1. Santa Teresa se integra en la corriente literaria de espirituales españoles del siglo XVI. Florecimiento en dos tiempos: el primero, de producción libre y abundosa, anterior al Índice de libros prohibidos de Valdés ( -1559). El otro, en la segunda mitad del siglo, condicionado por los cercenes del mencionado Cathalogus. En líneas generales, Teresa es lectora en el periodo primero y escritora en el segundo. Más deudora a los escritores españoles que a las traducciones de libros extranjeros. Es decir, ella se forma y crece en el marco de la espiritualidad española, copiosa en obras originales. Le interesan, sobre todo, los libros de oración, que constituyen la línea de fuerza de esa floración. Aquí reseñaremos únicamente los libros citados o aludidos por ella. Aunque sean muchos más los que leyó, resultan de difícil identificación. No los seguiremos en el orden cronológico de su comparecencia en la biografía de la lectora, sino que los agruparemos por familias de escritores: Por razones de espacio, trazaremos sólo la ficha elemental de cada uno.
2. Autores franciscanos.
Francisco de Osuna, (1492-1541), coetáneo de la Santa. De él leyó con atención especial el Tercer Abecedario (Sevilla 1527), que la entrenó en la oración de recogimiento: determinéme -escribe- a seguir aquel camino con todas mis fuerzas (Vida 4,7: hacia el año 1538). Teniendo aquel libro por maestro, llega ella a vivir momentos de quietud e incluso de unión. De suerte que Osuna es, para Teresa, el primer maestro de oración.
Bernardino de Laredo (1482-1540). Teresa lee el mejor de sus libros, la Subida del Monte Sión (Sevilla 1535 y 1538) en los comienzos de su experiencia mística. Le plantea el problema concreto del 'no pensar nada', es decir, su manera de oración mística, más allá de toda meditación y todo discurso. El libro de Laredo se lo aclara. Ella subrayaesas páginas y las presenta a sus confesores que, en ese momento, actúan más como jueces que como maestros espirituales (Vida 23,12). Laredo la encamina en la vida mística.
Bernabé de Palma (1469-1532). Teresa lee su obra Via spiritus probablemente en la misma coyuntura que la anterior. De él cita la teoría de 'cuadrar la mente' para llegar a 'lo puro espiritual' (Vida 22,1). Pero ella no admite que para llegar a ese alto grado, que implica la exclusión de todo lo corpóreo, haya que dejar de lado la Humanidad de Cristo. Cristo no sólo es el camino que lleva al Padre, sino que su santa Humanidad sigue siendo, según ella, frecuente objeto de la más alta contemplación mística (M VI, c. 7).
Alonso de Madrid (1485-1579). En su Arte de servir a Dios, expone de forma original el desarrollo de la vida espiritual. Teresa lo ha leído y lo recomienda a los principiantes: para despertar el amor y ayudar a crecer en las virtudes un libro, llamado Arte de servir a Dios, es muy bueno y apropiado para los que están en este estado [de principiantes] (Vida 12,2). Es uno de los poquísimos casos en que ella recomienda un libro.
Alonso de Guevara (1481-1545), obispo de Guadix y sucesivamente de Mondoñedo. En su Oratorio de religiosos (1542) completaría la Santa la propia formación religiosa, tema espaciosamente tratado por él. Tan valorado por Teresa, que lo incluyó en la terna de autores españoles recomendados en las Constituciones (2,7).
San Pedro de Alcántara (1499-1562) es, sin duda el franciscano que más profundamente influyó en ella. Sobre todo, por vía oral, empatizando con su experiencia mística (vi que me entendía por experiencia, que era todo lo que yo necesitaba) y con sus ideales de pobreza. Aunque no lo cite, es seguro que la Santa leyó su Tratado de la oración y meditación. Se refiere en general a todos sus libros al proponerlo en las Constituciones (2,7) para la biblioteca selecta de sus Carmelos. Ya en Vida (30,2) se había remitido a sus otros libros pequeños de oración, que
ahora se tratan mucho, de romance. (Entre los autores franciscanos aludidos por ella habría que incluir a Santa Clara y Francisco Hevia).
3. Autores dominicos
San Vicente Ferrer. Aunque de época anterior, su Tractatus de vita spirituali había sido traducido al castellano a principios del siglo XVI. La Santa conoce la edición de León (1528), la cita a propósito de los falsos arrobamientos, fustigados por el Santo (Vida 20,23).
Domingo Báñez y Pedro Ibáñez. Conocidos por el influjo de su magisterio oral sobre la Santa, son autores de escritos importantes leídos por ella: Domingo Báñez escribe un precioso Voto favorable a la vida mística de la Santa, en las páginas finales del autógrafo de Vida. Y Pedro Ibáñez, los dos estudios -Dictamen e Informe- de que ya tratamos en la ficha 29, muy probablemente leídos por ella. Son el refrendo de su experiencia mística.
Luis de Granada (1504-1588). La Santa fue lectora entusiasta de muchas de sus obras (Libro de oración y meditación, Memorial , Guía de pecadores ) ; le escribe una carta en elogio de sus escritos (cta 82), e incluye sus obra en el listado de las Constituciones (2,7).
Diego de Yanguas (1539-1607). Teresa lee en 1579 la Vida de san Alberto, escrita por él, y la envía a Portugal para que sea publicada por don Teutonio cuando edita por vez primera el Camino de Perfección (Évora 1582).
4. Autores jesuitas
Baltasar Álvarez y Juan de la Plaza. De este segundo son casi todos los Avisos, atribuidos a la Santa y publicados entre sus Obras (editados por primera vez al frente del Camino: Évora 1583). Habían sido transmitidos a ella por el P. Baltasar y constituyen un sartal de consejos ascéticos.
Rodrigo Álvarez (1523-1587). Es autor de un breve pero precioso elogio de las séptimas moradas de la Santa. Lo escribe al final del autógrafo del Castillo Interior. Probablemente leído por ella en algún traslado de María de san José (Salazar).
San Francisco de Borja (1510-1572). Es sólo probable que la Santa leyera su libro Obras muy devotas y provechosas Quizá es uno de los libros sacrificados por ella al ser ejecutado el Indice de libros prohibidos de 1559 (Vida 26,5).
5. Otros autores
San Juan de Ávila (1500-1569). Como el libro anterior, es probable que Teresa lo leyese y hubiese de sacrificarlo en 1559. No lo cita expresamente. En cambio, sí leyó su preciosa valoración del Libro de la Vida (carta escrita por él poco antes de su muerte). Más tarde se interesará por la lectura de sus sermones (cta 390,4).
Escritores carmelitas. La Santa conoce escritos de fray Juan de la Cruz (el poema del Cántico Espiritual) y del P. Jerónimo Gracián. No cita a otros carmelitas contemporáneos.
6. En conclusión: esos libros son una pequeña porción de los muchos leídos por la Santa. Fueron, en su mayoría, libros de contenido ascético. Se ha dicho que 'en nuestra literatura religiosa predomina enormemente lo ascético sobre lo místico' (P. Sainz Rodríguez). En la aportación de la Santa se equilibran ambos planos, si bien a ella se debe, sobre todo, una fuerte dosis de mística autobiográfica, así como la nítida codificación de todo el proceso espiritual, ascético-místico, no desde premisas teóricas, sino desde el dato empírico. Con ello, aportó a la espiritualidad española una buena base para construir la teología espiritual.
En un saldo final, lo aportado por la Teresa a la espiritualidad española es más que lo recibido de ésta. Sin embargo, el mayor empalme de Teresa con la corriente de espirituales españoles de su siglo no se realizó a través de los libros y las lecturas, sino en el intenso diálogo vivido con los teólogos y los espirituales de su tiempo. Lo veremos en la ficha siguiente.
- Aprendizaje en el hogar: Primeras letras y primeras lecturas
- Lecturas de adolescencia
- Amiga de buenos libros
- Iniciación en los espirituales españoles
- Al habla con teólogos y espirituales
- Formación cristológica
- La formación bíblica de Teresa
- Formación litúrgica
- Formación humanística
- La experiencia, sabiduría de vida

