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Relación 3

Teresa de Ávila

Website "muy peculiar" del mundo teresiano

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  • Santa Teresa
    en 100 fichas
  • Diccionario
    teresiano

36

1.—Esto que está aquí de mi letra, ha nueve meses, poco más o menos, que lo escribí. Después acá, no tornando atrás de las mercedes que Dios me ha hecho, me parece he recibido de nuevo, a lo que entiendo, mucha mayor libertad. Hasta ahora parecíame había menester a otros y tenía más confianza en ayudas del mundo; ahora entiendo claro ser todos unos palillos de romero seco, y que asiéndose a ellos no hay seguridad, que en habiendo algún peso de contradicciones o murmuraciones se quiebran. Y así tengo experiencia que el verdadero remedio para no caer es asirnos a la cruz y confiar en el que en ella se puso. Hállole amigo verdadero, y hállome con esto con un señorío que me parece podría resistir a todo el mundo que fuese contra mí, con no me faltar Dios.

2.—Entendiendo esta verdad tan clara, solía ser muy amiga de que me quisiesen bien; ya no se me da nada, antes me parece en parte me cansa, salvo con los que trato mi alma o yo pienso aprovechar, que los unos porque me sufran y los otros porque con más afición crean lo que les digo de la vanidad que es todo, querría me la tuviesen.

3.—En muy grandes trabajos y persecuciones y contradicciones que he tenido estos meses hame dado Dios gran ánimo7; y cuando mayores mayor, sin cansarme en padecer, y con las personas que decían mal de mí, no solo no estaba mal con ellas, sino que me parece las cobraba amor de nuevo. No sé cómo era esto, bien dado de la mano del Señor.

4.—De mi natural suelo, cuando deseo una cosa, ser impetuosa en desearla. Ahora van mis deseos con tanta quietud, que cuando los veo cumplidos, aún no entiendo si me huelgo. Que pesar y placer, si no es en cosas de oración, todo va templado, que parezco boba y como tal ando algunos días.

5.—Los ímpetus que me dan algunas veces y han dado de hacer penitencia, son grandes, y si alguna hago, siéntola tan poco con aquel gran deseo, que alguna vez me parece –y siempre casi– que es regalo particular, aunque hago poca, por ser muy enferma.

6.—Es grandísima [pena] para mí muchas veces, y ahora más excesiva, el haber de comer, en especial si estoy en oración. Debe ser grande, porque me hace llorar mucho y decir palabras de aflicción casi sin sentirme, lo que yo no suelo hacer. Por grandísimos trabajos que yo he tenido en esta vida, no me acuerdo haberlas dicho, que no soy nada mujer en estas cosas, que tengo recio corazón.

7.—Deseo grandísimo, más que suelo, siento en mí, que tenga Dios personas que con todo desasimiento le sirvan y que en nada de lo de acá se detengan –como veo es todo burla–, en especial letrados; que, como veo las grandes necesidades de la Iglesia, que estas me afligen tanto, que me parece cosa de burla tener por otra cosa pena, y así no hago sino encomendarlos a Dios; porque veo yo que haría más provecho una persona del todo perfecta, con hervor verdadero de amor de Dios, que muchas con tibieza.

8.—En cosas de la fe me hallo, a mi parecer, con muy mayor fortaleza. Paréceme a mí que contra todos los luteranos me pondría yo sola a hacerles entender su yerro. Siento mucho la perdición de tantas almas. Veo muchas aprovechadas, que conozco claro ha querido Dios que sea por mis medios, y conozco que por su bondad va en crecimiento mi alma en amarle cada día más.

9.—Paréceme que, aunque con estudio quisiese tener vanagloria, que no podría, ni veo cómo pudiese pensar que ninguna de estas virtudes es mía; porque ha poco que me vi sin ninguna muchos años, y ahora de mi parte no hago más de recibir mercedes, sin servir, sino como la cosa más sin provecho del mundo. Y es así que considero algunas veces cómo todos aprovechan sino yo, que para ninguna cosa valgo. Esto no es, cierto, humildad, sino verdad, y conocerme tan sin provecho me trae con temores algunas veces de pensar no sea engañada. Así que veo claro que de estas revelaciones y arrobamientos –que yo ninguna parte soy, ni hago para ellos más que una tabla– me vienen estas ganancias. Esto me hace asegurar y traer más sosiego, y póngome en los brazos de Dios, y fío de mis deseos, que estos, cierto, entiendo son morir por Él y perder todo el descanso, y venga lo que viniere.

10.—Viénenme días que me acuerdo infinitas veces de lo que dice san Pablo8–aunque a buen seguro que no sea así en mí–, que ni me parece vivo yo, ni hablo, ni tengo querer, sino que está en mí quien me gobierna y da fuerza, y ando como casi fuera de mí, y así me es grandísima pena la vida. Y la mayor cosa que yo ofrezco a Dios por gran servicio, es cómo siéndome tan penoso estar apartada de Él, por su amor quiero vivir. Esto querría yo fuese con grandes trabajos y persecuciones; ya que yo no soy para aprovechar, querría ser para sufrir, y cuantos hay en el mundo pasaría por un tantito de más mérito, digo en cumplir más su voluntad.

11.—Ninguna cosa he tenido en la oración, aunque sea de hartos años antes, que no la haya visto cumplida. Son tantas las que veo, y lo que entiendo de las grandezas de Dios, y cómo las ha guiado, que casi ninguna vez comienzo a pensar en ello que no me falte el entendimiento, como quien ve cosas que van muy adelante de lo que puede entender, y quedo en recogimiento.

12.—Guárdame tanto Dios en ofenderle, que, cierto, algunas veces me espanto, que me parece veo el gran cuidado que trae de mí, sin poner yo en ello casi nada, siendo un piélago de pecados y de maldades antes de estas cosas, y sin parecerme era señora de mí para dejarlas de hacer. Y para lo que yo querría se supiesen, es para que se entienda el gran poder de Dios. Sea alabado por siempre jamás, amén9.

Jhs

13.—Esta relación, que no es de mi letra, que va al principio, es que la di yo a mi confesor, y él sin quitar ni poner cosa, la sacó de la suya. Era muy espiritual y teólogo –con quien trataba todas las cosas de mi alma–, y él las trató con otros letrados, y entre ellos fue el Padre Mancio10. Ninguna han hallado que no sea muy conforme a la Sagrada Escritura. Esto me hace estar ya muy sosegada, aunque entiendo he menester, mientras Dios me llevare por este camino, no fiar de mí en nada, y así lo he hecho siempre, aunque siento mucho.

Mire vuestra merced que todo esto va debajo de confesión, como lo supliqué a vuestra merced.


5. Ribera observa: «Aquí estaba echada una raya como esta [línea horizontal a todo lo ancho de la página], y luego dice» (p. 507). Sigue la Relación 3.ª.

6. Escrita 9 meses después de la precedente (n. 1), es decir en 1563, fue destinada muy probablemente al P. García de Toledo.

7. Alusión a la fundación de San José de Ávila.

8. Gal 2, 20.

9. El n. que sigue hace de epílogo a las 3 Relaciones. Advierte Ribera: «Acabado esto, comienza poniendo primero Jesús como ella lo hacía siempre que escribía, de esta manera, Jhs» (p. 510). Fecha probable: fines de 1565.

10. Mancio del Corpus Christi, dominico, famoso profesor de Alcalá y Salamanca (1497-1566).

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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