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Carta 374

Teresa de Ávila

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febrero 1581 (Palencia)
Al padre Jerónimo Gracián

Ha precedido un importante cruce de cartas (perdidas) en torno al capítulo de Alcalá, ya inminente. Ella ha escrito al comisario (nn, 4 y 7) sugiriendo puntos para las constituciones de las monjas («ocho cosas»), y proponiendo nombres para el provincialato: Gracián, Doria y Juan de Jesús Roca, no «Macario». — Gracián ha respondido oponiendo reparos a las sugerencias sobre las constituciones, y desechando la propia candidatura. Pero la Santa se ratifica en lo uno y en lo otro. — La carta está incompleta; refleja medianamente el contenido del precedente «memorial» (n. 7). Datación incierta. Son autógrafos los nn. 3-8. Según Silverio la carta continuaría con los 5 puntos de la siguiente (375).

1. En que perpetuamente no sean vicarios1 de las monjas los confesores pongo mucho; porque es cosa tan importante para estas casas, que con serlo tanto el confesarse con los frailes, como vuestra paternidad dice yo veo, antes pasaría porque se esté como se está y no lo puedan hacer, que por que cada confesor sea vicario. En esto hay tantos inconvenientes como yo diré a vuestra paternidad de que le vea. En esto suplico fíe de mí, porque cuando se hizo San José se miró mucho 2, y fue una de las cosas porque parecía a algunos y a mí que estaba bien sujeta al ordinario, por que no viniese a esto. Hay grandes inconvenientes que he yo sabido donde los tienen, y para mí uno basta: que tengo bien visto que si el vicario se contenta de una, no puede la priora quitar que parle lo que quisiere con ella, porque es superior, y de aquí vienen mil desventuras.
2. Por lo mismo es también necesario, y por otras hartas cosas, que tampoco estén sujetas a los priores. Acierta uno a saber poco y mandará cosas que las inquiete a todas; porque no habrá ninguno como mi padre Gracián; y hemos de mirar los tiempos por venir, pues ya hay tanta experiencia, y quitar las ocasiones, porque el mayor bien que pueden hacer a estas monjas es que no haya más plática con el confesor de oír sus pecados, que para mirar el recogimiento basta ser confesores para dar aviso a los provinciales.
3. Todo esto he dicho por si a alguno le pareciere otra cosa o al padre comisario3: lo que creo no hará, que en muchas partes confiesan a las monjas y no son
Ver manuscrito
vicarios en su Orden. Vanos todo nuestro ser en quitar la ocasión para que no haya estos negros devotos, destruidores de las esposas de Cristo; que es menester pensar siempre en lo peor que pueda suceder para quitar esta ocasión, que se entra sin sentirlo por aquí el demonio. Sólo esto y tomar mucho número de monjas, es el miedo que siempre traigo que nos ha de dañar, y así suplico a vuestra paternidad ponga mucho en que queden estas dos cosas en las constituciones4, muy firmes. Esta merced me haga a mí.
4.No sé cómo dice callemos ahora en esto de confesar los frailes, pues ve cuán atadas estamos en la constitución del padre fray Pedro Fernández5, y confieso haber necesidad de ello. Ni tampoco sé por qué no ha de hablar vuestra reverencia en lo que nos toca a nosotras. Yo le digo que va tan encarecido en mi carta el provecho que hace cuando vuestra reverencia nos visita, como es verdad, que puede bien tratar lo que quisiere para hacernos merced, que bien lo debe a estas monjas, que hartas lágrimas les cuesta. Antes no querría yo hablase otro sino vuestra reverencia y el padre Nicolao6; pues nuestras constituciones o lo que ordenare para nosotras no es menester tratarlo en capítulo ni que lo entiendan ellos, que sólo consigo y conmigo lo trató el padre fray Pedro Fernández7(que haya gloria); y aunque le parezcan a vuestra reverencia algunas de esas ocho cosas que pongo al principio de poca importancia8, sepa que son de mucha, y así querría no quitasen ninguna, porque en esto de monjas puedo tener voto, que he visto muchas cosas por donde se vienen a destruir, pareciendo de poco momento.
5.Sepa que quería enviar a suplicar al padre prior y comisario que hiciese maestros y presentados a los que te-nían letras para ello de vuestras reverencias; porque para algunas cosas es necesario, y por que no tuviesen que ir al general9, y como vuestra reverencia dice que no trae comisión sino para asistir al capítulo y hacer constitución,
Ver manuscrito
lo he dejado.
6.Paréceme que no concedieron10todo lo que se pidió, que harto bien fuera para no tener que ir a Roma en algunos años. Menester será que luego escriba al general dándole cuenta de lo que pasa, una carta muy humilde y ofreciéndose por sus súbditos, que es razón; y vuestra reverencia también escriba a fray Angel11—que se le debe— agradeciéndole lo bien que lo ha hecho con él y que siempre le ha de tener por hijo; ¡y mire que lo haga!
7.Ahora tratemos de lo que vuestra reverencia dice acerca de que no le elijan o confirmen y yo escribo al padre comisario. Sepa, mi padre, que cuanto al deseo que yo he tenido de verle libre, entiendo claro que obra más el mucho amor que le tengo en el Señor que el bien de la Orden, y de éste procede una flaqueza natural de sentir tanto que no entiendan todos lo que deben a vuestra reverencia y lo que ha trabajado, y por no oír una palabra contra él, que no lo puedo llevar; mas venido al efecto, todavía ha podido más el bien general. Aunque andando vuestra reverencia siempre con el padre Nicolao, si le eligiesen, me parecía se hacía lo uno y lo otro. Mas bien entiendo que esta primera vez sería para todo muy mejor tenerlo vuestra reverencia a su cargo, y así lo digo al padre comisario. Y no siendo esto, el padre Nicolao12, andando vuestra reverencia por su compañero, por la experiencia que tiene y el conocer los sujetos de frailes y monjas. Esta experiencia le digo que tenemos de no ser para ello Macario. En todo le doy buenas razones y digo que lo entendía así el padre fray Pedro Fernández13, que harto quisiera tuviera gobierno por las causas que había para serlo; mas ¡el daño que haría ahora!
8.También metí allá al padre fray Juan de Jesús, porque no pareciese me resumía en dos solos, aunque le dije la verdad que no tenía éste don de gobierno —como a mi parecer, no le tiene—, mas que trayendo por compañero uno de los dos se podía pasar, porque era llegado a razón y tomaría parecer. Y así lo creo, que como anduviese vuestra paternidad con él no saldría de lo que le dijese en nada, y así lo haría bien. Mas yo estoy segura que no tendrá votos. El Señor lo encamine como sea más para su gloria y servicio, que espero sí hará, pues ha hecho lo más. Harta lástima...

1. Vicarios: superiores con poderes delegados sobre la comunidad de monjas. Así en la Encarnación. Ya descartados por la Santa en el Camino 5, 6 y en Modo 39.
2. Ver Camino 5, 7. — Sujeta al Ordinario: la casa de San José de Avila, fundada bajo la jurisdicción del Obispo.
3. Juan de las Cuevas, comisario que presidirá el capítulo de Alcalá.
4. Así lo hizo Gracián: ver Constit. del 1581: sobre la exclusión del «vicario», c. 6, 2; sobre el número de monjas, c. 2, 8-10.
5. Alude a las decisiones del visitador apostólico, Pedro Fernández, dadas hacia 1576: cf. MHCT, I, p. 114 s.
6. Nicolás Doria.
7. Lo repetirá en la c. 376, 4.
8. La Santa debió escribir al Capítulo o al Comisario (n. 7) una carta en que encarecía la eficacia de las visitas de Gracián a las carmelitas. Cabe dudar si esos «ocho puntos» estaban en dicha carta o bien «al principio» de la que ahora escribe a Gracián (fragmento inicial perdido).
9. Juan Bautista Caffardo. -. El Breve pontificio «Pía consideratione» no otorgaba poderes al presidente del capítulo para conferir grados de «maestro y presentado», como la Santa deseaba.
10. En dicho Breve de separación, del 22.6.1580 (MHCT, II. p. 192 s.).
11. Angel de Salazar, que había regido la reforma de la Santa en calidad de Vicario general hasta las vísperas del capítulo (MHCT, II, p. 249).
12. Nicolás Doria. Los candidatos de la Santa son: o Gracián, con Doria por «compañero»; o Doria con Gracián por «compañero»; o Juan de J. Roca con uno de los dos anteriores por «compañero».
13. Dominico, ex-visitador de las carmelitas de Castilla.

S.350  E.346  Lf.323-324  A.III 28, nn. 10-11.15  T.159

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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