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El problema del estilo

Teresa de Ávila

Website "muy peculiar" del mundo teresiano

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    en 100 fichas
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    teresiano

1. En qué estilo escribir, no es problema para la Santa. Lo será para sus estudiosos. Ella, para escribir, se atiene a una norma más precisa que el valdesiano 'escribo como hablo': ella habla escribiendo. Lo asegura al comenzar las Moradas: el libro adoptará el lenguaje de unas mujeres con otras e… iré hablando con ellas en lo que escribiré. De hecho, en sus textos recurren normalmente los vocablos hablar/decir en lugar de escribir/escribiré, cuando remite a lo que se ha dicho antes o a lo que se hablará más adelante. Incluso al titular los capítulos, por ejemplo en el Camino, el c. 19 Habla con almas que no pueden discurrir con el entendimiento, o al titular el c. 23: Torna a hablar de lo mucho que va en que sea con determinación, o hacia el final: Capítulo 41, que habla del temor de Dios. O cuando en Vida el ímpetu del éxtasis le quiebra el hilo del relato: Ay!, que no sé qué me digo, que casi sin hablar yo escribo ya esto! (38,22). Es cierto que Teresa se queja de su mal estilo, o mi grosero estilo, o tan pesado estilo, y así lo anticipa en el prólogo de cada libro. Pero sin acomplejarse por ello, convencida de que a sus lectoras les será más acepto lo imperfecto y por mal estilo que yo les dijere [escribiere] que los libros muy bien escritos.

2. Entre los estudiosos, el problema del estilo teresiano ha surgido a causa de la presencia de presuntos y reiterados barbarismos en sus textos. O bien, por el 'arrusticamiento' -dicen- de ciertas expresiones que indicarían un 'abajamiento' intencionado en la pluma de la escritora, que 'avillana su lenguaje con deliberación' -se insiste. La presencia de barbarismos parece obvia. Luego, ella misma los evita en páginas sucesivas. O los baraja en una misma página. Los ejemplos más abundantes son: an, anque (por aun/aunque), naide, niervos, indino, pusilámine, ypróquita, ylesia, relisión (por iglesia/religión), perlados, carrastolendas (por carnestolendas)… Se ha hecho notar que en los libros corrientemente usados por ella se leía iglesia, indigno, nadie, aunque, etc. Imposible que lo ignorase. ¿No hay en ellouna secreta intención de 'abajamiento' o 'arrusticamiento' de estilo? En todo caso ¿a qué se deben esas anomalías lexicales de la Santa o qué explicación tienen?

3. Hipótesis de los estudiosos. Recordemos, en primer lugar, las explicaciones más frecuentes, desde el punto de vista filológico o histórico: a/ que la Santa opta intencionadamente por un 'estilo ermitaño', acorde con su género de vida carmelitana: El estilo que pretendemos llevar es no sólo de ser monjas sino ermitañas (C 13,6). Tesis ésta, que ha tenido por patrono al gran filólogo, Ramón Menéndez Pidal. Según él, 'la renuncia a la voz precisa hemos de explicarla como un acto de humildad. La ruboriza [a la Santa] emplear un tecnicismo, no piensen que quiere parecer docta'. Ella misma –prosigue don Ramón– lo habría prescrito para sus monjas: En la manera del hablar, que vaya con simplicidad y llaneza y religión, que lleve más estilo de ermitaños…, que no ir tomando vocablos de novedades y melindres (Modo, 42). b/ Otra explicación, más historizante, repliega sobre los orígenes familiares de la Santa, oriunda de judíos neoconversos por la línea paterna. Ahora bien, para el común de los lectores, era propio de los judíos la corrección y elegancia de estilo. A Teresa le interesaría ocultar esa mancha de origen, y para ello optaría por el 'arrusticamiento' gramatical en sus escritos. O bien, en el ambiente misógino de su tiempo, lo haría para ocultar su condición de 'mujer escritora'. En todo caso, su 'abajamiento de estilo' sería una estratagema de ocultamiento. En ambas hipótesis, la Santa escribiría no sólo con una secreta intención de estilo, sino con una dosis de simulación, como si en el fondo de su ánimo de escritora necesitase aparentar lo que no es u ocultar lo que es, vertiendo una gota de ficción en el trasfondo de cada página. Precisamente por eso resultan poco verosímiles las dos explicaciones. Sin necesidad de rebatirlas, baste razonar la linearidad inequívoca de su estilo, según el criterio de 'verdad y llaneza' tantas veces formulado por ella. (Recuérdese la conclusión de su primer libro: Heme atrevido a concertar [redactar] esta mi desbaratada vida…, poniendo [escribiendo] lo que ha pasado por mí con toda la llaneza y verdad que yo he podido.)

4. Ante todo, ¿qué decir de los supuestos barbarismos lexicales de la Santa? Que sólo son tales desde una visiónanacrónica del idioma. Teresa escribe desde el habla popular. Como una dama abulense cualquiera. En un momento en que la evolución del idioma fluctuaba en la conformación de numerosos vocablos. De suerte que cuando edite sus obras fray Luis de León, tendrá que reducirlas a la usanza culta, incurriendo él mismo más de una vez en cultismos latinizantes, pero igualmente manteniendo tantas otras veces el vocablo popular del original teresiano. Como es sabido, en aquel momento el idioma tenía flecos y peculiaridades diversificadas en el habla de León, de Ávila, de Toledo… Y es normal que el decir teresiano refleje el de su ciudad. Basta cotejarlo con escritores abulenses coetáneos amigos de Teresa, como Ana de san Bartolomé o Julián de Ávila (Ana, por ejemplo, escribe: anque, nayde, ylesia, nenguno, entramas, cuntino, yndina, milaglo, perlada…, cay, trayo, qui-jere…, como Teresa. Algo menos, el P. Julián.). En la pluma de Teresa, esos vocablos no son barbarismos, sino usuales y normales en la fabla popular.

5. Contrapruebas. Hay indicios fehacientes de que Teresa escribe llanamente, sin segundas intenciones de degradación estilística:

a) Teresa escribe las cartas en idéntico estilo que los libros. Especialmente largas cartas íntimas (a Lorenzo, a María de san José, a Gracián…), en las que no cabe la hipótesis del 'abajamiento o la simulación'.

b) Igual identidad lexical en los escritos de doble redacción, por ejemplo el Camino o la Relación 4ª: de tener la autora intención de abajamiento, se manifestaría en el paso de la 1ª a la 2ª redacción. Pues bien, el cotejo meticuloso de ambos casos demuestra la inexistencia de tal abajamiento. (Un solo test: en los cinco capítulos primeros de CE recurre cinco veces el vocablo incorrecto ylesia; en la redacción de CV (2ª) transcribe siempre yglesia, vocablo correcto. Total ausencia de un proceso de abajamiento; si acaso, proceso inverso.).

c) La Santa revisa y enmienda personalmente las copias del Camino, hechas por sus monjas, por ejemplo, la copia de Salamanca. Introduce retoques en cada página (79 folios). Ni unasola enmienda tiene razón de abajamiento lexical o estilístico. Al contrario.

d) Al final de su vida, Teresa decide editar el Camino y, lejos de intentar el desaliño del texto, se esmera en mejorarlo. Lo pone en manos de un letrado toledano, que lo copia 'en limpio' (códice de Toledo) y lo acicala. Luego, ella misma revisa la copia e introduce en ella varios centenares de retoques, siempre en positivo, nunca para el 'arrusticamiento' del texto. Le interesa enviar el libro al editor, don Teutonio, lo mejor ataviado posible. Para ello hace sacar otra copia del Códice de Toledo, y la envía a Évora. Bien corregida. Sin un solo indicio de 'abajamiento' en todo el proceso.

6. Sobre esa base habría que definir las notas características del estilo teresiano: ante todo, vale su consigna: ella, 'escribiendo, conversa'. Escribe 'con toda llaneza y verdad' (binomio de marca teresiana). Con espontaneidad, sin 'trastornar la retórica' (como ella dice). Sin pretensiones estéticas, que, por otro lado, le brotan naturales. Con libertad de pluma: le interesa el contenido mucho más que el ropaje. Pero a la vez su «castellano es la misma elegancia», según fray Luis de León: «con delicadeza y claridad, con pureza y facilidad de estilo, con gracia y buena compostura de las palabras, con una elegancia desafeitada que deleyta en estremo» (fray Luis).

  • Teresa aprende a escribir
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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús nace en Ávila un 28 de marzo de 1515, siembra nuevos Carmelos por los caminos de España, vive una experiencia mística plena, que luego transmite en múltiples escritos y un nutrido epistolario. Doctrina y magisterio que avalará la Iglesia incluyéndola en el Catálogo de sus Santos y otorgándole, pro vez primera a una mujer, el título de Doctora.

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