de Sevilla.
2. De Beas para Sevilla «partimos con su Reverencia (con la Santa) seis monjas, que fueron la hermana Ana de San Alberto, que después fue a ser priora de Caravaca..., la hermana María del Espíritu Santo y la hermana Leonor de San Gabriel...; hermana Isabel de San Jerónimo... de las que fundaron en Pastrana: la hermana Isabel de San Francisco» y la propia María de San José que nos da los nombres en el Libro de Recreaciones, recreación 9. — Recuérdese el elogio que de ellas hace la Santa en el Libro de las Fundaciones 24, 6: «seis que iban conmigo eran tales almas, que me parece me atreviera a ir con ellas a tierra de turcos...».
3. Habían entrado en el carmelo de Sevilla al menos otras 13, una de ellas ya fallecida.
4. Carta probablemente perdida. Con frecuencia la Santa envía cartas a María de San José por mediación de H. Pantoja para que éste las lea, y a la inversa (c. 152, 3 y 175, 11).
5. Mensajero: el mozo avilés de que habla en seguida.
6. Abonarle: dar fe de su bondad y buena conducta.
7. La priora depuesta, María de San José.
8. El nuncio Felipe Sega. — Sobre el tema de las cartas cf. c. 284, 6.
9. El proceso instruido por el provincial carmelita Diego de Cárdenas en el carmelo de Sevilla. Alude a las calumnias contra Gracián (ver c. 284, 6).
10. Acá: en San José de Avila o bien en los carmelos de Castilla, también expuestos a vejaciones semejantes a las de Sevilla.
11. Año y medio: desde la muerte de Ormaneto habían pasado más de 19 meses.
12. Quien las trata: alusión al confesor Garciálvarez, que se había puesto de parte del provincial Cárdenas y estaba confabulado con la vicaria, H. Beatriz.
13. Esa carta: es la carta a las descalzas de Sevilla: c. 284.
14. El provincial: Diego de Cárdenas que ha secuestrado las cartas de la Santa y las ha enviado a Madrid. Sobre la propia incomunicación, dice María de San José: «me tenían tan en guarda, que ni hablar ni tratar con nadieera posible, ni aun con las hermanas me dejaban hablar» (Libro de las Recreaciones, R. 9).
15. Esa carta: la que envía a las Hermanas (cf. nota 13).

S.263  E.263  Lf.228  T.343

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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