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Carta 377

Teresa de Ávila

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27 febrero 1581 (Palencia)
Al padre Jerónimo Gracián

Ha recibido la última remesa de memoriales para el capítulo y los remite a Gracián. Vuelve a aportar sugerencias para las Constituciones. Puntos de mira: pobreza y mortificación, sufragios, clausura, conventualidad de las fundadoras, codificación de las leyes para sus carmelos. — Ella:«bien nos va aquí, y cada día mejor». La ha asaltado el temor de que sus precedentes cartas y «apuntamientos» se hayan extraviado. Y otro: que Gracián pierda los papeles confidenciales de ella sobre el capítulo: «sería recia cosa». Siguen llegando rumores sobre la candidatura de «Macario» (Antonio) para provincial; pero no la turban. Planea ya nuevas fundaciones. Carta con amplias posdatas.

1. Jesús sea con vuestra reverencia, mi padre. Ya veo habrá poco lugar ahora para leer cartas. Plega a Dios sepa ser breve en ésta.
2. Aquí van los memoriales que faltaban1. Bien hizo vuestra reverencia en decir viniesen acá primero y sus peticiones, que las que dicen en San José de Avila querrían se hiciesen son de manera que no les faltaba nada para quedar como la Encarnación. Espantada estoy de lo que hace el demonio, y tiene casi toda la culpa el confesor2, con ser tan bueno; mas siempre ha dado en que coman todas carne, y ésta era una de las peticiones que pedían. ¡Mire qué vida!
3. Harta pena me ha dado ver cuán estragada está aquella casa y que ha de ser trabajo tornarla a su ser, con haber muy buenas monjas; y para ayuda piden al padre provincial fray Angel3 que puedan tener algunas, que tienen poca salud, algo en sus celdas para comer; y dícenselo de suerte que no me espanto se la diese. ¡Mire quién tal iba a pedir a fray Angel! Así poco a poco se viene a destruir todo. Por eso en la acta que se pusiere —que yo pedí—4. para que los prelados no puedan dar licencia para que posean nada, es menester traiga alguna fuerza y aunque estén enfermas; sino que la enfermera tenga cuidado de dejarle de noche, si algo hubiere menester; y de esto hay mucho y gran caridad, si es la enfermedad que lo requiere.
4. Esto se me ha olvidado, mas otras que me escriben me lo acuerdan: que quede en su capítulo determinado lo que han de rezar por cada monja que se muera vuestras reverencias; que conforme a lo que hicieren haremos nosotras; que no hacen sino rezarlos, y creo hasta ahora no nos dicen misa. Lo que acá se hace es su misa cantada y un oficio de finados el convento. Creo es de las constituciones antiguas5, porque así se hacía en la Encarnación.
5. No se le olvide esto. Y también se mire si hay obligación de guardar el motu-proprio6 de no salir a la iglesia ni a la puerta a cerrar. Ello se ha de hacer en habiendo comodidad, porque es lo más seguro aunque no lo mandara el Papa; más vale que quede determinado ahora; y adonde no fuere posible
por ser comienzos de casa, qué se ha de hacer; y creo en todas lo será, como ya sepan no se puede hacer otra cosa. No deje de quedar hecho, por caridad. Ya en Toledo han cerrado la puerta que salía a la iglesia, y en Segovia —y aun sin decírmelo—, y estas dos prioras7son siervas de Dios y recatadas; y así, ya que yo no soy para ello, quiero que me despierten. En fin, en cuantos monasterios encerrados hay se hace así.
6.En lo que pedí que las que salieren a fundar se queden, si no fueren elegidas en sus casas, queda muy corto. Hágame vuestra reverencia poner: «o por otra causa que sea notable necesidad»8.
7.Ya creo he escrito a vuestra reverencia que, si pudiesen quedar todas juntas las actas de los visitadores apostólicos y las constituciones9, que fuese todo uno, sería bien; porque como se contradicen en algunas cosas, andan tontas las que poco saben. Mire que, aunque tenga mucho que hacer, tome tiempo para dejar esto muy llano y claro, por amor de Dios; que, como lo he escrito en tantas partes, pienso no se embeba en las letras y se le olvide lo mejor.
8.Como vuestra reverencia no me ha escrito que lo ha recibido, ni carta mía, hame dado tentación si urdiese el demonio que no hayan llegado a sus manos lo principal de los apuntamientos y las cartas que he escrito a nuestro padre comisario10. Si por dicha fuere esto, haga vuestra reverencia luego un propio que yo le pagaré, que sería recia cosa. Bien creo es tentación, porque el correo de aquí es nuestro amigo11y las ha encargado mucho.
9.Sepa que me han avisado que algunos de los que han de votar van deseosos de que salga el padre Macario12. Si Dios lo hiciere después de tanta oración, eso será lo mejor; juicios suyos son. Alguno de los que ahora dice esto, le vi yo bien inclinado al padre Nicolao13, y si se han de mudar será a él. Dios lo encamine y a vuestra reverencia guarde. Por mal que sucediese, en fin queda hecho lo principal. Sea El alabado por siempre.
10.Querría que vuestra reverencia apuntase en un papelillo las cosas de sustancia que le he escrito y quemase mis cartas, porque con tanta baraúnda podríase topar con alguna, y sería recia cosa.
11.Todas estas hermanas
se encomiendan mucho a vuestra reverencia, en especial mis compañeras14.
Es mañana postrero del mes. Creo es hoy 27.
Bien nos va aquí y cada día mejor. Una casa en muy buen puesto traemos en habla. Ya querría verme desocupada de por acá, por no estar tan lejos.
12.Mire que no ponga inconveniente en lo de San Alejo15, que para de presente, aunque sea un poco lejos, no hallarán tan buen puesto. Contentóme mucho cuando pasé por allí, y tiénelo comprado a lágrimas aquella mujer16. Este monasterio querría fuese el primero y el de Salamanca17, que son buenos lugares. No piensen para tomar posesión andar a escoger, pues no tienen dinero. Después lo hace Dios, y en Salamanca es a peso de oro las casas, que no sabemos qué remedio tener de hallarlas para las monjas. Créanme en esto por caridad, que tengo experiencia; que, como digo, Dios lo viene todo a hacer bien. Aunque sea en un rincón, en partes semejantes es gran cosa tener principio. Su Majestad dé en todo el fin que es menester para su servicio, amén.
Indigna sierva y súbdita de vuestra paternidad,
Teresa de Jesús.
Ver manuscrito
13.Harto querría se hiciese luego esto de San Alejo, dejado lo principal, por que se acercase por acá; y no han de venir hasta tener negociada la licencia con el abad18, que el obispo está ya mejor con él y su hermana la recaudará. Dígalo de mi parte a esos padres que lo trataren que, si mucho andan a escoger a los principios en buenos lugares, que se quedarán sin nada.
Ver manuscrito

1. Memoriales de las monjas al capítulo. Ya ha enviado otro lote: c. 376, 10.
2. Julián de Avila.
3. Angel de Salazar, carmelita.
4. Probable alusión al memorial perdido (c. 374 nota 8). — Lo de tener «algo en sus celdas» estaba ya prohibido en las Const. n. 10 y 26.
5. Ver las Constituciones de la Encarnación, parte I, rúbrica 2 (BMC, t. 9, p. 483) y las de la Santa n. 33.
6. Motu proprio: de Gregorio XIII De sacris virginibus (30.12.1572). También pasó a las Const. de 1581, c. 3, n. 3.
7. Ana de los Angeles (priora de Toledo) e Isabel de Santo Domingo (de Segovia).
8. Las Const. de 1581 prescribirán: «las religiosas que hubieren fundado algún convento no podrán ser echadas de él si no fuere por causa muy urgente, al parecer del provincial» (c. 2, n. 7).
9. Unificar la precedente legislación de las descalzas: Constit. de la Santa, actas (o constituciones) de los visitadores Pedro Fernández, Gracián (c. 119, 10) e incluso Juan de Jesús Roca (?), ver c. 150, 1.
10. Comisario del capítulo, Juan de las Cuevas.
11. Correo mayor de Palencia, Diego de Reinoso.
12. Macario, cifra por Antonio de Jesús.
13. Nicolás Doria.
14. Mis compañeras: Ana de San Bartolomé e Inés de Jesús (359, 7).
15. Proyecto de fundación de descalzos en Valladolid (c. 303), ermita de San Alejo. La realizará Gracián apenas terminado el capítulo.
16. Aquella mujer: la ermitaña encargada de la capilla de San Alejo (c. 303, 3).
17. Fundación de descalzos, también en proyecto.
18. El Abad de Valladolid, Alonso de Mendoza; obispo Palencia es don Alvaro de Mendoza: hermana de éste, María de Mendoza (c. 303, 3).

S.352  E.350  Lf.322  A.II 39  T.162

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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