Al ser nombrada priora de la Encarnación de Avila, la Santa suspende, por fuerza, su tarea de fundadora. Un trienio de pausa: 1571-1574. El Visitador Apostólico, Pedro Fernández, prefiere que concentre sus energías en ese su antiguo hogar carmelita (F 21,1). Es el trienio en que la Santa explota el saber y los servicios de fray Juan de la Cruz, adoptándolo por ‘padre de su alma’ y nombrándolo confesor y guía espiritual de la comunidad.
Pues bien, será fray Juan de la Cruz quien ahora (1574) la acompañe a la fundación del Carmelo de Segovia. En la primera quincena de marzo de ese año sale de Alba de Tormes la Santa, acompañada de fray Juan de la Cruz, de Julián de Avila y del caballero Antonio Gaytán, todos camino de Segovia. Bien asesorada ella previamente: había escuchado la voz de su Señor (F 21,2); en Segovia ya le habían allanado el terreno dos damas excepcionales, Ana de Jimena y su hija María, que ingresarán en el Carmelo de la ciudad apenas fundado; contaba además con los buenos servicios de Andrés de Jimena, hermano de Isabel de Jesús (Jimena), la que tres años antes había cantado en la Pascua de Salamanca el ‘Véante mis ojos, / dulce Jesús bueno’ (R 15) y que ahora viene a la fundación; tenía el visto bueno de la ciudad y del Obispo Diego de Covarrubias y Leyva, y el apoyo del sobrino de éste, el famoso Juan de Orozco y Covarrubias… No preveía, en cambio, la oposición del Provisor de la diócesis, que surgiría iracunda apenas realizada la fundación.
La Santa y los de su comitiva inauguraron el nuevo Carmelo el día de san José, 19 de marzo de 1574. Pero apenas celebrada la primera misa e instalado el Santísimo Sacramento, se hace presente el Provisor demandando la presentación de la licencia escrita, y al no poder alegarla los fundadores, hace retirar el Santísimo y amenaza con la cárcel a fray Juan de la Cruz y a Antonio Gaytán. Lo cuenta sumariamente la Santa: Fundaciones, 21,8. Da más detalles e ironiza sobre ellos el capellán de siempre, Julián de Avila, que presenció escondido el choque verbal del Provisor con fray Juan de la Cruz: ‘yo escribe, como sentí la furia con que venía [el Provisor], amparéme en una escalera que había quedado en el portal, y topóse con fray Juan de la Cruz…’ (Julián de Avila, Vida de santa Teresa…, Madrid 1881, p. 273). Aplacada la ira del buen señor, T tiene que enredarse en una interminable serie de pleitos para adquirir casa definitiva. A primeros de octubre, todo quedaba encaminado. Y ella puede regresar a la Encarnación de Avila a clausurar su priorato.
En ese Carmelo de Segovia y dialogando a través de la reja con los Padres Diego de Yanguas y Jerónimo Gracián, soportará la Santa una especie de escrutinio censorial del autógrafo del Castillo Interior (junio de 1580). Más tarde (1588-1589 y 1590-1591), el Carmelo de Segovia contará con la presencia y asistencia de fray Juan de la Cruz.
Bibl.Documentación sobre el Carmelo de Segovia, en BMC 6, pp. 178-197; Julián de Avila, Vida de santa Teresa, editada y adicionada por don Vicente de la Fuente. Madrid 1881, pp. 273-274; Ribera, 3, c. 2, p. 229; Reforma1.3, c. 27, pp. 488ss.
F. Domingo

