Dada la importancia de Jerómimo Gracián en los escritos teresianos, trataremos de él en tres apartados: 1, su biografía; 2, su presencia en los escritos de la Santa; 3, su familia.
1. Gracián: perfil biográfico
Jerónimo Gracián, tercero de 20 hermanos, nació en Valladolid el 6 de junio de 1545. Fueron sus padres don Diego Gracián de Alderete y doña Juana Dantisco. En el hogar Gracián Dantisco, junto con las letras florecía la piedad cristiana, como lo demuestra el hecho de que siete hermanos abrazaran la vida religiosa; y en letras y piedad sobresalió Jerónimo, cuya alma dirigieron desde sus ocho años los padres de la Compañía.
Cursó con brillantez (primero en licencias) sus estudios en la Universidad de Alcalá, graduándose de Maestro en Artes a los 19 años. Con el estudio de la teología comenzó a tener oración mental, guiándose por los libros de fray Luis de Granada y bajo la dirección del Maestro Deza, jesuita. Sacerdote a los 24 años, unió a sus estudios el ministerio pastoral de púlpito y confesonario, y cuando tenía acabados todos los actos para recibir el Doctorado en Teología tras haber pensado por algún tiempo entrar en la Compañía abrazó en 1572 la obra de la Madre Teresa de Jesús, a quien conoció a través de sus hijas de Pastrana, donde era priora Isabel de Santo Domingo. La vocación de Jerónimo Gracián es una conquista de la madre Teresa a través de sus hijas. En el capítulo 23 de las Fundaciones describe la Santa la impresión que Gracián causó a las descalzas. La que éstas causaron en su ánimo delicado queda bien patente en una carta del padre a su madre doña Juana el 6 de mayo de 1572: ‘Pues las monjas que aquí hay de la mesma Orden, cierto que nunca tal pudiera creer si no lo viera por mis ojos’ (MHCT 9, 23).
Este joven sacerdote, con brillante carrera universitaria y ejercitado en la vida de oración, fue para la Madre Teresa un regalo de la providencia: yo mucho quisiera pedir a Su Majestad una persona para que pusiera en orden todas las cosas de la Orden en estos principios, no acertara a pedir tanto como Su Majestad en esto nos dio (Fundaciones 23, 3). En el naciente Carmelo Teresiano ocupó el padre Gracián un papel de primer orden al lado de la Madre Fundadora, de quien pronto llegó a ser maestro y discípulo insustituible.
Gobernó Descalzas y Descalzos como Comisario Apostólico y luego como su primer Provincial (1581-1585) al constituirse éstos en Provincia independiente. La figura del padre Gracián conserva su mayor interés en la historia de la Orden y de la Iglesia, precisamente ahí, al lado de Santa Teresa, como colaborador incondicional en vida y como defensor de su herencia después de la muerte de la Fundadora.
Al cesar en el provincialato el padre Gracián fue nombrado Vicario provincial de Portugal, pero ya a partir de 1587 sus trabajos apostólicos van mezclados con una serie de procesos promovidos por el nuevo Provincial y que culminan en la sentencia de expulsión de la Orden (17.2.1592). Es un lustro tormentoso, que durante siglos ha permanecido oscuro en la biografía de Gracián, pero que las últimas investigaciones históricas han venido a aclarar así:
Al movimiento de entusiasmo religioso puesto en marcha por Teresa de Jesús se asociaron personas de tendencias rigoristas y eremíticas que no acabaron de asimilar la novedad del carisma de la Madre Fundadora. Mientras el padre Gracián estuvo al frente de los Descalzos, los fautores del rigorismo mostraron incluso públicamente su descontento y disconformidad con el estilo de vida y de gobierno del Provincial. Al llegar ellos al poder con el padre Doria en 1585, iniciaron una labor de ‘reforma’ de la Orden para acomodarla a su estilo. Gracián les pareció un obstáculo insuperable en su camino y no hallaron otra solución que deshacerse de él, llegando a pronunciar una sentencia de expulsión que no llevaba garantía alguna de justicia. La historiografía oficial del siglo XVII tomó posición a favor del padre Doria y de sus colaboradores y para justificar tan ruidosa sentencia no tuvo inconveniente en falsificar hechos y documentos. Gracián fue expulsado de la Orden por su ‘doctrina y costumbres’ es decir, por ser quien era; los cronistas añadieron luego que la expulsión se debió a que se había alejado del ideal de Teresa (ya canonizada), y de Juan de la Cruz (camino de serlo), y empañaron su figura con acusaciones falsas y calumniosas que han ido transmitiéndose de unos autores a otros hasta nuestros días.
El padre Jerónimo recurrió a Roma en demanda de justicia, pero sus enemigos se le adelantaron obteniendo por medio de Felipe II que Clemente VIII confirmara la sentencia de expulsión. Pasados siete meses (junio-diciembre) sin conseguir resolver su caso, se dirigió a Nápoles, donde el Virrey no le quiso recibir por estar en desgracia de Felipe II. Siguió su camino hasta Sicilia y acogido favorablemente por la señora del Virrey pudo desplegar su celo en un hospital (febrero-agosto). De vuelta para Roma cayó en poder de los turcos a la altura del golfo de Gaeta el 11 de octubre de 1593. Tras año y medio de cautividad, en la que demostró su caridad heroica y su celo apostólico arriesgando la vida por atender espiritual y materialmente a sus compañeros de desventura, fue rescatado por un mercader judío, llamado Simón, que le adelantó el capital necesario (a restituir con los intereses), el 11 de abril de 1595. Reconocida su inocencia por la Congregación de Regulares, Clemente VIII le otorgó, con fecha 6 de marzo de 1596, un breve por el que se le concedía regresar a la Orden ‘como si nunca hubiera sido expulsado’; pero, ante la resistencia de algunos Descalzos a admitirlo de nuevo, el mismo Papa le recomendó vivae vocis oraculo que, por amor a la paz, vistiese el hábito de Calzado. Y en él vivió hasta su muerte acaecida el 21 de septiembre de 1614, después de haber trabajado en Roma hasta 1600, en España hasta 1607 y en Bélgica hasta el fin de sus días.
Quien desee profundizar en el conocimiento de la figura del padre Gracián deberá tener presentes, entre otros, los siguientes aspectos:
a) Su relación con la Orden del Carmen
Al poco de profesar se le encomendaron actividades orientadas a reformar su propia Orden, en contraste con las directivas del padre General. El padre Gracián se vio envuelto, sin haberlo pretendido, en una serie de circunstancias que exigieron de él prudencia y tacto extraordinarios, difíciles de encontrar en una persona de su edad. Implicado en la visita de Andalucía por iniciativa del padre Francisco Vargas (13.6.1574) y confirmado por el Nuncio Ormaneto (22.9.1574), Gracián ejerció su cargo de visitador y comisario apostólico hasta que fue depuesto por el nuncio Sega (23.7.1578). Se trata de un trienio cuyo balance, visto desde el punto de vista de los Descalzos, fue de lucha por la supervivencia, mientras que, mirado desde el punto de vista de la Orden del Carmen, fue de lucha por mantener la propia jurisdicción y la salvaguardia de la propia unidad. La actuación del padre Gracián en la visita fue correcta y acomodada a las directrices del Concilio Tridentino. Las acusaciones presentadas contra él, y en las que motivó su deposición el nuncio Sega, resultaron infundadas y su rehabilitación, pasada la tormenta, fue total, tanto por parte de la Orden como por parte de la Santa Sede. Sin embargo, en la historiografía de la Orden ha perdurado una cierta prevención en contra suya, como puede verse, por ejemplo, en los escritos de Saggi o de Smet. Gracián, personalmente, supo combinar siempre su entusiasmo por la obra teresiana con una grande estima y una simpatía visceral por el Carmelo. Recuérdense sus estudios sobre la historia de la Orden y la huella que dejaron entre las Descalzas, como atestiguan los escritos de María de San José. En los años de su vicariato en Portugal fue encargado de nuevo de visitar a sus hermanos y se prodigó por defender su inocencia contra las acusaciones de colaboracionismo con los enemigos del Rey. Cuando en 1596 los Descalzos se nieguen a readmitirlo, será acogido con todos los honores y se sentirá como en su casa en la Comunidad de San Martino ai Monti de Roma. Es este un detalle que demuestra su grandeza de ánimo y sus miras sobrenaturales, ajenas de toda ambición. Su actitud en ese aspecto puede parangonarse sin duda con la de la Santa en su retorno a la Encarnación. Los santos tratan de reformarse y de mejorarse sin romper con quienes prefieren caminar con paso más lento o por otros derroteros.
b) Su relación con Santa Teresa
Siendo aún novicio, le encomendó la Madre Fundadora el cuidado de sus hijas, que no confiaba a cualquiera. En este caso la condición de ‘novicio’ tiene un alcance bien diferente que en el apartado anterior. Frente al padre General, depositario de una tradición plurisecular, el Gracián recién profeso asumió una responsabilidad que aparecía verdaderamente desproporcionada.
En el caso de su atención como confesor a las Descalzas de Pastrana, no se trata de un ‘novicio’ (como lo es para sus connovicios) sino de un sacerdote con 12 años de estudios universitarios y más de 10 años de experiencia de vida de oración. El entusiasmo de Isabel de Santo Domingo y sus hijas de Pastrana primero, y el de la Santa y las monjas de Beas después, demuestran que la sintonía fue perfecta. Al ‘yo desde Beas lo entendí’ de la Santa, corresponde esta confesión de Gracián: «Estuve en Beas muchos días, en los cuales començábamos [= comentábamos?] todas las cosas de la Orden, así pasadas como presentes, y lo que era menester para prevenir las futuras; y demás desto, de toda la manera de proceder en el espíritu, y cómo se había de sustentar así en frailes como en monjas. Ella me examinó a mí de todo cuanto sabía en esta doctrina, así por letras como por experiencia. Me enseñó todo cuanto ella sabía dándome tantas doctrinas, reglas y consejos, que pudiera escribir un libro muy grande de lo que aquí me enseñó, porque, como digo, fueron muchos días y todo el día, fuera del tiempo de Misa y de comer, se gastaba en esto. Diome cuenta de toda su vida y espíritu e intentos. Quedéle tan rendido, que desde entonces ninguna cosa hice grave sin su consejo» (Scholias… MteCarm 68 (1960) p. 125).
Creo que puede afirmarse con razón que la Santa comenzó a sentirse plenamente Fundadora a partir del encuentro con el padre Gracián. Fue él quien le abrió nuevos horizontes y le hizo vislumbrar que podría ‘dilatarse esta orden de la Virgen Santísima María en todo el mundo con el fruto de las almas, como se había dilatado la de la Compañía de Jesús’. (Al final de su vida pondrá Gracián en el mismo nivel a San Elías, como fundador de los Carmelitas, a San Ignacio, como fundador de la Compañia, y a la Madre Teresa, como Fundadora de sus Descalzas y Descalzos).
De ese respeto por el magisterio teresiano nacieron sin duda la invitación a proseguir el libro de las Fundaciones (que Gracián se comprometió a completar escribiendo las de los frailes) y a escribir el libro de las Moradas; la edición y defensa de sus Constituciones (completadas con el contrapunto de El Cerro); la conservación del epistolarío teresiano; la contribución decisiva a la hora de iniciar el Proceso de Canonización, con la consiguiente vigilancia para que la figura de Teresa no fuese instrumentalizada, como intentaron algunos al pedir que se quitasen del Rótulo los pasajes que la llamaban Fundadora de los frailes y ponían de relieve su celo de almas.
c) Su fecunda labor literaria
El padre Gracián merece un puesto destacado en la historia de la espiritualidad, tanto por la abundancia como por la calidad de sus escritos. Su formación universitaria en Alcalá, su intimidad con santa Teresa y sus principales colaboradoras (Isabel de Santo Domingo, María de San José, Ana de Jesús, Ana de San Bartolomé, por citar sólo las más conocidas), la lectura asidua de la Sagrada Escritura y de los autores espirituales, las tres horas diarias dedicadas a la oración durante toda la vida, junto con su clara inteligencia y su memoria prodigiosa, hacen del padre Gracián un gran maestro y escritor de vida espiritual. La exposición de la doctrina teresiana es el tema que destaca con mayor fuerza en gran parte de sus escritos. A él hay que añadir las numerosas páginas autobiográficas (aun fuera del epistolario y de la Peregrinación de Anastasio) y notables elaboraciones sistemáticas de doctrina espiritual, desde la Lámpara encendida (Pamplona 1583) hasta la Mística teología (Madrid 1601, Bruselas 1609) o el Itinerario de los caminos de la perfección (Bruselas 1609).
BIBL.Las colecciones fundamentales de escritos del P. Gracián son la de Silverio de Sta. Teresa, Obras. 3 vol. (Burgos 1932-1933; BMC 15-17) y la de J. L. Astigarraga, Epistolario (Roma 1989; MHCT 9). Para la documentación sobre la Orden véanse los 4 vol. de Documenta Primigenia (Roma 1972-1985; MHCT 1-4). Para más información tanto biográfica como bibliográfica véase el fascículo monográfico de la revista Monte Carmelo 91 (1983) 257- 625 y: A. Donázar, Principio y fin de una reforma. Una revolución religiosa en tiempos de Felipe II. La Reforma del Carmen y sus hombres (Bogotá 1968); I. Moriones, Ana de Jesús y la herencia teresiana. ¿Humanismo cristiano o rigor primitivo? (Roma 1968); id. artículo Jérome de la Mère de Dieu (Gracián), carme déchaux, 1545-1614, en Dictionnaire de Spiritualité, T 8, París 1974, col. 920-928; id. El Carmelo Teresiano y sus problemas de memoria histórica (Vitoria 1997); Alvarez Tomás, Jerónimo Gracián, pionero de las misiones teresianas, en MteCarm 110 (2002) 29-49.
Ildefonso Moriones
2. Presencia de Gracián en los escritos teresianos
1. Encuentro de Teresa y Gracián, 1575.Al leer el epistolario teresiano, es fácil constatar que Gracián es un personaje que entra de lleno en la vida de T. Puede decirse que el más sobresaliente. Sorprende su presencia y su permanencia. Todo parecía dispuesto para que ambos se conocieran en el momento oportuno. El encuentro tiene lugar, no sólo en una fecha determinada, sino en el instante en que T lo estaba necesitando para la obra que había emprendido.
Fue en Beas, 25 de abril de 1575. ‘Estando yo en la fundación de Beas, acertó a venir por allí el Maestro fray Jerónimo de la Madre de Dios Gracián’ (R 40). T había llegado a esta ciudad andaluza el 16 de febrero. Gracián unos dos meses después, ya nombrado Visitador de los calzados de Andalucía, a los pocos meses de haber profesado la nueva vida carmelitana estrenada en Duruelo. ‘Jamás nos habíamos visto, aunque yo lo deseaba harto; escrito, sí algunas veces. Holguéme en extremo cuando supe que estaba allí, porque lo deseaba mucho por las buenas nuevas que de él me habían dado; mas muy mucho más me alegré cuando le comencé a tratar, porque, según me comentó, no me parecía le habían conocido los que me le habían loado. Y como yo estaba con tanta fatiga, en viéndole, parece que me representó el Señor el bien que por él nos había de venir; y así andaba aquellos días con tan excesivo consuelo y contento, que es verdad que yo misma me espantaba de mí’ (F 24,1.2). Hasta tal punto la impactó lo que había descubierto en él, que hace voto de obedecerle en todo (R 40,5).
2. Un hombre enviado por Dios y su bendita Madre.Desde ese encuentro, Gracián comienza a ser uno de los personajes de los que en la historia teresiana no se puede prescindir. Influye en las fundaciones iniciadas por la Santa. No importa que fueran sólo siete los años (1575-1582), después que se conocieron, luchando unidos para defender la obra teresiana iniciada en 1562 en Avila; tampoco el que Gracián frisara en los treinta años y T llegase a los 60. Ésta descubrió en él algo providencial: ‘Nuestra Señora parece lo escogió para bien de esta Orden primitiva’ (F 23,1). ‘Verdaderamente que me ha perecido un hombre enviado de Dios y de su bendita Madre, cuya devoción que tiene grande le trajo a la Orden para ayuda mía’ (cta 208,4).
3. No habrá otro semejante.Desde el primer momento T descubre en él al carmelita descalzo que responde al ‘ser tales’ de que se habla en Caminoaludiendo a las monjas. Lo define como ‘hombre de muchas letras y entendimiento y modestia, acompañado de muchas virtudes toda su vida’ (F 23,1). ‘Entonces había muy pocos o casi ninguno semejante’ (ib n. 7). ‘De que se haga con ese aviso [de Gracián] estoy muy contenta; porque creo yo [que] ahora ni nunca habrá otro con quien así se pueda tratar. Porque, como lo escogió el Señor para estos principios y no los habrá cada día, así pienso que no habrá otro semejante’ (cta 160,1). Y por si no fuera suficiente el concepto que se ha hecho de Gracián desde ese primer momento, lo corrobora con la impresión que recibe de parte de san Juan de la Cruz: ‘Dice Séneca, contentísimo, que ha hallado más en su prelado de lo que él había podido desear; da hartas gracias a Dios’ (cta 92,4).
4. Presencia de Gracián en el espistolario teresiano.La Santa siente ‘por él una admiración superlativa, y un amor filial y materno a la vez’ (F 23, nota 2). Es la persona que T estaba necesitando en aquel momento para no enfrentarse sola con los años borrascosos que poco después iban a sobrevenir, amenazando destruir lo comenzado en Avila y sobre todo en Duruelo. Esto explica por qué desde un primer momento se entabla entre los dos intensa relación, sobre todo epistolar. Son 114 las cartas que se conservan dirigidas por T a Gracián. Cinco de 1575; veinticuatro de 1576; diez de 1577; veinticinco de 1578; catorce de 1579; once de 1580; veintiuna de 1581 y cuatro de 1582. Sin embargo de Gracián a T sólo se conoce una.
A partir de 1575, las cartas de T están como sembradas, de una u otra forma, de referencias a Gracián. Su presencia es continua en las misivas de ella. No serán menos de quinientas las veces que lo menciona. Utiliza ‘nominativos’ o ‘apelativos’ diversos, según el cargo que Gracián está desempeñando: Comisario (unas once veces, Provincial (cuarenta), Visitador (veintiocho); o lo trata con la fórmula que era usual en el Carmelo de entonces y en la misma vida religiosa, que indica cercanía, sentido filial, confianza, predilección: nuestro Padre (ciento veintisiete), ‘mi Padre’ escribe en ocasiones; o bien Jerónimo Gracián o sólo Gracián(noventa y siete).
Pero existe otra particularidad impuesta por las circunstancias adversas a que estaba sometida la obra de T, que lo era también muy particular de Gracián: el recurso a los criptónimos. Se vale de ellos con frecuencia en las cartas que le escribe desde el 27 de septiembre de 1575 (cta 89) hasta el 11 de enero de 1580 (cta 324), cuando la tormenta ya había amainado. Son diversos los criptónimos con los que se refiere a Gracián, rogándole además en bastantes de sus cartas que las rompa en cuanto las haya leído. Éste no cumple el deseo de T, y gracias a ello disponemos de esas misivas. Una vez lo llama Cirilo; diez, Eliseo; dos, Joanes, y cincuenta y tres, Pablo, o más exactamente Paulo, nombre que usa sólo cuando se refiere a Gracián, no así cuando recuerda a san Pablo o a otras personas. No se sabe por qué hace esta distinción.
5. Aspectos concretos de la visión de Gracián desde T.Son muchos los detalles que la Santa de Avila va dejando en sus cartas. Por ellos puede deducirse algo de lo que era Gracián para T. Resumiendo, pueden anotarse los siguientes:
Hay cartas de tipo informativo (cta 89, entre otras) o para saber si le ha gustado alguna cosa en concreto (cta 108,5) o bien para interesarse cómo van sus negocios (ib).
No pierde ocasión de aconsejarle: le dice cómo tiene que proceder con las monjas (cta 108,11). Incluso, en el tema de gobierno de Gracián como visitador o comisario, le dice claramente que ‘aunque no le obedezcan’, se detenga en lo de ‘poner cartas de descomunión’, para que no se sometan a viva fuerza (cta 96,4).
O sintiéndose con más experiencia de la vida, no duda en enseñarle cómo hay que caminar por ella, sobre todo cuando la ‘llaneza’ con que él obra puede no ser entendida por todos. ‘Yo puedo tratar y tener mucho amor por muchas causas, y ellas no todas podrán, ni todos los prelados serán como mi padre, que se sufra con ellos tanta llaneza. Y, pues Dios le ha encomendado este tesoro [el carmelo teresiano], no ha de pensar que le guardarán todos como vuestra paternidad; que yo le digo, cierto, que tengo harto más miedo a lo que le pueden robar los hombres que los demonios; y lo que me vieran decir y hacer a mí (porque entiendo con quién trato, y ya por mis años puedo), les parecerá que pueden ellas hacer, y tendrán razón. Y esto no es dejar de amarlas mucho, sino quererlas muy mucho… No le pese a mi padre de oír estas cosas, que estamos vuestra paternidad y yo, cargados de muy gran cargo y hemos de dar cuenta a Dios y al mundo; y porque entiende el amor con que lo digo, me puede perdonar y hacerme la merced que le he suplicado de no leer en público las cartas que le escribo. Mire que son diferentes los entendimientos y que nunca los prelados han de ser tan claros en algunas cosas; y podrá ser que las escriba yo de determinada persona o de mí, y no será bien que las sepa nadie’ (cta 141,1-3).
En tantos otros momentos se siente madre cariñosa que se preocupa del hijo y teme por su salud. Le aconseja que se controle en el trabajo (cta 74,2). Y, como experimentada en el camino de la oración, tras haberle manifestado Gracián cómo la hacía él, le avisa, exhorta y enseña en qué puede conocer que es auténtica: ‘El caso es que en estas cosas interiores de espíritu, la que más acepta y acertada es, es la de mejores dejos […]; llamo dejos confirmados con obras, y que los deseos que tiene de la honra de Dios se parezcan en mirar por ella muy de veras y emplear su memoria y entendimiento en cómo le ha de agradar y mostrar más el amor que le tiene’ (cta 136,4.5.6). Pero al mismo tiempo que madre que advierte y amonesta, se siente ‘muy su hija’ (cta 316,4), ‘sierva e hija y súbdita, y ¡qué de buena gana!’ (cta 380,5).
Añora no tenerlo presente: ‘Querría yo verle por acá […], y yo no sé qué más tiene estar aquí que andar por allá’ (cta 246,1). Las ausencias se le hacen largas, hasta el punto de escribir: ‘He sentido esta ausencia a tal tiempo, que se me quitó el deseo de escribir a vuestra paternidad’ (465,2). ‘Es cosa recia no saber adónde está’ (cta.410,1). ‘Sin Pablo, ni nada la satisface de lo que hace, ni parecía que acertaba’ (cta 118,4).
No siempre le llega la carta que espera. Las cartas de Gracián a T son como medicina: ‘Yo le digo que me han dado salud, que, desde anoche que recibí ésas de Malagón, me han cargado un gran romadizo que tenía, como me cansé en leer y escribir. Y ahora estas cartas me han regalado de manera que me han aliviado mucho’ (cta 246,1). Siempre la alegran: ‘una que dice vuestra reverencia me escribía muy larga no ha llegado acá; mas, aunque éstas eran muy cortas, no lo fue el contento que me dieron por saber tiene vuestra reverencia salud, que estaba con cuidado’ (cta 402,1). –
Lo defiende ante Felipe II (cta 208) y sale en su defensa contra el breve del nuncio Felipe Sega (cta 262; cf cta 226, 271,269).
T fue siempre para Gracián libro abierto: ‘Quisiérale yo abrir las entrañas’ (124,4). Por Gracián conocemos un poco mejor a T y por T conocemos un poco más a Gracián.
E. Renedo
3. Padres y hermanos de Gracián
Los padresde Jerónimo Gracián fueron Diego Gracián de Alderete y Juana Dantisco, que contrajeron matrimonio el 22 de mayo de 1538.
1. Diego Gracián de Alderete(1494-1586) fue hijo de Diego García, armero mayor del Rey Católico y de Isabel de Hermosilla. Hizo sus estudios en París y Lovaina. Perteneció al grupo erasmista de la Corte de Carlos V. Políglota y traductor de profesión, es conocido por las traducciones de Plutarco, Tucídides, Jenofonte, etc., que fue publicando a partir de 1533 y le conquistaron un puesto de honor en el mundo de las letras del siglo XVI español. El empleo a que consagró la mayor parte de su vida, y que le aseguró el sueldo para mantener honestamente a su numerosa familia, fue el de secretario de Cruzada e intérprete del emperador Carlos V y del rey Felipe II. Murió, conservando hasta el final su buen talante y sus facultades mentales, el 2 de marzo de 1586 (MHCT 3, p. 111-112).
2. Juana Dantisco (1526-1601), fue hija natural de don Juan Dantisco, embajador del rey de Polonia luego obispo de Kulm (1530) y príncipe obispo de Ernmerland (1537) y de Isabel Delgado. Niña aún, Juana fue recogida en su casa y educada por su futura suegra doña Isabel de Hermosilla, que cuidó de ella hasta que cumplió los años y alcanzó la madurez necesaria para contraer matrimonio con su hijo Diego. Mujer fuerte, madre ejemplar, regaló a santa Teresa lo mejor de su familia, comenzando por el hijo predilecto. La Santa le correspondió agradecida y nos dejó de ella el siguiente retrato: «Es de las mejores partes las que Dios le dio, y talento y condición, que he visto pocas semejantes en mi vida, y aun creo ninguna; una llaneza y claridad, por la que yo soy perdida. Hartas ventajas hace a su hijo en esto. Grandísimamente me consolara de estar adonde la pudiera tratar muchas veces. Tan conocidas estábamos como si toda la vida nos hubiéramos tratado» (Carta del 20.9.1576 a Gracián). Murió santamente el 6 de octubre de 1601, asistida por su hijo Jerónimo, quien, para el sermón de sus honras fúnebres eligió el tema Surrexerunt fiflii eius et beatissimam praedicaverunt (MHCT 9, p. 314). Dantisco, Juana.
BIBL.T. Alvarez, Alderete y Dantisco: padre y abuelo de Gracián. El drama de dos humanistas del siglo XVI, en Monte Carmelo 91 (1983) 383-432; M. Bataillon, Erasmo y España (México-Buenos Aires 1950) II, p. 226-227.
Los hermanos.El matrimonio Gracián-Dantisco tuvo 20 hijos. Siete murieron en la infancia y trece llegaron a la edad adulta. He aquí los nombres de estos trece:
1. Antonio Gracián Alderete.Ayudó a su padre en el oficio de Secretario. Felipe II lo eligió para ‘secretario asistente a su Real Persona’. Desde su puesto de Secretario del Rey ayudó a la Santa en algunos momentos difíciles, por lo que ella sintió mucho su pérdida (6.4.1576), cuando más lo necesitaba. Quejándose al Señor por ello recibió esta respuesta: «Pidiómelo y otorguéselo, porque convenía». Murió pobre y en opinión de cristiano virtuoso, sobre todo por su desinterés y vida de oración.
2. Lucas Gracián. Se hizo famoso en todo el mundo por su obra Galateo español. Casado en Toledo con doña Juana Carrillo, sirvió al Rey en varios empleos políticos y colaboró con su hermano Antonio en la formación de la biblioteca de El Escorial. Murió en Madrid hacia 1586. Ana de Jesús le vio pasar al purgatorio y pidió a sus monjas le ayudasen con sus oraciones.
3. Jerónimo Gracián de la Madre de Dios(1545-1614).
4. Adriana Gracián (1544-1631). Entró monja en la Concepción Jerónima de Madrid «donde con muchos años y más ejemplos selló la feliz carrera de su vida». Resulta viva todavía en 1619. Cf ctas 124,5; 241.6.
5. Justina Dantisco(1552-1599). Casó con don Pedro Zapata del Mármol, Secretario del Consejo Real y hermano de los doctores Bernabé y Juan Vázquez del Mármol, de tanta transcendencia en la historia de Gracián y de la Orden. «Fue esta señora muy parecida a su madre y parecía serlo de sus hermanos».
6. Tomás Gracián. Secretario y sucesor de su padre en el oficio. Se casó dos veces, la primera con doña Lorenza de Zurita, llamada familiarmente ‘la perfecta casada’ y, al morir ésta, con Isabel de Berruguete. Entre sus hijos tuvo cinco religiosos: un cartujo, dos benedictinos, un jesuita y una carmelita descalza; otra casada y otros que murieron niños. Sobrevivió a su hermano Jerónimo Gracián algunos años (en 1619 vive todavía) e intentó promover su Proceso de Canonización, pero ante la reacción amenazadora de algunos Descalzos desistió.
7. María de san José (Dantisco). Carmelita descalza, recibió el hábito de manos de la Santa en Valladolid. En 1588 pasó a Madrid y en 1597 fue de fundadora a Consuegra, donde fue varias veces priora y permaneció hasta su muerte, a los 48 años de edad, en 1611.
8. Pedro Gracián de Torres Alderete. Le echaron de Pastrana, después de once meses de noviciado, en 1588 por falta de salud. Siguió la carrera eclesiástica y se ordenó de sacerdote. Fue Rector del Hospital de la Latina en Madrid, donde, curando a los apestados, murió víctima de la caridad a los 34 años en 1599.
9. Juana Dantisco. Murió al año de haberse casado con el Regidor de Segovia, Olías.
10. Luis Gracián. Casó con Inés de Barrionuevo. Fue Secretario del Virrey de Sicilia. Murió improvisamente a los 32 años en Madrid, asistido por su hermano Pedro que le administró los últimos sacramentos.
11. Isabel de Jesús (Dantisco). Carmelita descalza. Niña todavía (‘la mi Bela’) recibió el hábito de manos de la Santa en Toledo. Luego pasó a Cuerva, donde murió después de 1619.
12. Lorenzo de la Madre de Dios(1570-1645). Tomó el hábito en Pastrana el 16 de enero de 1588, a los 17 años, después de licenciarse en Artes en Alcalá y profesó el 17 de enero de 1589.
13. Juliana de la Madre de Dios (Gracián Dantisco). Carmelita Descalza en Sevilla, donde la recibió la Santa Madre y pasó toda su vida, llegando a ser priora de la comunidad.
Los otros siete murieron ‘en edad pupilar’ dice Mármol (p. 161).
BIBL.A. Mármol, Excelencias, vida y trabajos del padre fray Gerónimo Gracián de la Madre de Dios Carmelita (Valladolid 1619); Reforma,T VI, 1. 23, c. 50.
Ildefonso Moriones

