1. El pleito entre los hijos de don Alonso no fue, en la vida de Teresa, un episodio puntual o marginal, sino un prolongado proceso de desmoronamiento del hogar, al que ella hubo de asistir de cerca, mientras los sucesos iban macerando su sentidode familia. Ese pleito se inició en 1544 y se protrajo al menos hasta 1548. Eran los años centrales de su vida. Recientemente había vivido un trienio de sufrimiento en la enfermería conventual (1539-1542). Había sobrevenido la muerte de don Alonso a finales de 1543. En esa misma década de los años 40, Teresa tiene que luchar agónicamente contra sí misma, peleando con una sombra de muerte' dice ella y no había quien me diese vida-, para redefinir el sentido de su vida religiosa y sus relaciones con Dios.
2. Pues bien, es en esa larga jornada cuando tiene que asistir al enfrentamiento mutuo de sus hermanos, a la venta y dilapidación de la casa paterna y al vendaval que aventa hacia las Indias a los tres hermanos jóvenes que todavía seguían en Ávila. Aquí evocaremos sólo: aquel escenario hogareño, la cadena de sucesos procesales, y las consecuencias demoledoras del pleito.
3. El escenario familiar de ese momento está marcado por la muerte de don Alonso, Navidades de 1543. Gran vacío en el hogar. Aparte los cuatro hijos residentes en las Indias (Hernando, Rodrigo, Lorenzo, Jerónimo), quedan en tierras abulenses dos grupos dispares: la hija del primer matrimonio, María de Cepeda con su esposo Martín de Guzmán y Barrientos; y del otro lado los hijos 'menores de edad' (Antonio, Pedro, Agustín) y la pequeña Juana de Ahumada, refugiada en la Encarnación al cobijo de Teresa. Esta última sería el posible lazo de empalme entre ambos grupos contrincantes. En el testamento de don Alonso, Teresa ha quedado como testamentaria, al lado del cuñado Guzmán y Barrientos, y del tío Lorenzo de Cepeda. Testamentaria 'oficial', pero ni una sola vez comparecerá en las actas del penoso pleito que se entabla entre ambos grupos apenas abierto el testamento paterno, porque los cuatro hijos de doña Beatriz, probablemente manipulados por el 'curador de la herencia', repudian el testamento por favorecer ostentosamente a la hija mayor de don Alonso, doña María. Con ello, el escenario quedaba en total desequilibrio: los 'menores de edad', contra los dos mayores mucho más poderosos y sagaces. Guzmán y Barrientos se había apresurado a hacer por su cuenta el inventario de los bienes de don Alonso y a poner en almoneda parte de la casona solariega 'de la Moneda'. Es normal que los cuatro 'indianos' ausentes estén al corriente del pleito, pero no intervienen en él.
4. Los sucesos procesales siguen su paso inexorable y lentamente penoso. Apenas muerto don Alonso, se procede a la apertura del testamento: 26.12.1543. Y el próximo día 8.2.1544, Guzmán y Barrientos formaliza la denuncia contra el 'curador' de los bienes del difunto, cierto Rengilfo, y contra los cuatro hijos 'menores'. En el tribunal abulense alternan y se enfrentan los testigos de ambas partes: van pasando en reseña los casi 40 años de vida hogareña; la dote y las joyas de doña Catalina; los empeños, gastos, usos y abusos de don Alonso; la muerte de Juan de Cepeda en Italia; las heredades de doña Beatriz en Gotarrendura, en San Martín de las Cabezas, en Nava de Arévalo y en Becerrril; las jornadas festivas de las dos bodas de hace casi medio siglo, y las sombrías jornadas fúnebres de ambas esposas, madres de los Cepeda-Ahumada; el inventario, más o menos sesgado, del remanente capital familiar; las deudas pendientes etc. Todo un sinfín de detalles de la historia familiar, que se vuelven dolorosos con sólo recordarlos. Y entre dato y dato, el ruinoso declive de la doble hacienda familiar de Ávila y de Gotarrrendura.
5. Por fin, tras cuatro años de litigio, el día 2.10.1548, se dicta el fallo, a todas luces favorable a doña María, a quien habrá que entregar, en el breve plazo de nueve días, «la mitad de las casas principales que el dicho Alonso Sánchez de Cepeda dexó en esta ciudad en el barrio de Santo Domingo, que paresce que fueron ganadas e adqueridas durante el matrimono de los dichos Alonso e doña Catalina del Peso...» Más otras ingentes cantidades de dinero ('183.931 maravedís , más 110.000 maravedís ') etc . Contra dicho fallo apela enseguida la 'parte adversa' (el curador Rengilfo). Y en la imposibilidad de mantener esa apelación, el 15.1.1549 se la declara desierta a petición de la misma doña María de Cepeda. En el entretanto, los tres hermanos, Antonio, Agustín y Pedro, han abandonado el hogar y la tierra natal, rumbo a las Indias. La más pequeña de todos, Juana, sigue al lado de Teresa en la Encarnación. Un lustro después (1553) se casa con Juan de Ovalle, y éste intenta reavivar el pleito, tras la muerte del cuñado Martín de Guzmán y Barrientos en 1557. Menos mal que Teresa logra bloquear ese rebrote de tensión familiar.
6. Las consecuencias. El nefasto pleito había logrado demoler el viejo hogar de Teresa. Se enajenaron y perdieron las casas solariegas de 'la Moneda', si bien se salvaron de momento las de Gotarrendura. Pero se resquebrajó, casi se pulverizó la unidad familiar. Años más tarde, ya a finales de 1561, Teresa tratará de recomponer ésta última. En las Navidades de ese año, el más afortunado de sus hermanos indianos, Lorenzo de Cepeda, envía para las tres hermanas residentes en Ávila y aledaños, una suma de pesos de oro. Buen ensalmo para restañar las heridas familiares. Teresa interviene en el reparto del oro. Y a la vez que escribe agradecida a Lorenzo por lo que a ella respecta, le hace un saldo del pasado y unas prevenciones de cara al futuro. Basta reproducir aquí una fracción de esa extensa misiva teresiana, escrita en la Encarnación la antevíspera de su viaje al palacio toledano de doña Luisa de la Cerda:
a todos los que vuestra merced envía dineros les vino a tan buen tiempo, que para mí ha sido harta consolación
Ayer me envió mi hermana doña María esa carta; cuando le lleven estotros dineros enviará otra. A harto buen tiempo le vino el socorro. Es muy buena cristiana, y queda con hartos trabajos. Y si Juan de Ovalle le pusiese pleito, sería destruir sus hijos. Y, cierto, no es tanto lo que él [Ovalle] tiene entendido como le parece, aunque harto mal se vendió todo y lo destruyó.
Mas también Martín de Guzmán llevaba sus intentos (Dios lo tenga en el cielo), y se lo dio la justicia, aunque no bien [!]. Y tornar ahora a pedir lo que mi padre -que haya gloria- vendió , no me queda paciencia. Y lo demás, como digo, sería matar a doña María, mi hermana. Y Dios me libre de interés que ha de ser haciendo tanto mal a sus deudos
No me espanto de Juan de Ovalle, antes lo ha hecho bien, que por amor de mí, por ahora se ha dejado de ello [de reanudar el pleito]. Tiene buena condición, mas en este caso no es bien fiar de ella, sino que, cuando vuestra merced le enviare los mil pesos, vengan a condición y con escritura, y ésta a mí. Vuestra merced mande a pedir que el día que tornare al pleito, sean quinientos ducados de doña María (cta 2,7).
Una selección documental del pleito puede verse en el Espicilegio Historial: BNM, ms 8713.
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- La familia de Teresa en América: pensamiento americano de Teresa
- El pleito de hidalguía de D. Alonso y sus hermanos
- Pleito entre hermanos o la desintegración del hogar
- El ocaso de la familia
- Vida espiritual en la familia
- Nivel cultural de la familia Cepeda-Ahumada

