Santo franciscano, reformador, escritor espiritual leído por T, gran amigo y colaborador de ésta, que lo describió: ‘no parecía sino hecho de raíces de árboles’ (V 27,18). Nació en Alcántara (Cáceres) en 1499 y murió en Arenas de San Pedro (Avila) el 18.10.1562. Su nombre en el siglo: Juan Garavito (o de Sanabria). Fueron sus padres Alonso Garavito, gobernador mayor de Alcántara, y María Vilela de Sanabria. Estudió en Salamanca (1511-1515?). Este año 1515 entra en los franciscanos y profesa en Santa María de los Majaretes en 1516 con el nombre de Pedro. En 1532 es guardián del convento de San Onofre de La Lapa (Badajoz), y Provincial en 1538. Viaja a Portugal y a Roma. En Barcelona entabla amistad con san Francisco de Borja, aún seglar (1541). Escribe el ‘Tratado de la oración y meditación’ (Lisboa, hacia 1556). En 1559 funda la Custodia de San José. Muere en Arenas, no lejos de la ciudad de Avila, en casa de un amigo, después de su postrer encuentro con la madre Teresa (agosto de 1562: V 35,5). Canonizado en 1669.
Sus relaciones con santa Teresa fueron breves (1560-1562), pero intensas. El es uno de los poquísimos personajes coetáneos cuyo nombre figure en la narración del Libro de la Vida. El primer encuentro de los dos (agosto de 1560), tuvo lugar gracias a la mediación de la amiga de ambos, Dª Guiomar de Ulloa, y fue decisivo para la vida mística de T, que desde el primer momento lo presenta como ‘un santo hombre y de gran espíritu’ (V 27,3). De él hace una preciosa semblanza a base de confidencias directas, debidas ‘al amor que me tenía’ (V 27,17-20; y 30 tít.). ‘Le di cuenta, en suma, de mi vida y manera de proceder de oración, con la mayor claridad que yo supe Vi que me entendía por experiencia, que era todo lo que yo había menester Me dio luz en todo’ (V 30,3-5). ‘Siempre después tuvo mucha cuenta conmigo y daba parte de sus cosas y negocios’. ‘Holgábase de tratar conmigo’ (V 27,5).
A él recurre por consejo la Santa para iniciar la fundación del Carmelo de San José de Avila, y así comienza el carteo entre ambos ese año 1560 (V 32,13). El santo franciscano media ante el Obispo de Avila don Alvaro para que admita bajo su jurisdicción la primera fundación teresiana (V 36,1-2; cf BMC, 2, p.127), pero ya antes ha intervenido en la opción de T por la pobreza del nuevo monasterio con una carta decisiva, firmada en Avila el 14.4.1562 (BMC 2, 125-126), aun cuando la destinataria mantenga sus distancias respecto de otras posiciones doctrinales expresadas en esa misiva. Aún después de su muerte intervendrá misteriosamente en la vida mística y en la misión reformadora de T (V 36,20; 38,22).
La Santa recibió también el influjo doctrinal de fray Pedro, no sólo por vía oral (V 40,8 y carta a Lorenzo de Cepeda del 2.1.1577), sino por sus escritos, que ella alaba y reconoce ser muy leídos por aquellas fechas: ‘Es autor de unos libros pequeños de oración que ahora se tratan mucho, de romance, porque como quien bien la había ejercitado escribió harto provechosamente para los que la tienen’ (V 30,2; y cf F 28,41, donde lo recuerda emparejado con fray Luis de Granada). Recomienda su lectura a las monjas carmelitas (Cons 2,7). En uno de los problemas místicos que preocupan doctrinalmente a la Santa, ella alegará expresamente la autoridad ‘del santo fray Pedro de Alcántara’, quince años después de la muerte de éste (M 4,3,4). Por última vez recordará los quilates de su amor a Cristo, asociándolo a la locura de amor del Poverelo de Asís, en las sextas moradas del Castillo Interior (M 6,6,11).
BIBL.A. Barrado, San Pedro de Alcántara. Estudio documentado y crítico de su vida, Madrid 1965.

