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Carta 287

Teresa de Ávila

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12 marzo 1579 (Avila)
A Roque de Huerta

Gracián ha quedado incomunicado en Alcalá. Los otros dos procesados —Antonio y Mariano— todavía no están «libres». Roque se duele amargamente de no poder «dar cartas... ni hablar» a «esos padres». Entre tanto Sega y los jueces que han procesado a Gracián siguen deliberando sobre el porvenir de la Reforma, y los descalzos enviados a Roma tramitan allí la erección de provincia. — Abundante carteo de la Santa por medio de Roque. — Data no segura.

2. Como yo vea que están buenos esos padres1 y que se les guarda justicia, no hay qué temer; y aunque no se les guardara, que nunca mejor tiempo nos puede venir, que es cuando padeciésemos sin culpa; cuánto más que el señor nuncio2 me dicen que es muy siervo de Dios, y así se irá informando de todo, y los demás jueces lo mismo. Pues no se pueden dar cartas a esos padres ni hablar, no hay para qué los escribir3, que quisiera consolarlos y decir la envidia que los tengo.
3. Ya recibí la carta que vino por Toledo y ésta que trajo Pedro Ríes4, tan desconfiada que me ha hecho reír y alabar a nuestro Señor de ver la caridad de vuestra merced y cuán a pechos toma nuestros negocios. Algún día lo podremos servir.
4. A los jueces les sobra razón en decir que no harán cosa por favor, porque no sería buena justicia la que por él se moviese a más de la verdad.
5. La señora doña María de Montoya5 no tiene razón en pensar que nos pasa por pensamiento que las cartas que se llevaren al señor canónigo6harán al caso para acabar el negocio, pues esto lo ha de hacer

Ver manuscrito
1. Jesús. — La gracia del Espíritu Santo sea con vuestra merced. Pena me ha dado la que a vuestra merced le dan los negocios. Sepa que no los tomo yo con esa pesadumbre, porque entiendo que son de Dios y que Su Majestad tiene más cuenta con ellos que nosotros, y así con cualquier cosa que suceda estaré contenta: porque se le ha encomendado muy mucho y de buenas almas. Y así por ventura es lo que más conviene para su servicio lo que a nosotros nos parece más contrario; y así vuestra merced no tenga pena de nada; no se acaba luego el mundo.
Su Majestad mas suelen aprovechar para acreditar a los que piden de que son personas que tratan de religión y que son por tales tenidas en España, que mientras más hay de esto es mejor.
6.Esas cartas me envió el señor doctor Rueda7que diese a su majestad; vuestra merced mismo se las dé y mi besamanos. Bien quisiera enviar a la del conde8. A su señoría beso las manos muchas veces. Hanos dado gran contento la salud de su hijo9. Vuestra merced se lo diga y que nos consuela saber que está su señoría en esa corte.
7.La carta que va para el padre prior de San Agustín10, mande vuestra merced dar a quien la dé en su mano propia, y que no se sepa que va de mi parte ni de la de vuestra merced; crea que nos puede dañar. Y la que va para el padre descalzo de San Francisco11, también envíe vuestra merced con persona cierta, que es un padre muy mi amigo. Esotra es de mi hermano12. Suplico a vuestra merced la dé a quien va y le diga le envíe la respuesta, y vuestra merced me la envíe, y perdóneme. Si no es esta carta, las demás son de importancia para lo que nos toca.
8.Siempre veo que dan las cartas estos carteros a vuestra merced seguras y a mí también; no es menester otros rodeos; que, como estos padres13tienen ya lo que quieren, no andarán tan diligentes. Selle vuestra merced bien la carta.
9.Crea que, como yo vea a nuestro padre Gracián14sin ser visitador, me parecerá se puede sufrir lo de

más. Esto era lo que me traía atormentada siempre. Y como mandase que lo fuese nuestro de cualquier Orden, estaría bien contenta, como no fuese de estos nuestros padres.
Hágalo Dios como puede y guarde a vuestra merced y a esas señoras, en cuyas oraciones me encomiendo mucho.
Son hoy 12. Indigna sierva de vuestra merced,
Teresa de Jesús.

Ver manuscrito

1. Esos padres: los tres castigados por el nuncio Sega: Gracián, Antonio y Mariano.
2. Nuncio: Felipe Sega. — Los demás jueces: son Luis Manrique, Pedro Fernández, Hernando del Castillo y Lorenzo de Villavicencio, asociados a Sega para enjuiciar la conducta de Gracián.
3. Alude a la sentencia dictada por Sega el 20.12.1578 contra Gracián: «...que no escriba ni reciba letras ningunas de negocios de ninguna persona, especialmente de monjas de ninguna religión. Item, que no se entremeta en negocios de la dicha religión por ninguna vía ni manera...» (MHCT 2, 81). La Santa parece creer que ambas sanciones alcanzan también a los otros dos padres.
4. El recadero y cartero de la Santa en San José de Avila.
5. Hermana del canónigo Diego de Montoya, que en Roma se interesa por la causa de los descalzos (ver c. 440).
6. El canónigo Montoya (nota 5). Las cartas que le llevaron son probablemente letras comendaticias de prelados y otras personas a favor de los descalzos. Véase por ejemplo la de don Alvaro (del 22.10.1578: MHCT 2. 40).
7. Don Fernando Rueda, canónigo de Avila y asesor de la Santa.
8. Conde de Tendilla, Luis Hurtado de Mendoza.
9. Su hijo: Iñigo López de Mendoza.
10. Prior de los agustinos de Madrid, Lorenzo de Villavicencio, uno de los jueces asociados al nuncio Sega para juzgar a Gracián.
11. Probablemente el padre Antonio de Segura (ver carta a él).
12. Mi hermano, Lorenzo de Cepeda.
13. Los calzados, apaciguados con la reciente condena de Gracián.
14. Jerónimo Gracián.

S.267  E.267  T.444

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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