1. La madre de Teresa es doña Beatriz de Ahumada. Había casado con don Alonso en 1509, a la edad de 14 años. Nacida en Olmedo el año 1495, era hija de Juan de Ahumada y Teresa de las Cuevas. Huérfana de padre. Con un solo hermano, Juan de Ahumada, si bien había tenido otros cuatro hermanos, ahora difuntos. Celebró la boda en Gotarrendura. Ricamente dotada por su madre. El propio esposo, don Alonso, le otorgó un espléndido donativo 'en arras de su virginidad': «me obligo de dar e pagar en arrhas francas e franqueadas a Beatriz de Ahumada , mi esposa e mujer que será a Dios placiendo, por honra de su virginidad e acrecentamiento de su dote, mil florines de oro, buenos e de justo peso e valor, de ley e cuño de Aragón» (Serrano y Sanz 2,488).
2. Sobre la persona y la vida de doña Beatriz casi la única fuente de noticias la debemos a su hija Teresa en el relato de Vida. Es precisamente el enfoque que aquí nos interesa: cómo era doña Beatriz a los ojos de su hija, y hasta qué punto pudo ser para ésta modelo de feminidad. De hecho, la autobiografía de Teresa comienza intencionadamente con las dos semblanzas, del padre y de la madre. A ésta se la presenta joven, hermosa, honesta, inteligente, hacendosa, volcada en sus hijos y, lo mismo que don Alonso, aficionada a la lectura. Es decir, doña Beatriz no pertenecía a 'la ingente masa de analfabetas' de entonces. (Su propia madre Teresa de las Cuevas no sabía firmar). Quizá por eso se deba a ella que ninguno de sus muchos hijos ignorase el arte de leer y escribir.
3. Es insuplantable la semblanza materna trazada por la pluma de Teresa: Mi madre también tenía muchas virtudes y pasó la vida con grandes enfermedades. Grandísima honestidad. Con ser de harta hermosura, jamás se entendió que diese ocasión a que ella hacía caso de ella, porque con morir de treinta y tres años, ya su traje era como de persona de mucha edad. Muy apacible y de harto entendimiento. Fueron grandes los trabajos que pasaron el tiempo que vivió. Murió muy cristianamente (Vida 1,2).
4. Entre los rasgos físicos y morales de la fisonomía materna, por tres veces subraya Teresa la precaria salud de su madre. Una vez expresamente: pasó la vida con grandes enfermedades. Luego, algo más en confuso: fueron grandes los trabajos que pasaron (¿trabajos que 'acontecieron'?, o ¿'los que sufrieron ambos esposos'?). Y por tercera vez, los grandes trabajos que justifican su refugio en las lecturas (Vida 2,1). De hecho, doña Beatriz tiene su primer hijo, Hernando, a los 15 años. Y en los 18 sucesivos, otros ocho o nueve. Teresa es la cuarta de la serie, nacida cuando su madre contaba los 20 de edad. Los últimos recuerdos que ella tiene de su madre datan de los 13/14 años. Teresa los evoca en el relato de vida cuando frisa en los 50 y es monja en el Carmelo de San José, sumergida ya en alta mar de experiencia mística.
5. En el relato de Vida afloran los recuerdos de infancia y de adolescencia. De la infancia, recuerda las prácticas piadosas que le inculcó su madre: mis devociones, que eran hartas, en especial el rosario, de que mi madre era muy devota, y así nos hacía serlo, quizá la asiduidad en hacer limosna a los pobres, aunque podía poco. En esa gavilla de recuerdos destaca el de la muerte de doña Beatriz, que marca a la vez el trauma de orfandad de Teresa adolescente y hace de resorte impulsor hacia la madre del cielo: Acuérdaseme que cuando murió mi madre quedé yo de edad de doce años, poco menos [un par de años más!]. Como yo comencé a entender lo que había perdido, afligida fuime a una imagen de nuestra Señora y supliquéla fuese mi madre, con muchas lágrimas. Paréceme que, aunque se hizo con simpleza, que me ha valido, porque conocidamente he hallado a esta Virgen soberana en cuanto me he encomendado a ella (Vida 1,7). El hecho incide no sólo en la adolescencia de Teresa, sino en lo profundo de su alma para toda la vida. Quizá ese momento de muchas lágrimas marcó el paso de sus devociones convencionales a un primer acto de religiosidad profunda, netamente mariana.
6. Una nota aparentemente negativa es la afición de doña Beatriz a la lectura de libros de caballerías. Lo hace contrariando la voluntad de don Alonso, el cual en otro tiempo también había sido aficionado a ellas, pero ahora desaprueba esa adicción. Teresa confiesa que ella misma era cómplice de esa práctica, que ambashacían a escondidas de don Alonso. Con la nota especial de que, al recordarlo en Vida, también ella comparte el criterio negativo de aquél, si bien añadiendo bondadosamente dos atenuantes en favor de doña Beatriz: que esas lecturas no le hacían perder su labor, y que por ventura lo hacía para no pensar en grandes trabajos que tenía y ocupar sus hijos que no anduviesen en otras cosas perdidos (Vida 2,1). Lo cual parece insinuar que no era sólo Teresa sino también sus hermanos quienes se asociaban a la lectura prohibida.
7. No conocemos título alguno de los novelones que por esas fechas penetraron en el hogar. Sólo sabemos, con bastante probabilidad, que entre los leídos por Teresa se hallaban Las Sergas de Esplancián (uno de los Amadises). Pero en aquel tercio de siglo fueron numerosísimos los que lanzaron al mercado público las prensas castellanas. Se explica así la avidez de la joven lectora: era tan en extremo lo que en esto me embebía que, si no tenía libro nuevo, no me parece tenía contento (ib). Es normal que el historiador moderno discrepe en este punto del criterio negativo de don Alonso y de su hija. En aquel contexto de mujeres analfabetas, doña Beatriz era capaz de apasionarse por la lectura, y ello precisamente en libros de fantasía para escapar al agobio de los afanes familiares, capaz igualmente de autonomizarse en ello de su marido y de no tener inconveniente en contagiar de esa misma pasión a Teresa adolescente. Connivencia delatora de una especial confianza e intimidad entre madre e hija. Veremos más adelante la importancia que esas lecturas tuvieron en la formación literaria de Teresa. De momento, subrayemos únicamente la convergencia de madre e hija en esa franja cultural. Si, como parece, fue la madre quien entrenó a Teresa niña en el arte de la lectura, la presente pasión por los libros sería normal prolongación de ese aprendizaje.
8. Lo mismo que su madre, Teresa será también de frágil salud toda la vida. Más robusta de espíritu, pero con un gran bagaje de rasgos heredados del talante materno. En un balance sumario podríamos condensarlos en tres o cuatro trazos. Ante todo, la iniciación en las prácticas de religiosidad popular que Teresa cultivará en crescendo toda la vida. El amor a las letras y la lectura. La finura y delicadeza de modales, así como el amoral grupo familiar. Hemos notado antes que ese perfil materno lo traza Teresa cuando ya está inmersa en la experiencia mística. Desde lo hondo de esa experiencia volverá a emerger doña Beatriz al lado de su esposo: vínome un arrebatamiento de espíritu con tanto ímpetu, que no pude resistir. Parecíame estar metida en el cielo, y las primeras personas que allá vi fue a mi padre y madre Yo quedé bien fuera de mí (Vida 38,1). Era ya hacia el año 1565.
- El hogar de Teresa
- El padre de Teresa, Don Alonso Sánchez de Cepeda
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- La familia de Teresa en América: pensamiento americano de Teresa
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- Pleito entre hermanos o la desintegración del hogar
- El ocaso de la familia
- Vida espiritual en la familia
- Nivel cultural de la familia Cepeda-Ahumada

