1. Dada la centralidad del misterio de Cristo en la vida y en la doctrina de santa Teresa, es importante destacar los hitos más notables de su formación cristológica. Ciertamente las primeras semillas germinaron ya en su infancia hogareña. Entre los enseres de la hacienda inventariados por don Alonso, había un enorme óleo que representaba a Jesús sentado en el brocal del pozo de Sicar en conversación con la Samaritana. Tras la muerte de don Alonso, Teresa llevará consigo el precioso cuadro a la Encarnación. Desde muy joven asegura ella todos los días, antes de acostarse, se detenía a pensar unos momentos en la escena de la oración de Jesús en el Huerto. Es probable que esa costumbre fuese efecto de sus primeras lecturas cristológicas en el Flos Sanctorum, cuyas páginas proemiales traducían los cuatro evangelios de la Pasión del Señor el Monotéssaron y los ilustraban con una serie de veinte viñetas, entre las cuales figuraba una, realmente impresionante, de Jesús orando en Getsemaní. Pero ya antes de esas lecturas, se iniciaba ella en lomás fundamental del misterio de Cristo a base de las cartillas y doctrinas de su primerísima formación cristiana. En ellas aprendió que de los catorce artículos de la fe, 'los siete finales pertenescen a la santa Humanidad (del Señor). Y se los hacía memorizar, comenzando por 'el primero que es creer que el Hijo de Dios fue concebido de nuestra Señora la Virgen sancta María por virtud del Espíritu Santo, y no como nosotros los hombres: mas milagrosamente'. Así, hasta el artículo séptimo, sobre su regreso 'en fin del mundo'. Destacaba en el artículo tercero el hecho de su pasión y muerte, que Teresa, desde muy niña, celebraría emocionada en las procesiones de Semana Santa.
2. Con todo, el verdadero manual de formación cristológica de Teresa fue un libro tardomedieval, traducido del latín y conocido por ella con la designación castellana de 'los Cartujanos'. Eran cuatro gruesos volúmenes, escritos por el cartujo Landulfo de Sajonia con el título Vita Christi, difundido en toda Europa desde sus numerosas ediciones incunables. Había sido traducido al castellano a finales del siglo XV y adaptado a los lectores españoles por el franciscano Ambrosio Montesino, que publicó los cuatro volúmenes en Alcalá a principio del siglo XVI, con un total de 1320 páginas. La obra constaba de dos partes, la primera de las cuales (vv. I-II) presentaba la vida de Jesús desde su preexistencia en el seno del Padre hasta la curación del ciego de Betsaida. La parte segunda, desde la confesión mesiánica de Pedro en Cesarea de Filipo hasta el envío del Espíritu Santo. Teresa, ya carmelita, disponía en San José de los cuatro volúmenes y solía tenerlos consigo los días de retiro en las ermitas de Nazaret o del Santo Cristo a la Columna. No sabemos si fue capaz de leer esas más de mil páginas de que constaba el libro de Landulfo-Montesino. Pero ciertamente, dada la estructura castellana de la obra y dado su precioso contenido, los Cartujanos eran sumamente indicados para la degustación contemplativa de Teresa lectora.
3. En su versión castellana el libro contenía por extenso la progresiva exposición y meditación de toda la historia de Jesús. Siempre a base del correspondiente texto bíblico, destacado en tipos mayores para diferenciarlo del subsiguiente comentario. La sección más importante de la obra se centra en el comentario a los pasos de la Pasión del Señor (tomo IV). Los presenta comouna dramática secuencia litúrgica, desde lo que ocurrió en las completas del Jueves Santo, pasando por lo ocurrido en los maitines de esa noche, hasta lo acontecido en las horas de tercia, sexta, nona y vísperas del viernes. Pero lo más importante para una lectora como Teresa es que cada episodio o cada comentario concluye siempre con una enternecedora oración al Señor, para llegar a su persona y adentrarse en su misterio. Era el momento terminal contemplativo de cada fracción.
4. Había precedido a todo el libro una lección preambular -el Proemio del autor- en que se impartía al lector una base propedéutica con las oportunas claves de lectura, meditación y contemplacón. Esas 19 páginas constituían una especie de tratadillo iniciático no sólo para la lectura comprensiva del libro sino para el acceso al misterio de Jesús, a base de ocho presupuestos, que primero se enuncian en serie y luego se desarrollan por extenso. Basta reportar aquí esa serie de enunciados:
- El primero es que en el ejercicio de las virtudes e en toda vida perfecta, solo Jesucristo es el verdadero cimiento.
- El segundo es que ejercitarse los hombres en la vida e contemplación del Redentor es cosa muy convenible, por siete razones.
- El tercero es de la preeminencia que tiene la vida de Cristo contemplada e obrada. E de los grandes provechos que reciben los que se ocupan en la contemplación e guarda della.
- El cuarto es de una industria para contemplar sin error la vida de Jesucristo.
- El quinto es de una breve suma de las condiciones exteriores de Jesucristo e de sus propiedades.
- El sexto es de la perfección e hermosura e de la disposición corporal de la cara e miembros del hijo de Dios.
- El sétimo es de la excelencia que los sanctos evangelios tienen sobre todas las sacras escripturas
- El octavo es que la discordia e diferencia de algunas cosas que hay entre los cuatro evangelistas es verdadera concordia
5. Destaquemos sólo un par de datos que indudablemente influyeron en la actitud cristológica de Teresa. Ante todo, 'la industria para contemplar', propuesta en el número cuarto. Se la cifra en una consigna preciosa: 'Con toda la afección de tu ánima, con diligente e deleitable fervor, deteniéndote en la contemplación dellas con alguna tardanza, todos otros cuidados entonces dejados, está presente a las tales cosas que por el mismo Señor fueron dichas o hechas, como si con tus propias orejas las oyeses e con tus ojos las vieses; porque son muy suaves al que las piensa con deseo, y más al que las gusta. E por ende, aunque muchas dellas se cuentan como ya pasadas, cata que las pienses como si todas te fuesen presentes, porque desta manera gustarás sin duda de mayor suavidad, y lee las cosas ya hechas como si agora se ficiesen; e pon ante tus ojos los hechos pasados como si fuesen presentes; e asi te parescerán los misterios de Cristo más sabrosos ' Todo un programa de oración cristológica que Teresa llevó a la práctica en su manera de oración.
6. El Proemio insiste de modo especialísimo en la belleza del rostro de Cristo: es el tema del presupuesto sexto, que propone al contemplativo 'la cara, forma y figura de nuestro Redentor (de suerte que) por ella puedas conjeturar sus actos, gestos y costumbres'. Y con verdadero mimo transcribe el retrato de Jesús, tomado de la presunta carta de 'Publius Lentulus ad Tiberium Caesarem', que probablemente ya había sido leída por Teresa en el preámbulo del Flos Sanctorum. Se diría que ella lo transporta a su experiencia mística: De ver a Cristo me quedó imprimida su grandísima hermosura y la tengo hoy día (Vida 37,4).
7. Con todo, no son los detalles sino la masa de datos cristológicos contenidos en la obra, lo que aportó a Teresa una incomparable iniciación cristológica. El Cartujano pasa ante el lector, uno a uno, todos los textos bíblicos referentes a Jesús. La suya es una inmensa cristología espiritual. Quizás por ello la Santa incluyó la obra en el cupo de libros indispensables para la biblioteca de sus Carmelos (Const 2,7).
- Aprendizaje en el hogar: Primeras letras y primeras lecturas
- Lecturas de adolescencia
- Amiga de buenos libros
- Iniciación en los espirituales españoles
- Al habla con teólogos y espirituales
- Formación cristológica
- La formación bíblica de Teresa
- Formación litúrgica
- Formación humanística
- La experiencia, sabiduría de vida

