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Amén

Teresa de Ávila

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diciembre 12, 2018 Por

Es una de las invocaciones preferidas de la Santa, inspirada por los textos bíblicos y por la liturgia. Amén es un hebraísmo conservado en los libros del Nuevo Testamento (Evan­gelios, Cartas, Apo­ca­lipsis) con significado de ratificación o adhesión religiosa a una verdad, o a la revelación de Dios, o al contenido de la oración que precede. Jesús mismo lo emplea a veces en duplicado (Jn 3,3.5) para refrendar la autoridad divina de su palabra. Pablo recuerda su empleo en la comunidad primitiva como aclamación final del grupo a la oración de un carismático (1 Cor. 14,16). En el Apocalipsis, Jesús mismo es ‘el Amén, el testigo fiel’ de Dios (3,14).

Teresa incorpora a sus escritos y a sus oraciones el ‘amén’ con ese denso y múltiple significado religioso y cristiano. El amén es frecuentísimo en sus libros, y más en sus cartas. Generalmente aparece como el condensado de una oración, con la fuerza de una sumisión absoluta de todo lo dicho y de ella misma a la voluntad de Dios: ‘Plega al Señor acierte (yo) a contentarle siempre, amén’ (V 13,22). Con ese amén intensivo concluye los prólogos y los epílogos de sus libros. A veces, también ella duplica el amén: ‘Sea Dios nuestro Señor por siempre alabado y bendito, amén, amén’ (Epílogo de M., n. 4). O bien lo triplica (M 6,6,13). Con él suele coronar su doxología preferida, que inicia casi siempre con el ‘bendito sea’ y concluye con el amén: ‘Bendito sea y alabado el Señor, de donde nos viene todo el bien que hablamos y pensamos y hacemos. Amén’ (epílogo de C.). Y en el epílogo de las Moradas: ‘Sea por siempre bendito, amén, y glorificado’ (n. 3). ‘Sea por siempre bendito, amén, que no parece aguarda a más de ser querido para querer’ (F 3,18). Con él concluye frecuentemente cada unidad narrativa, o el tema doctrinal: ‘alabo la misericordia de Dios, que era siempre el que me daba la mano: sea bendito por siempre jamás amén’ (V 7,22). Como en la liturgia, también las oraciones que ella intercala en el relato o en la exposición doctrinal, culminan en el ‘amén’ (cf V 4,11; 31,25; 39,6; F 21,11; 27,16; 29,24; C 42,7…) – En su glosa al Padrenuestro, el amén es interpretado como el resumen y refrendo de todas las peticiones contenidas en la oración dominical, sobre todo de la última: que el Señor nos libre de todo mal y nos colme de los bienes definitivos (C 42,2).

Teresa es, sin duda, una excepcional continuadora de la tradición orante cristiana, que en la invocación ‘amén’ ha condensado la piedad filial y la oración de Jesús, de Pablo y de la comunidad cristiana primitiva.

T. Alvarez

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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