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Carta 401

Teresa de Ávila

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13 julio 1581 (Soria)
A don Jerónimo Reinoso

En Soria, la Santa prepara viaje de regreso; pero no a Burgos, sino a Avila. Reinoso le ha escrito pidiendo explicaciones («razones públicas»): por qué renunciar a la fundación burgalesa; él mismo ha ido allá a preparar el terreno; tras él ha ido el canónigo Juan Alonso; ha intervenido el obispo de Palencia, don Alvaro; el arzobispo de Burgos quiere tratarlo personalmente con la Madre. — Ella ha percibido las reticencias y ambigüedad de este último. Y responde a Reinoso con razones que no son «de carta rota». Ha escrito ya al prelado burgalés; y ahora añade carta para la priora de Palencia y la buena doña Catalina de Tolosa en Burgos.

1. Jesús. — La gracia del Espíritu Santo sea con vuestra merced. Harto me consolé con la carta de vuestra merced. Págueselo nuestro Señor. Ella no se me hizo nada larga. Yo lo quisiera harto ser en ésta, y hanse juntado tantas —como los mensajeros hallamos de tarde en tarde— que creo es mejor estar adonde hay ordinario1. En fin, cuando Dios quiere que se padezca, no aprovecha huir.
2. Por la carta que escribo a Catalina de Tolosa2, que digo a la priora Inés de Jesús3 la muestre a vuestra merced, para que vea aquellas razones públicas —aunque diré ya a vuestra merced y la madre priora las demás—, que dice vuestra merced que quisiera saber las ocasiones que hay en ir yo así4, y dice muy bien. A ser cosa que tocara tanto a la Orden como hacer la provincia, con todas se pudiera romper, aunque no hay pocas, que por no tener mucho tiempo, no me alargaré. Y si fuera rodear una jornada no más, aún sufriérase; mas ir tantas leguas en aventura, no puede mi ingenio hallar sazón para ello, no estando esta Orden tan caída ni necesitada de ésa5.
3. Después que aquí estoy, me han escrito ya dos que tampoco pienso ir: la una es de Ciudad Rodrigo y la otra en Orduña.
4. Fiar ya de lo que hará el arzobispo6, a mi juicio no conviene; porque sin ser sospechosas hemos visto claro razones para ello; y quien, viendo el gran bien que ha venido del alboroto que hubo en Avila cuando el primer monasterio, dice que se acuerda mucho de esto y que por el hábito que tiene está obligado a quitar la ocasión de que no le haya (que así me lo escribe el canónigo Juan Alonso)7, ¿qué se puede esperar? Y de ver que teme lo que quizá no será, cuando el demonio levantase un gran alboroto está muy claro que no daría la licencia y que tendrían por gran liviandad haberme yo puesto en ello.
5. También dijo a uno de la Compañía que no era con consentimiento de la ciudad; y sin él, o con renta, que de ninguna manera daría la licencia. Ya me han dicho dos personas de crédito que tiene el natural muy encogido, y siendo esto así será ponerle en más aprieto y, en fin, no hacer nada, como ahora lo ha hecho; que para cosa que no es ofensa de Dios, con lo que el obispo de Palencia8ha hecho en esto, se había de aventurar a todo.
6. Yo, mi padre, hablo por mis razones, que ya que esto se ha de procurar, si se ha de hacer con la ciudad9, vale más negociarlo de lejos y despacio; que como es cosa que no se puede hacer en ocho días ni quizá un mes, estar una negra fundadora en casa de un seglar, que no puede dejar de ser alguna gran nota, y tengo por mejor andar después muchas leguas y volver acá, que los inconvenientes que pueden suceder. Si Dios es de ello servido, va así con más suavidad, y ello se hará, aunque pese al demonio, y no a fuerza de brazos.
7. Como me parece he hecho en ello todo lo que he podido, con verdad digo a vuestra merced que por primer movimiento no me ha dado pena, antes holgádome he; no sé qué ha sido. Sólo por esa bendita de Catalina de Tolosa, que tanto ha puesto, cuando he leído sus cartas, me parece quisiera darle contento.
8. Las ordenaciones del Señor no las entendemos, y puede ser conviene más ir yo ahora a otra parte; porque tanta resistencia en el arzobispo —que creo cierto que lo desea— algún misterio hay. No he dicho nada de esto al obispo10de aquí; porque está tan ocupado que no ha podido verme estos días. Hácenme tan gran repugnancia que no lo he habido menester; antes me ha espantado hubiese quien le pareciese bien, pasando lo que ha pasado al obispo de Palencia. No digo cosa de éstas sino como cosa que tengo por cierta. Sólo ponga la frialdad de Burgos y el daño que hará a mi salud ir a principio de invierno. Al arzobispo digo que no quiero ponerle en ese ruido hasta tener negociado con la ciudad, y agradézcole la merced que me hace. El Señor haga lo que sea más su servicio.
9. Al mensajero que trajo el recaudo no le pareció al racionero11fiarle la respuesta, por ciertos respetos, y así hemos aguardado éste, que va cierto a Valladolid. Escríbame vuestra merced con verdad qué le parece de estas razones que he dado, si son de carta rota. Hartas más me quedan. Y en todo mi seso parece que, si yo hablara a vuestra merced, le pareciera lo mismo.
10. Harto siento lo que vuestra merced trabaja por esa limosna; mas, como todo es andar por pobres, pienso no lo siente. Sin lo que vuestras mercedes mandan, despertará Dios otras gentes y poco a poco irá disponiéndolo todo. Lo de las aldeas quería no se dejase, aunque había de haber venido alguno que les predicara, de la Orden. Por esto podrá ser este año no se allegar tanto.
11. Pague nuestro Señor a vuestra merced el aviso de la renta de esta casa. Antes que se fuese el padre Nicolao12quedaron hechas las escrituras, e hízolo tan bien que, con no haber pensado para el juro sino de a catorce, y lo pudiera hacer, lo dio de a veinte: ya está dado recaudo. También el padre Nicolao le llevó para ponerlo en cabeza del monas-terio.
12. Agradezca vuestra merced a este santito del racionero lo que hace, que gusta él mucho de que yo lo diga a vuestra merced. No debe ser conocida esta alma, que tanta humildad no puede estar sin mucha riqueza. De mejor gana me dará vuestra merced licencia que acabe, que yo la diera a vuestra merced.
13. Una cosa le suplico: que con toda llaneza me haga saber qué le parece de la priora, y cómo lo hace, y si es menester darla algún aviso, y cómo le va a vuestra merced con ella, que ella no acaba de decirme lo que debe a vuestra merced.
Nuestro Señor le guarde y me le deje ver otra vez si fuere servido. Buena estoy.
Son hoy 13 de julio.
Indigna sierva de vuestra merced e hija, aunque le pese,
Teresa de Jesús.
14. Al señor don Francisco13 beso las manos de su merced y a quien vuestra merced más mandare, y a San Miguel encomiéndeme, por caridad. Poco importa que se tarde en mudar la puerta de la sacristía. De que se cierre la iglesia temprano alabo a nuestro Señor. La reja querría ya ver puesta. Espero en El se ha de servir en esa casa de nuestra Señora ahora con más limpieza su Hijo y Ella14. Entrará más redes (y se pudieran traer de Burgos si fueran menester), y quizá, si se hace la capillita de nuestra Señora15, será allí menester la más pequeña. Yo procuraré se paguen cuando falte ahí con qué. Cada día tengo más afición a esa casa; no sé qué lo hace.

1. Correo ordinario.
2. Es la dama de Burgos interesada en la fundación. Ver Fund. 31.
3. Priora de Palencia.
4. Ir yo así: ir ahora a Avila y no a Burgos.
5. No necesitaba de esa fundación de Burgos.
6. Arzobispo de Burgos, don Cristóbal Vela.
7. Canónigo de Palencia, enviado por el obispo don Alvaro a Burgos a tramitar la fundación (Fund. 31, 5).
8. Don Alvaro de Mendoza.
9. Si se ha de tramitar con la ciudad de Burgos: con las autoridades civiles.
10. Obispo de Burgo de Osma, Alonso Velázquez.
11. Racionero de la catedral de Palencia, Pedro Ribera, que la acompañará en el viaje de regreso.
12. Nicolás Doria que había venido con ella a la fundación.
13. Francisco Reinoso, tío del destinatario, y más tarde obispo de Córdoba.
14. Alude a la ermita de nuestra Señora de la Calle, donde se ha fundado el convento de Palencia, y a las romerías nocturnas que en ella se hacían (ver Frund. 29, 18).
15. Capilla que más adelante erigió don Alvaro de Mendoza.

S.374  E.371  Lf.345  A.III 40  T.358

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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