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Carta 409

Teresa de Ávila

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9 octubre 1581 (Avila)
A don Sancho Dávila

Don Sancho es avilés, de 35 años, noble, sacerdote y gran letrado por Salamanca. En carta a la Santa, le ha contado sus problemas interiores. Ha terminado la biografía de su propia madre, muerta hace dos años en olor de santidad. Anda con achaques físicos (dolor de muelas). — La Santa vive esos días el incidente de su sobrina Beatriz (futura carmelita), calumniada de relaciones anómalas con un señor de Alba: confía su pena a don Sancho y le pide ayuda. — Ella: «ando mejor» de salud. «Estoy en extremo lastimada» por el caso de Beatriz. (Ver nota previa a la c. 398. Sobre el caso de Beatriz, cc. 404, 414, 420).

Al muy ilustre señor don Sancho Dávila, mi señor, en Alba.
1. Jesús. — La gracia del Espíritu Santo sea con vuestra merced siempre. Aunque ha sido mucha merced para mí y regalo ver letra de vuestra merced, como le he estado esperando estos días y veo por ahora no puedo tener este contento, se ha aguado el que me dio su carta de vuestra merced. He alabado a nuestro Señor y tengo por gran merced suya lo que vuestra merced tiene por falta, porque ningún provecho podía venir a alma ni salud aquel extremo de pena; y así puede vuestra merced agradecerlo a Su Majestad, pues con quitarla no se quita el servir a nuestro Señor, que es lo que hace más al caso. Esa gran determinación que vuestra merced no siente en sí de no ofenderle, como cuando se ofrezca ocasión de servirle y apartarse de las que se pueden ofrecer para enojarle vuestra merced se halla fuerte, ésa es la señal verdadera de que lo es el deseo, a mi parecer. Y el gustar de llegarse vuestra merced al Santísimo Sacramento cada día y pesarle cuando no lo hace, lo es de más estrecha amistad que la que vuestra merced dice de que está como todos. Siempre vaya vuestra merced entendiendo las mercedes que recibe de su mano para que vaya creciendo lo que le ama, y déjese de andar mirando delgadeces de su miseria, que a bulto se nos representan a todos hartas, en especial a mí.
2. En eso de divertirme1 en el rezar el oficio divino, aunque tengo quizá harta culpa, quiero pensar es flaqueza de cabeza; y así lo piense vuestra merced, pues bien sabe el Señor que, ya que rezamos, querríamos fuese muy bien. Hoy lo he confesado al padre maestro fray Domingo2, y me dijo no haga caso de ello,
Ver manuscrito
y así lo suplico a vuestra merced, que lo tengo por mal incurable.
3.Del que tiene vuestra merced de muelas me pesa mucho, porque tengo harta experiencia de cuán sentible dolor es. Si tiene vuestra merced alguna dañada, suele parecer lo están todas, digo el dolor. Yo no hallaba mejor remedio que sacarla, aunque si son reúmas no aprovecha. Dios lo quite como yo se lo suplicaré.
4.Harto bien ha hecho vuestra merced de escribir vida tan santa3; buen testigo sería yo de esta verdad. Beso a vuestra merced las manos por la que me hace en que yo la vea.
5.Yo ando mejor; para el año que tuve el pasado puedo decir estoy buena, aunque pocos ratos sin padecer, y, como veo que ya que se vive es lo mejor, bien lo llevo.
6.Quisiera saber si está ahí el marqués4, y de la mi señora doña Juana de Toledo, su hija, y cómo está la señora marquesa. Suplico a vuestra merced les diga que, aunque he andado lejos, no me olvido en mis pobres oraciones de encomendar a sus señorías a nuestro Señor. A vuestra merced no hago mucho, pues es mi padre y señor.
7.Beso a vuestra merced las manos por el decirme que me lo hará, si tengo qué suplicar a vuestra merced; y quiérolo hacer. Por que estoy tan confiada que vuestra merced me la hará, si ve que conviene, que para vuestra merced solo quiero decir una gran pena que traigo casi un año ha; podría ser pudiese vuestra merced poner algún remedio. Bien creo que vuestra merced lo sabrá —porque me dicen es cosa pública, por mis pecados— la gran pasión que tiene su mujer de don Gonzalo5, porque se lo han dicho, y a ella se le ha antojado, que su marido trata de ruin amistad con doña Beatriz6, su hija de mi hermana; y esto afirma y dice tan públicamente que por la mayor parte le deben dar crédito. Y así, cuanto a su honra de la moza, ya debe estar tan perdida que no hago caso, sino de las muchas ofensas que se hacen a Dios. Estoy en extremo lastimada cosa mía sea ocasión de esto, y así he procurado con sus padres la quiten de ahí, porque algunos letrados me han dicho están obligados; y, aunque no lo estuvieran, me parece cordura huir como
Ver manuscrito
de una fiera de la lengua de una mujer apasionada. A ellos les dicen otros que es hacer verdad lo que es mentira, y que no hagan mudanza. Dícenme están descasados marido y mujer. Veo que ya se trata aquí en Avila por parte de la hermana de ella, y levantan hartas mentiras los que se lo dicen —y aun en Salamanca se sabe ya—, y que el mal va creciendo, y de una parte ni de otra no se pone remedio, ni sus padres hacen caso de cosa que les digo —que no son pocas—7, sino dicen que me engañan.
8.Suplico a vuestra merced me escriban qué remedio podría yo poner para que cesasen ofensas de Dios, que, como digo, la honra mal remedio tiene ya en la opinión del pueblo. Había pensado un medio, sino que para él veo mal remedio. Y si vuestra merced tiene alguna comunicación con ese don Gonzalo, podría ser acabar con él que, pues tiene buen asiento en otra parte fuera de ahí y ve el daño que se hace a esa moza a su causa, que se fuese de ahí siquiera un año o medio, hasta que su mujer tornase en sí. Y tan de mientras, quizá nuestro Señor le daría para que, cuando tornase, ella no estuviese ahí. Porque sin esto temo ha de venir un gran mal según van las cosas, y harto grande es el que ahora está.
9.Suplico a vuestra merced si viere en esto me la puede hacer, que sería quitarme de este trabajo. Hágalo nuestro Señor como puede, y a vuestra merced dé la santidad que yo le suplico, amén.
Son hoy 9 de octubre.
Indigna sierva de vuestra merced e hija,
Teresa de Jesús.
10.Suplico a vuestra merced, al señor don Fadrique8y a mi señora doña María mande dar vuestra merced un recaudo de mi parte, que no tengo cabeza para escribir a sus señorías, y perdóneme vuestra merced, por amor de Dios.
Ver manuscrito

1. Divertirme: distraerme.
2. El dominico Domingo Báñez.
3. Vida tan santa: don Sancho ha escrito la biografía de su madre, doña Juana Enríquez de Toledo (hija de los condes de Alba de Liste y casada con el hijo de los marqueses de Velada, también llamado Sancho Dávila). Amiga y muy apreciada de la Santa.
4. El marqués de Velada, Gómez Dávila, hermano del destinatario. La marquesa de Velada, doña Ana de Toledo y Monroy. Hija de ambos, doña Juana de Toledo.
5. Don Gonzalo es el siniestro personaje que comparece repetidamente en las últimas cartas de la Santa a su hermana Juana de Ovalle. Quizás Gonzalo González y Jiménez. Su mujer cayó en celos extremosos contra él y Beatriz de Ovalle.
6. Beatriz de Ovalle (de Alba), sobrina de la Santa e hija de Juan de Ovalle y Juana de Ahumada.
7. Ver la insistencia de la Santa en las cartas a su hermana y cuñado: cc. 404, 414, 420 y 439.
8. Don Fadrique de Toledo, hijo del Duque de Alba. Y su esposa D.ª María de Toledo y Colonna.

S.381  E.379  Lf.350  A.I 6, 5 nn. 14-15: IV fragm. 2 y 57, nn. 1-8.10  T.367

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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