1. La primera redacción de Vida se reducía a la narración alternativa de 'los pecados de Teresa' y las 'mercedes de Dios a ella'. Pero este segundo tema era la razón de todo el relato. El libro en realidad exponía 'el hecho místico' acontecido a la Santa en aquel último decenio de su vida. Era 'vida nueva' la suya desde entonces. Es otro libro nuevo de aquí adelante, digo otra vida nueva. La de hasta aquí era mía; la que he vivido desde que comencé a tratar estas cosas de oración es que vivía Dios en mí (23,1). Es el dato con que se abre la narración de esa gran aventura de su vida. El hecho místico va a ser la gran aportación del libro, toda su razón de ser, lo que mantiene actuales e interpelantes sus páginas ante el lector de hoy. Acerca de él nos hacemos tres preguntas:
- en qué contexto surge
- estructura del relato teresiano
- escalada de experiencias místicas de Teresa.
2. El contexto. Tema de especial importancia. El hecho místico relatado en Vida acontece a partir de los 39/40 años de Teresa: 1554-1565. Sucede casi todo él en Ávila. El marco externo de la ciudad adolece en ese momento de una doblehostilidad social y religiosa a los fenómenos místicos de mujeres visionarias, ya sea por los episodios seudomísticos recién ocurridos en España (yo como en estos años habían acaecido grandes ilusiones en mujeres y engaños que les había hecho el demonio -es la inmediata anotación de Teresa: 23,2), ya sea por la férrea actitud de la Inquisición frente a los alumbrados (tiempos recios!), ya sea por el episodio de la célebre abulense Maridíaz, mujer excepcional que, sin embargo, no ha tenido nada de eso. De ahí las dos fuerzas hostiles que enmarcan de cerca la experiencia mística de Teresa: por un lado, el permanente acoso de sus asesores religiosos, propensos a recelar el 'demonismo' latente en esos hechos; y por otro lado, Teresa misma, que lejos de acogerlos y enmarcarlos en un contexto psicológico de favor, cede a la alarma y se asusta de cuanto le ocurre. Sistemáticamene se mantiene en guardia contra sí misma. Y cuando el hecho interior se vuelve público (arrobamientos), no sólo se sonroja, sino que preferiría que me enterrasen viva (31,12), y se plantea en serio la fuga a un Carmelo lejano donde nadie la conozca. Es decir, el hecho místico teresiano no surge en clima de favor; ni es aplaudido o magnificado por el coro de espectadores ni Teresa misma tiene la más mínima tentación de histrionismo o de exhibicionismo. En ella el hecho místico surge contra corriente, como la misión de ciertos profetas bíblicos.
3. La estructura del relato místico de 'Vida'. El relato místico ocupa las tres cuartas partes del libro, desde el capítulo 14 hasta el 40. Con todo, el núcleo testifical se concentra en los capítulos 23-31. A ese relato nuclear se le añaden dos complementos sucesivos. Primero, para referir el origen místico de la fundación de San José (capítulos 32-36), y luego para contar las experiencias vividas en el nuevo Carmelo (capítulos 37-40). De suerte que, en conjunto, resulta un relato complejo: mezcla de experiencias y fenómenos interiores, y de toda una empresa exterior tupida de consecuencias, pero de origen y entraña tan mística como los fenómenos interiores. De momento, nos interesan sólo los capítulos centrales (23-31), que probablemente corresponden al relato originario. En ellos cuenta la Santa el cruce de gracias místicas interiores y el rechazo (permanente o intermitente) de su entorno inmediato. De ambas componentes entreteje ella su relato: idílico por un lado, dramático y casi trágico por el otro(bastantes cosas había para quitarme el juicio, anota ella a medio relato: 28,18). Lo escribe sin un plan preestablecido. Narrando y razonando. En líneas generales sigue el orden cronológico de los sucesos, de suerte que nos permite al lector o al estudioso vislumbrar el proceso ascendente y unitario de su experiencia mística, más allá de los episodios narrados. Proponemos a continuación las etapas de ese proceso.
4. La escalada de experiencias místicas. Ante todo, el hecho místico de Teresa no es el resultado de un proceso preparatorio, ni como ascesis personal, ni como técnica o adiestramiento inducidos desde fuera. Ni cuadratura de la mente ni yoga. La experiencia mística irrumpe en el espacio psicológico de Teresa como un hecho inesperado, imprevisto, no deseado, ni procurado, ni conocido.
El primer episodio recordado por ella es el hecho fundamental de su ingreso en la presencia de Dios, conciencialmente experimentada como algo absolutamente novedoso: tenía yo algunas veces aunque con mucha brevedad pasaba comienzo de lo que ahora diré: acaecíame en esta representación que hacía de ponerme cabe Cristo y aun algunas veces leyendo, venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios, que en ninguna manera podía dudar que estaba dentro de mí o yo toda sumergida en Él (10,1). Esos 'comienzos episódicos' pronto se hacen estables y permanentes, substrato de la novedosa actividad interior de gozo, quietud, 'no pensar nada', desbordamiento afectivo.
Sobreviene un segundo estadio cuando esa presencia misteriosa se vuelve comunicante, con la emisión de mensajes ocasionales e incisivos, no escuchados con los oídos sino entendidos en lo profundo. Son esas 'hablas' las que desencadenan en Teresa una primera serie de arrobamientos (24,5), no sólo íntimos sino públicos. Proceden ambos -hablas y arrobamientos- de un mecanismo psicológico profundo e ignoto. Se diría que avasallante, como si ella se sintiese suplantada o descolocada frente a esa funcionalidad irruente e impelente.
En tercer lugar le acontece un avance en el hecho básico de la presencia de Dios: Teresa experimenta a Cristo presente. No lo percibe sensorialmente, pero sí localizado al lado derecho, como testigo estable de su quehacer cotidiano, durante años (27,2). En crescendo: primero es una experiencia puramente espiritual de espíritu a espíritu; luego reviste perfiles concretos; la mano, el rostro, la Humanidad del Resucitado. (Adoptando el léxico de su tiempo, ella designa a la experiencia primera como visión intelectual: a la segunda, como visión imaginaria). Cristo es la belleza suma: se le queda imprimido o esculpido en lo más profundo del ser.
En cuarto lugar, crecida desbordante de su actividad interior: ímpetus grandes de amor: ímpetus tan grandes (que) es imposible poderlo entender... crecía en mí un amor tan grande de Dios, que no sabía quién me le ponía, porque era muy sobrenatural : veíame morir con deseo de ver a Dios (29,8-9). Ver a Dios es ahora la razón terminal de todo el hecho místico. Entre esos ímpetus amorosos, ocupa lugar especial 'la gracia del dardo', con el traspasamiento del corazón. (Gracia esencialmente espiritual aunque con reflejos en todo el ser pero que no tiene nada que ver con la pretendida lesión somática infarto! del órgano físico del corazón).
Por fin, el aspecto quizá más característico: la tensión operativa. En Teresa el hecho místico no termina en la 'contemplación' sino en la 'acción'. En dos actividades fundamentales: escribir y fundar.
- Digresiones doctrinales en fundaciones
- El libro de la vida y sus dos redacciones
- Estructura y contenido del libro de vida
- ¿Por qué el anonimato? ¿Vida es un libro secreto?
- El hecho místico (cc 23-31)
- El desenlace de vida
- El tratado de los grados de oración
- El autógrafo de vida ante la Inquisición: ¿Publicarlo o no?
- Libro de las fundaciones: El autógrafo y su edición
- Estructura del libro de las fundaciones

