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Relación 4

Teresa de Ávila

Website "muy peculiar" del mundo teresiano

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  • Diccionario
    teresiano

4a)11

Jhs

1.—Esta monja ha cuarenta años que tomó el hábito y desde el primero comenzó a pensar en la Pasión de nuestro Señor por los misterios y en sus pecados, sin nunca pensar en cosa que fuese sobrenatural, sino en las criaturas o cosas de que sacaba cuán presto se acaba todo, y en esto gastaba algunos ratos del día sin pasarle por pensamiento desear más, porque se tenía por tal, que aun pensar en Dios veía que no merecía.

2.—En esto pasó como veintidós años con grandes sequedades, leyendo también en buenos libros. Habrá como dieciocho, cuando se comenzó a tratar del primer monasterio que fundó en Ávila de Descalzas (como tres años antes), que comenzó a parecerle que le hablaban interiormente algunas veces y a ver algunas visiones y tener revelaciones12. Esto jamás vio nada ni lo ha visto con los ojos corporales, sino una representación como un relámpago, mas quedábasele tan imprimido y con tantos efectos, como si lo viera con los ojos corporales, y más.

3.—Ella era temerosísima, que aun algunas veces de día no osaba estar sola; y como aunque más hacía no podía excusar esto, andaba afligidísima, temiendo no fuese engaño del demonio; y comenzó a tratar con personas espirituales de la Compañía de Jesús, entre los cuales fue el Padre Araoz, que acertó a ir allí, que era Comisario de la Compañía, y el Padre Francisco –que fue duque de Gandía–13 trató dos veces, y a un provincial de la Compañía –que está ahora en Roma, de los cuatro–, llamado Gil González, y aun al que ahora lo es en Castilla, aunque a este no tanto; a Baltasar Álvarez, que es ahora Rector de Salamanca: la confesó seis años; al Rector de Cuenca14, llamado Salazar, y al de Segovia, llamado Santander, este no tanto tiempo; al Rector de Burgos, que llaman Ripalda, y aun estaba harto mal con ella hasta que la trató; al doctor Pablo Hernández en Toledo, que era Consultor de la Inquisición; a otro Ordóñez, que fue Rector en Ávila. Como estaba en los lugares, así procuraba los que de ellos eran más estimados.

4.—A fray Pedro de Alcántara trató mucho, y fue el que mucho puso por ella.

5.—Estuvieron más de seis años en este tiempo haciendo hartas pruebas, y ella con hartas lágrimas y aflicción, y mientras más pruebas se hacían, más tenía, y suspensiones hartas veces en la oracióny aun fuera de ella15.Hacíanse hartas oraciones y decíanse misas porque Dios la llevase por otro camino, porque su temor era grandísimo cuando no estaba en la oración, aunque en todas las cosas que tocaban al servicio de Dios se entendía clara mejoría y ninguna vanagloria ni soberbia, antes se corría de los que lo sabían, y sentía más tratarlo que si fueran pecados, porque le parecía que se reirían de ella y que eran cosas de mujercillas.

6.—Habrá como trece años, poco más o menos, que fue allí el Obispo de Salamanca, que era Inquisidor creo en Toledo, y lo había sido aquí; ella procuró de hablarle para asegurarse más y diole cuenta de todo16.Él le dijo que todo esto no era cosa que tocaba a su oficio, porque todo lo que veía y entendía siempre la afirmaba más en la fe católica, que ella siempre estuvo y está firme y con grandísimos deseos de la honra de Dios y bien de las almas, que por una se dejara matar muchas veces. Díjole, como la vio tan fatigada, que escribiese al Maestro Ávila, que era vivo, una larga relación de todo, que era hombre que entendía mucho de oración, y que con lo que la escribiese, se sosegase. Ella lo hizo así; y él la escribió asegurándola mucho17. Fue de suerte esta relación, que todos los letrados que la han visto –que eran sus confesores–, decían era de gran provecho para aviso de cosas espirituales, y mandáronla que lo trasladase e hiciese otro librillo para sus hijas, que era priora, adonde las diese algunos avisos.

7.—Con todo esto, a tiempos no le faltaban temores, y parecióle que a gente espiritual también podían estar engañados como ella, que quería tratar con grandes letrados, aunque no fuesen muy dados a oración, porque ella no quería sino saber si eran conforme a la Sagrada Escritura todo lo que tenía. Y algunas veces se consolaba pareciéndole que, aunque por sus pecados mereciese ser engañada, que a tantos buenos como deseaban darle luz, que no permitiría Dios se engañasen.

8.—Con este intento comenzó a tratar con padres de Santo Domingo en estas cosas, que antes que las tuviese muchas veces se confesaba con ellos. Son estos los que ha tratado: fray Vicente Barrón la confesó un año y medio en Toledo, yendo a fundar allí, que era consultor de la Inquisición y gran letrado; este la aseguró mucho. Y todos le decían que como no ofendiese a Dios y se conociese por ruin, que de qué temía. Con el Maestro fray Domingo Bañes, –que es consultor del Santo Oficio ahora en Valladolid– me confesé seis años, y siempre trata con él por cartas, cuando algo de nuevo se le ha ofrecido. Con el Maestro Chaves. Con el segundo fue fray Pedro Ibáñez, que era entonces lector en Ávila y grandísimo letrado, y con otro dominico que llaman fray García de Toledo. Con elP. Maestro fray Bartolomé de Medina, catedrático de Sala-manca, y sabía que estaba muy mal con ella, porque había oído de estas cosas; y parecióle que este la diría mejor si iba engañada, que ninguno (esto ha poco más de dos años), y procuróse confesar con él, y diole larga relación de todo, lo que allí estuvo, y procuró que viese lo que había escrito para que entendiese mejor su vida.Él la aseguró tanto y más que todos, y quedó muy su amigo. También se confesó algún tiempo con el Padre MaestroFray Felipe de18Meneses que estuvo en Valladolid a fundar, y era el Prior o Rector de aquel Colegio de San Gregorio, y habiendo oído estas cosas, la había ido a hablar en Ávila con harta caridad, queriendo saber si estaba engañada, y que si no era razón no la murmurasen tanto; y se satisfizo mucho. También trató particularmente con un Provincial de Santo Domingo, llamado Salinas, hombre muy espiritual y gran siervo de Dios; y con otro lector que es ahora en Segovia, llamado fray Diego de Yanguas, harto de agudo ingenio.

9.—Otros algunos, que en tantos años y con temor ha habido lugar para ello, en especial como andaba en tantas partes a fundar, hanse hecho hartas pruebas, porque todos deseaban acertar a darla luz, por donde la han asegurado y se han asegurado.

10.—Siempre jamás estaba sujeta y lo está a todo lo que tiene la santa fe católica, y toda su oración y de las casas que ha fundado, es porque vaya en aumento. Decía ella, que cuando alguna cosa de estas la induciera contra lo que es fe católica y la ley de Dios, que no hubiera menester andar a buscar pruebas, que luego viera era demonio.

11.—Jamás hizo cosa por lo que entendía en la oración, antes si le decían sus confesores al contrario, lo hacía luego, y siempre daba parte de todo. Nunca creyó tan determinadamente que era Dios –con cuanto le decían que sí–, que lo jurara, aunque por los efectos y las grandes mercedes que le ha hecho en algunas cosas, le parecía buen espíritu; mas siempre deseaba virtudes, y en esto ha puesto a sus monjas, diciendo que la más humilde y mortificada sería la más espiritual.

12.—Esto que ha escrito19dio al Padre Maestro fray Domingo Bañes, que está en Valladolid, que es con quien más ha tratado y trata. Piensa que los habrá presentado al Santo Oficio en Madrid20. En todo ello se sujeta a la corrección de la fe católica y de la Iglesia. Ninguno la ha puesto culpa, porque son estas cosas que no están en mano de nadie, y nuestro Señor no pide lo imposible.

13.—Como se ha dado cuenta a tantos por el gran temor que traía, hanse divulgado mucho estas cosas, que ha sido para ella harto grandísimo tormento y cruz; dice ella que no por humildad, sino porque siempre aborrecía estas cosas que decían de mujeres. Tenía extremo a no se sujetar a quien le parecía que creía era todo de Dios, porque luego temía los había de engañar a entrambos el demonio. Como quien veía temeroso, trataba su alma de mejor gana; aunque también le daba pena con los que del todo despreciaban estas cosas –era por probarla–21,porque le parecían algunas muy de Dios, y no quisiera, que pues no veían causa las condenaran determinadamente, tampoco como que creyeran que todo era de Dios, porque entendía ella muy bien que podía haber engaño, y por esto jamás le pareció asegurarse del todo en lo que podía haber peligro. Procuraba lo más que podía en ninguna cosa ofender a Dios y siempre obedecer; y con estas dos cosas se pensaba librar, aunque fuese demonio.

14.—Desde que tuvo cosas sobrenaturales, siempre se inclinaba su espíritu a buscar lo más perfecto, y casi ordinario traía grandes deseos de padecer; y en las persecuciones –que tuvo hartas–, se hallaba consolada y con amor particular a quien la perseguía. Gran deseo de pobreza y soledad, y de salir de este destierro por ver a Dios. Por estos efectos y otros semejantes se comenzó a sosegar, pareciéndole que espíritu que la dejaba con estas virtudes no sería malo, y así se lo decían con los que lo trataba, aunque para dejar de temer no, sino para no andar tan fatigada. Jamás su espíritu la persuadía a que encubriese nada, sino a que obedeciese siempre.

15.—Nunca con los ojos del cuerpo22vio nada, como está dicho, sino con una delicadeza y cosa tan intelectual, que algunas veces pensaba a los principios se le había antojado, otras no lo podía pensar. Tampoco oyó jamás con los oídos corporales, si no fueron dos veces, y estas no entendió cosa de las que decían, ni sabía quién.

16.—Estas cosas no eran continuas, sino en alguna necesidad algunas veces, como fue una que había estado algunos días con unos tormentos interiores incomportables y un desasosiego interior de temor si la traía engañada el demonio, como más largamente está en aquellaRelación23,y también están sus pecados, que así han sido públicos, como estotras cosas, porque el miedo que traía le ha hecho olvidar su crédito; y estando así con aflicción que no se puede decir, con solo entender esta palabra en lo interior; «Yo soy, no tengas miedo», quedaba el alma tan quieta y animosa y confiada, que no podía entender de dónde le había venido tan gran bien; pues no había bastado confesor, ni bastaran muchos letrados con muchas palabras para ponerle aquella paz y quietud que con una se le había puesto, y así otras veces que con alguna visión quedaba fortalecida; porque a no ser esto, no pudiera haber pasado tan grandes trabajos y contradicciones y enfermedades –que han sido sin cuento–, y pasa, que jamás anda sin algún género de padecer. Hay más y menos, mas lo ordinario es siempre dolores con otras hartas enfermedades, aunque después que es monja la han apretado más.

17.—Si en algo sirve al Señor y las mercedes que le hace, pasa de presto por su memoria, aunque de las mercedes muchas veces se acuerda, mas no puede detenerse allí mucho, como en los pecados, que siempre están atormentándola como un cieno de mal olor. El haber tenido tantos pecados y servido a Dios tan poco, debe ser causa de no ser tentada de vanagloria.

18.—Jamás con cosa de su espíritu tuvo persuasión, ni cosa sino de toda limpieza y castidad, y sobre todo un gran temor de no ofender a Dios nuestro Señor y de hacer en todo su voluntad. Esto le suplica siempre, y a su parecer está tan determinada a no salir de ella, que no la dirían cosa en que pensase servir más a Dios los que la tratan –confesores y prelados– que la dejase de poner por obra, confiada en que el Señor ayuda a los que se determinan por su servicio y gloria.

19.—No se acuerda más de sí, ni de su provecho –en comparación de esto–, que si no fuese, a cuanto ella puede entender de sí y entienden sus confesores. Es todo gran verdad lo que va en este papel, y lo puede probar con ellos vuestra merced, si quiere, y con todas las personas que la han tratado de veinte años a esta parte. Muy ordinario la mueve su espíritu a alabanzas de Dios, y querría que todo el mundo entendiese en esto, aunque a ella le costase muy mucho. De aquí le viene el deseo del bien de las almas; y de ver cuán basuras son las cosas exteriores de este mundo y cuán preciosas las interiores –que no tienen comparación–, ha venido a tener en poco las cosas de él.

20.—La manera de visión que vuestra merced me preguntó es que no se ve cosa ni interior ni exteriormente, porque no es imaginaria; mas sin verse nada, entiende el alma quién es, y hacia dónde se le representa, más claramente que si lo viese, salvo que no se le representa cosa particular, sino como si una persona sintiese que está otra cabe ella, y porque estuviese a oscuras no la ve, más cierto entiende que está allí, salvo que no es comparación esta bastante; porque el que está a oscuras, por alguna vía, u oyendo ruido, o habiendo visto antes la persona, entiende que está allí o la conoce de antes. Acá no hay nada de eso, sino que sin palabra exterior ni interior entiende el alma clarísimamente quién es, y hacia qué parte está, y a las veces lo que quiere significar. Por dónde o cómo, no lo sabe; mas ello pasa así, y lo que dura no puede ignorarlo; y cuando se quita, aunque más quiere imaginarlo como antes, no aprovecha, porque se ve que es imaginación y no presencia, que esta no está en su mano; y así son todas las cosas sobrenaturales. Y de aquí viene no tenerse en nada a quien Dios hace esta merced, porque ve que es cosa dada y que ella allí ni puede quitar ni poner; y esto hace quedar con mucha más humildad y amor de servir siempre a este Señor tan poderoso, que puede hacer lo que acá no podemos aun entender; como aunque más letras tengan, hay cosas que no se alcanzan.

Sea bendito el que lo da, amén, para siempre jamás.


11. En Sevilla a fines de 1575 (cf. Ribera IV, c. 7, p. 368), o quizá a principios de 1576. El plano de arriba contiene el texto de Caprarola (autógrafo). El de abajo, el texto de Ribera (IV, c. 7, pp. 369-375) y ms. de Ávila y Toledo.

12. Escribe entre 1575 y 1576. «Ha 40 años que tomó el hábito»: 1535-1536. – «Pasó como 22 años con grandes sequedades»: 1535-1556 (?). – «Habrá como 18, cuando se comenzó a tratar del primer monasterio... como 3 años antes...»: 1557-1560.

13. De Buendía, escribió primero la Santa.

14. De Sigüenza, escribió primero.

15. Las palabras en cursiva fueron añadidas entre líneas por la Autora.

16. Francisco de Soto y Salazar (cf. Vida 40, 16).

17. Alusión a la Vida y a las cartas de san Juan de Ávila de abril y septiembre de 1568 (cf. BMC t. II, páginas 207-210).

18. Lo subrayado, escrito entre líneas por la Santa.

19. El libro de la Vida.

20. Efectivamente, el libro estaba ya en poder del Santo Oficio de Madrid. Báñez había firmado su censura a 7/7/1575.

21. Añadió entre líneas.

22. Del espíritu, había escrito, y lo borró.

23. En la Vida.

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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