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Carta 8

Teresa de Ávila

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27 mayo 1568 (Toledo)
A doña Luisa de la Cerda

Escribe «muy de noche». En el palacio toledano de doña Luisa de la Cerda le ha llegado carta de ésta, desde Andalucía, con noticias frescas, pero sin detalles ni garantías sobre el Libro de su vida (ver c. 7, nota previa). — Está ocupadísima en el palacio: ofrece a la Señora un informe positivo y tranquilizador; todos «están harto recogidos y solos». —Ella: ha venido enferma; se ha sangrado dos veces («me sacaron mucha sangre»). Mañana proseguirá viaje «bien desflaquecida, aunque buena», camino de Escalona y Avila.

1. Jesús sea con vuestra señoría. Hoy, día de la Ascensión, me dio su carta de vuestra señoría el licenciado1, que no me dio poca pena, hasta leerla, cuando supe que era venido, con que imaginé lo que podía ser. Gloria sea a nuestro Señor que está vuestra señoría buena, y el señor don Juan, y esos mis señores2.
2. En lo demás no se le dé a vuestra señoría nada. Y, aunque esto digo, a mí se me ha dado, y así le he dicho lo ha hecho mal y está harto confuso, a mi parecer, sino que, cierto, no se entiende. Por una parte desea servir a vuestra merced, y dice la quiere mucho, y sí hace; por otra, no se sabe valer. También tiene un poco de melancolía, como Alonso de Cabria3. Mas ¡qué son las diferencias de este mundo, que éste pueda estar sirviendo a vuestra señoría y no quiera, y yo que gustaría no pueda! Por estas y otras peores cosas hemos de pasar los mortales, y aun no acabamos de entender el mundo, ni se quiere dejar.
3. No me espanto tenga vuestra señoría pena; ya yo lo entendí que había de pasar harto, por ver su condición de vuestra señoría que no es para entenderse con todos; mas, pues es para servir al Señor, páselo vuestra señoría y entiéndase con El, que no la dejará sola. Acá no ha de parecer mal a nadie su ida de vuestra señoría, sino haberla lástima; procure desechar; mire lo que nos va en su salud. La mía ha sido harto ruin estos días. A no hallar el regalo que vuestra señoría tenía mandado en esta casa, fuera peor. Y ha sido menester, porque, con el sol del camino, el dolor que tenía cuando vuestra señoría estaba en Malagón me creció de suerte que, cuando llegué a Toledo, me hubieron luego de sangrar dos veces, que no me podía menear en la cama según tenía el dolor de espaldas hasta el cerebro, y otro día purgar; y así me he detenido ocho días aquí —que mañana los hará, que vine viernes— 4. y me parto bien desflaquecida (porque me sacaron mucha sangre), mas buena. Harto sentí soledad cuando me vi aquí sin mi señora y amiga5. El Señor se sirva de todo. Hanlo hecho todos muy bien conmigo, y Reolín6. Yo en forma he gustado de cómo, estando buena vuestra merced allá, me regalaba acá. Harto la encomiendo al Señor. Voy ya buena aunque flaca.
4. Llévame el cura de Malagón7, que es cosa extraña lo que le debo, y Alonso de Cabria está tal con su administrador8, que no hubo gana de ir conmigo; dijo que el administrador lo sentiría mucho. Yo, como tenía tan buena compañía y él venía cansado del camino pasado, no le importuné. Sepa vuestra señoría que lo hace el administrador en extremo bien; dicen que no se puede imaginar. Alonso de Cabria no acaba, y todos; el señor don Hernando9también está muy contento de él.
5. Carleval10 se fue, y no creo para volver... con decir que para el monasterio de Malagón quiso el Señor que trabajase Alonso de Cabria y gastase el hospital; y dicen verdad, porque el hermano11 de Carleval vino. Yo digo a vuestra señoría que yo vengo contentísima de dejarle allí; fuera de mi padre Pablo12, no sé yo a quién dejara que fuera tal. Ello ha sido grande ventura. Es de mucha oración y gran experiencia de ella. Está muy contento, sino que es menester aderezarle una casilla. Porque dejé escrito a vuestra señoría en Malagón todo esto, no digo más; grandes nuevas hallo aquí de este padre que digo.
6. Las hermanas están contentísimas. Dejamos concertado se traiga una mujer muy teatina13, y que la casa la dé de comer (como hemos de hacer otra limosna, que sea ésta), y que muestre a labrar de balde muchachas, y con este achaque que las muestre la doctrina y a servir al Señor, que es cosa de gran provecho. También él ha enviado por un muchacho, y Huerna14 (como ellos le llaman) que les sirve; y él y el cura para enseñar la doctrina. Espero en Dios ha de hacer gran provecho. En forma vengo contentísima, y vuestra señoría lo esté, y crea que no hará falta mi ausencia a la religión de la casa, que con la mucha que ellas tienen, y tal confesor15, y el cura que no las olvidará, yo espero en Dios irán cada día más adelante, y no dudo de ello.
7. A estotro capellán no hay quien le quiera decir no diga la misa. Vuestra señoría se lo mande escribir, aunque el padre Pablo anda procurando quien se lo diga; mas no querría se olvidase. El administrador dice le acomodará tan bien que le estará harto mejor que lo que tenía; mas que, porque él le ha de consolar, no se lo quiere decir. Suplico a vuestra señoría no descuide en esto. Ya han dado el tercio al licenciado; Miranda se lo dio. Mande vuestra señoría escribir quién ha de dar a Miranda estos tercios, no urda el demonio algo para que perdamos un hombre como éste; y sí hará, porque por él le ha de venir daño, lo que pudiere. Entienda vuestra señoría qué es esto, y no lo consienta.
8. Ha sido tanta la ocupación de hoy, que no me han dejado hacer esto; ahora es muy de noche, y estoy flaca harto. El sillón que tenía vuestra señoría en la fortaleza llevo (suplico a vuestra señoría lo tenga por bien), y otro que compré aquí bueno. Ya sé yo vuestra señoría se holgará me aproveche a mí para estos caminos, como se estaba allí; siquiera iré en cosa suya. Yo espero en el Señor tornarme en él, y, si no, de que vuestra señoría se venga, le enviaré.
9. Ya escribí a vuestra señoría, en la carta que dejé en Malagón, que pienso que el demonio estorba que ese mi negocio no vea el maestro Avila16; no querría que se muriese primero, que sería harto desmán. Suplico a vuestra señoría, pues está tan cerca, se le envíe con mensajero propio, sellado, y le escriba vuestra señoría encargándosele mucho, que él ha gana de verle, y le leerá en pudiendo. Fray Domingo17 me ha escrito ahora aquí que en llegando a Avila haga mensajero propio que se le lleve. Dame pena, que no sé qué hacer, que me hará harto daño, como a vuestra señoría dije, que ellos18lo sepan. Por amor de nuestro Señor, que dé vuestra señoría prisa en ello; mire que es servicio suyo. Y téngame vuestra señoría ánimo para andar por tierras extrañas; acuérdese cómo andaba nuestra Señora cuando fue a Egipto, y nuestro padre San José.
10. Voyme por Escalona, que está allí la marquesa19, y envió aquí por mí. Yo le dije que vuestra señoría me hacía tanta merced, que yo no había menester que ella me la hiciese, que me iría por allí. Estaré medio día no más, si puedo, y esto porque me lo ha enviado a mandar mucho fray García20, que dice se lo prometió, y no se rodea nada. El señor don Hernando y la señora doña Ana21 me han hecho merced de verme, y don Pedro Niño22, la señora doña Margarita23, los demás amigos y gentes, que me han cansado harto algunas personas. Los de casa de vuestra señoría están harto recogidos y solos. Suplico a vuestra señoría escriba a la señora rectora24; ya ve lo que la debe. Yo no la he visto, aunque me ha enviado regalos, porque lo más he estado en la cama. A la señora priora25habré de ir a ver mañana antes que me parta, porque me lo manda mucho.
11. Yo no quisiera hablar en la muerte de mi señora la duquesa de Medinaceli26, por si vuestra señoría no lo sabe. Después me parece que cuando ésta llegue lo sabrá. No querría tomase pesar, pues a todos los que la querían bien hizo el Señor merced —y a ella más— en llevársela tan presto, porque con el mal que tenía la vieran morir mil veces. Era su señoría tal que vivirá para siempre, y vuestra señoría y yo juntas, que con esto paso el estar sin tanto bien. A mis señores todos beso las manos; Antonia 27, las de vuestra señoría. Al señor don Juan me diga vuestra señoría mucho; harto le encomiendo al Señor. Su Majestad me guarde a vuestra señoría y tenga de su mano siempre. Ya estoy harto cansada, y así no digo más.
Indigna sierva y súbdita de vuestra señoría,
Teresa de Jesús, carmelita.
12. A nuestro Padre Eterno28 dieron licencia ya. Es así: pésame por una parte; por otra veo que quiere el Señor que sea, y a vuestra señoría pasar trabajos a solas. El a usadas escribirá a vuestra señoría cuando haya con quién. Esta dejo a doña Francisca29 bien encargada. Si tuviere con quién, procuraré escribir de Avila. Olvidádoseme había que me ha dicho de una monja nuestro padre, muy lectora y de partes que a él le contenta30. No tiene más de doscientos ducados, mas quedan tan solas y es tanta la necesidad y para monasterio que se comienza, que digo que la lleven. Más la quiero que traer monjas tontas, y si puedo hallar otra como ésta no traeré ninguna. Quédese vuestra señoría con Dios, mi señora, que no querría acabar, ni sé cómo me voy tan lejos de quien tanto quiero y debo.

1. El licenciado Velasco, que parece retirarse del servicio de doña Luisa.
2. Don Juan Pardo de Tavera, hijo de doña Luisa; y los que forman el séquito de ambos.
3. Alonso de Cabria Pecellín, sacerdote familiar de doña Luisa, que gozaba un beneficio en Paracuellos.
4. Vino de Malagón el 19. Partirá para Escalona el 28.
5. La misma doña Luisa.
6. Gabriel de Reolí, vecino de Toledo.
7. Licenciado Juan Bautista.
8. Administrador, de doña Luisa: Juan Huidobro de Miranda.
9. Hernando de la Cerda, hermano de doña Luisa, comendador de la orden de Alcántara.
10. Doctor Bernardino Carleval, discípulo de San Juan de Avila, profesor en la universidad de Baeza.
11. El carmelita Tomás de Carleval.
12. El jesuita Pablo Hernández.
13. Teatina: dada a la vida de piedad.
14. Desconocido.
15. Probablemente, Tomás Carleval, que confiesa en el carmelo de Malagón.
16. Ya recomendado en la carta anterior. El negocio: hacer llegar el Libro de su Vida a San Juan de Avila.
17. El dominico Domingo Báñez, ya interesado en el Libro de su Vida.
18. Ellos: el grupo de consejeros y teólogos abulenses que han aprobado el libro.
19. Doña Juana Lucas de Toledo, marquesa de Villena y duquesa de Escalona.
20. El dominico García de Toledo, también del grupo abulense.
21. Doña Ana de Thienlloye, esposa del hermano de doña Luisa, Hernando de la Cerda.
22. Don Pedro Niño de Conchillos, pariente político de doña Luisa.
23. Doña Margarita de Centellas y Borja, hermana de San Francisco de Borja.
24. Rectora del colegio de Doncellas nobles, doña Ana de Silva.
25. Priora de San Pablo de Jerónimas.
26. Doña Juana Manuel de Portugal, fallecida a primeros de mayo 1568.
27. Antonia del Espíritu Santo, venida con la Santa de Avila.
28. Padre Eterno: nombre dado, con humor y veneración, al jesuita Pablo Hernández.
29. Parece ser Francisca Ramírez, hija de Alonso Ramírez, fundador del convento de Toledo.
30. Alude probablemente a Juana Bautista, que profesará en Malagón el 1.9.1569.

S.6  E.8  Lf.3  A.IV 11  T.379

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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