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Carta 34

Teresa de Ávila

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    teresiano
mediados junio 1571 (Avila)
A doña María de Mendoza

La Santa ha sido alejada autoritariamente de Medina por el padre Provincial, que sigue tenso con ella. Ahora, en Avila, ha conocido al Visitador apostólico, el dominico Pedro Fernández, que pronto la hará regresar a Medina de priora. De ahí el tono reticente de ciertas expresiones. — Envía a doña María dos cartas, de las que sólo se conserva la segunda. — Ella: en Avila tiene «harto poca salud... mas ya estoy buena».

1. Jesús sea con vuestra señoría. Cuando me dieron la carta de vuestra señoría ya tenía escrita ésa. Beso las manos de vuestra señoría muchas veces por el cuidado que tiene de hacerme merced; no es cosa nueva. Harto poca salud he traído después que estoy aquí, mas ya estoy buena; y, como tengo aquí a su señoría1, todo se pasa bien, aunque mejor fuera tener este descanso con el que me diera estar con vuestra señoría, que de hartas cosas me fuera alivio tratarlas con vuestra señoría. Mas no me parece se podrá hacer con la brevedad que pensé, por algunas causas2.
2. Vuestra señoría lo tratará todo con el padre visitador3, que, como escriben eso, hame contentado mucho. Es muy servidor de vuestra señoría, y me consoló ver con la afición que habla en vuestra señoría y así creo en todo hará lo que vuestra señoría mandare. Suplico a vuestra señoría le muestre mucho favor y haga la merced que acostumbra hacer a personas semejantes; porque es el mayor prelado que ahora tenemos, y su alma debe de merecer mucho delante de nuestro Señor.
3. En lo que toca a guardar esas monjas4, ya yo veo la merced que vuestra señoría me hace; mas, como me escribe el padre Suárez5, de la Compañía, que es quien las había de hablar e informar de nuestra Religión, y ellas sean para ella, no hay por qué se detener, sino que se pida licencia al padre provincial6, y vuestra señoría mande que las reciba; y si no, al padre visitador, que la dará luego y es con quien más me entiendo, que el padre provincial, aunque más le escribo, no me quiere responder.
4. Pena me ha dado el mal de mi señora la abadesa7. Sea Dios bendito, que de una manera o de otra nunca le falta a vuestra señoría de qué la tener. Acá la encomendamos a Dios todas, y a vuestra señoría. No es menester mandármelo, cuando hay tan buen despertador como el amor. Plega a nuestro Señor que no sea nada, y que vuestra señoría esté presto buena. Estas hermanas todas besan las manos de vuestra señoría muchas veces.
5. Hanme escrito que anda vuestra señoría muy espiritual. No se me ha hecho cosa nueva; mas holgárame de estar más cerca, y a no ser como soy, gustara de tratarlo con vuestra señoría. Este padre visitador me da la vida, que no creo se engañará conmigo como todos, que quiere Dios darle a entender cuán ruin soy, y así a cada paso me coge en imperfecciones. Yo me consuelo mucho y procuro que me las entienda. Gran alivio es andar con claridad con el que está en lugar de Dios, y así le tendré el tiempo que estuviere con él.
6. Ya sabrá vuestra señoría cómo llevan a fray Domingo8 por prior a Trujillo —que le eligieron— y los de Salamanca9 han enviado a pedir al padre provincial10que se lo deje, no saben lo que hará. Tierra trabajosa es para su salud. De que vuestra señoría vea al padre provincial de los dominicos, ríñale que no me vio en Salamanca, que estuvo hartos días. ¡Es verdad que le quiero yo poco! Ya va esto para cansar mucho a vuestra señoría; pues va otra carta, no más; que, como yo me consuelo de hablar con vuestra señoría, no miraba en ello.
Indigna sierva y súbdita de vuestra señoría,
Teresa de Jesús, carmelita.

1. Su Señoría: el obispo don Alvaro, hermano de doña María.
2. Por algunas causas: alude probablemente a la actitud del provincial, Alonso González, que la ha mandado abandonar el carmelo de Medina, nombrando priora de él a una monja de La Encarnación, doña Teresa de Quesada.
3. Visitador de los carmelitas de Castilla, Pedro Fernández, dominico. De su actitud con la Santa en este primer tiempo cuenta el padre Báñez: «Siendo hombre muy legal y recatadísimo de falsos espíritus, tratando con la dicha Teresa de Jesús, a quien con más miedo que este testigo comenzó a examinar, y al fin se venció y le dijo a este testigo que en fin, Teresa de Jesús era mujer de bien, que en boca de dicho maestro era gran encarecimiento» (BMC 18, 9).
4. Esas monjas: las carmelitas de Valladolid.
5. El jesuita Juan Suárez, entonces «prepósito» de la casa profesa de Valladolid.
6. Provincial de los carmelitas, Alonso González.
7. Abadesa de las Huelgas Reales de Valladolid doña Ana Quixada de Mendoza.
8. Domingo Báñez, dominico.
9. Los dominicos de Salamanca.
10. Provincial de los dominicos, Alonso de Hontiveros.

S.30  E.32  Lf.52  A.II 9  T.391

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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